La ladrona de almas ©

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La sirena

 

«El océano es más antiguo que las montañas y está cargado con los recuerdos y los sueños del tiempo».

— H. P. Lovecraft—

 

Los rayos del sol naciente iluminaban las hermosas aguas del océano, mientras poco a poco empezaba a emerger de ellas una joven hermosa, la combinación del sol sobre las gotas de agua hacían que su piel se viera radiante, como si estuviera cubierta de diamantes, estaba completamente desnuda y avanzaba por las aguas como si fueran su pasarela, en un majestuoso desfile de modas, su belleza era increíble, casi irreal, sus cabellos negros hasta la cintura danzaban con cada paso que daba; cualquiera que la observara de esa forma pensaría que era una aparición, puesto que nada en ella parecía de este mundo.

Llegó a la orilla, sus pies tocaron la arena delicadamente, dejando pequeñas huellas por donde pisaba, avanzó lentamente hasta llegar a un automóvil negro último modelo, se detuvo junto a la puerta y un apuesto joven de cabellos castaño dorado, con ojos color azul intenso salió del mismo para tenderle una toalla, la muchacha se envolvió con ella, para luego subirse al asiento de pasajero.

— ¿Cómo está todo en casa? —preguntó él sin mirarla y puso el auto en marcha.

—Hermoso, pero siempre es triste tener que volver aquí—comentó ella, con una melodiosa, aunque triste voz.

—Es necesario Zlo, esa es la única forma de no extinguirnos de por vida—agregó él y miró por un momento los ojos azules de la joven, tan parecidos a los suyos.

—Lo sé, pero sin duda era mejor cuando ellos llegaban al océano y nos encargábamos de hundir sus embarcaciones—se quejó Zlo mientras se envolvía más en la inmensa toalla blanca.

—Eres afortunada prima, te encuentras entre las pocas sirenas que pueden tomar forma humana; sabes que quienes no pueden hacerlo, se encuentran atrapadas en las profundidades, perdiendo sus poderes. si corren con suerte, porque la mayoría mueren. No en vano se ha difundido la creencia de que las sirenas no existen—le recordó él para animarla, su voz era grave y masculina, pero se dirigía a ella con mucha dulzura.

—Cierto, que empiece el show—comentó más animada, aunque en el fondo seguía decaída.

—Esa es la actitud, prima—respondió el joven, esta vez con un tono sensual y Zlo recostó la cabeza sobre su hombro. Lo necesitaba cerca para sentirse tranquila, siempre fue así, pero nunca lo admitiría, eso sería un golpe para su orgullo y ella odiaba mostrarse como una chiquilla débil.

El automóvil se detuvo frente a un edificio, ambos salieron y tomaron el ascensor juntos, para luego entrar al apartamento 505, era un lugar amplio con las paredes pintadas de azul marino, había una barra de madera llena de licores, una pequeña sala con un juego de recibo de cuero negro y una mesita de vidrio en el centro, a la derecha se podía observar una biblioteca de madera llena de innumerables libros y dos habitaciones con baño privada, se encontraban al final de un estrecho pasillo, no era un lugar grande, pero sin duda bastaba para que los dos se sintieran cómodos.

 

—Deberías bañarte, hueles a algas—comentó mientras se dejaba caer en el sofá.

—Mi olor es sexy—aseguró ella con superioridad.

—Seguramente en el océano, pero en la secundaria lo dudo—comentó con tono de burla—, Zlo entró al baño y azotó la puerta. —No olvides usar jabón y shampoo.

— ¡Eres un imbécil, Sinnlich! —chilló enojada y abrió el agua de la ducha.

—Quizá. ¡Pero un imbécil muy sexy! —gritó él con una sonrisa en los labios, era el tipo de persona que siempre bromeaba. —Te espero abajo, no te tardes mucho—añadió y tomó el ascensor hasta el estacionamiento. Le tocó esperar mucho, puesto que su prima era excesivamente minuciosa con su rutina de belleza diaria, lo minutos pasaban lentamente, por lo que Sinnlich se dedicó a descansar un rato dentro del automóvil.

—Hueles bien—comentó Sinnlich cuando Zlo subió al auto.

—Aleja tu nariz de mi, o desfiguraré tu bello rostro—gruñó ella molesta y él soltó una carcajada.

 

Aceleró rápido para luego conducir como si las calles fueran suyas, a alta velocidad, con la música muy fuerte. Se estacionó frente a un colegio enorme, rodeado por rejas negras, amplios jardines y lujosas instalaciones, sin duda allí se encontraban los jóvenes pertenecientes a las familias más influyentes del lugar ambos se bajaron del automóvil; entraron y las miradas se posaron sobre ellos, que caminaban como si fueran los dueños.

Zlo se detuvo frente a los casilleros y vio sobre el suyo escrito con marcador negro la frase: «Zlo Aqua es una zorra» ella miró la frase y luego sacó un marcador de su bolso y escribió. «Y le encanta serlo» luego tomó sus libros para continuar su camino, lo hizo sin alterarse, su comportamiento era digno de una dama, no se daría el lujo de armar una pataleta infantil.



E.I.S. SERRANO

Editado: 17.02.2018

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