La ladrona de almas ©

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Sortilegio

«Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas.

Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos».

—Gustave Flaubert—

 

 

El agua se tiñó de rojo, mientras Emerald se dejaba caer hasta las profundidades oceánicas, su cuerpo descendió lentamente, dejando una línea carmesí tras su paso, debido la amputación de su mano, que hacía que perdiera sangre por montones y con ella su fuerza desaparecía poco a poco, convirtiéndose en la sombra de lo que fue. Se podía pensar que era su final, el castigo por la sangre que ayudo a derramar, pero no sería así Su destino cambiaría con una mortal elección; con un arrebato pasional y suicida, pues jugar con la muerte no trae nada bueno.

 

—Mi señora—dijo un corpulento tritón con tono preocupado.

—Me muero, River—susurró ella y él la levantó con dulzura, ella se veía tan pequeña al lado de él. Su piel tan pálida era el contraste perfecto para la piel morena del guardia.

—No durante mi guardia, princesa—agregó el tritón y la llevó rápidamente hasta el palacio. — ¡Necesitamos de una bruja del mar! —señaló él mientras depositaba el cuerpo de Emerald a los pies del trono.

—Todos debemos morir algún día, y hoy le tocó a mi querida hermana—respondió Warfare de manera fría.

—Pero ella es su sangre—se apresuró a decir el guardia.

—Y por eso vale más muerta que viva—comentó este y se alejó de ellos.

—Su hermano es una basura mi señora, pero yo no —susurró River al oído de Emerald y la tomó nuevamente entre sus brazos, con suma delicadeza—. Algún día recordará esto como una cicatriz de batalla, lo prometo.

—Tengo miedo Riv, no quiero morir—confesó ella entre sollozos.

—No va a pasar nada, lo juró mi señora—agregó él y apretó su mano tiernamente.

—No me abandones, no quiera estar sola.

—Me voy a quedar con usted todo el tiempo que lo desee.

—Quiero que sea para siempre—musitó ella, mientras posaba sus verdes ojos en el rostro del tritón.

River nadó durante muchas horas, con Emerald en brazos, mientras ella se debilitaba cada vez más, su rostro palidecía y por un momento él pensó que su alma ya había abandonado el cuerpo; pero un débil soplido le dio esperanza, eso era no que el necesitaba una oportunidad para ella.

Después de un largo viaje logro llegar a su destino, la marea estaba quieta, el lugar que buscaba era una cueva sombría, una que nadie se atrevía a penetrar por miedo de que su antigua dueña la hubiera hechizado. Entraron en ese lugar lleno de magia y misterios, se escuchaban lamentos entre las piedras, susurros en el agua; no en vano se decía que Marina robaba almas, para que fueran sus eternos sirvientes. River tomó un frasco con un líquido verde, pero antes de abrirlo una voz femenina, le hizo una advertencia.

 

—Para tomar algo, debes dar algo—siseó la voz femenina, pero él la ignoro.

 

Destapo el frasco y se lo dio de beber a Emerald, unos minutos después el color volvió a sus mejillas y lo más sorprendente fue que su mano se regeneró por completo, River pensó que eso era maravilloso, pero desconocía que la magia negra tenía un precio, te da algo, eso es cierto lo malo es que lo que recibes siempre te lo cobraran quitándote otra cosa mucho más valiosa.

Una vez que eso sucede te arrepientes de tus actos, pero ya es demasiado tarde para volver atrás y enmendar tus errores. El poder oscuro vive al acecho de los ilusos, se aprovecha de ellos, para luego cobrárselos con sangre es un pacto maldito del que no se puede salir bien librado.

 

***

En la tierra...

 

— 1, 2, 3, 4...60— murmuraba Sinnlich mientras hacía girar una gran cantidad de perlas para luego fusionarlas, creando así un majestuoso collar—. Es digno de una reina y tan hermoso como una estrella—añadió y lo guardó en el bolsillo de su pantalón, para luego beber un trago de whisky. —Lástima que tengo que deshacerme de un cadáver —añadió con disgusto. Luego fue hasta el freezer cargo el cadáver y lo envolvió en un tapete. —Tenías que parecerte a ese, ¿verdad? Ahora la locura de Zlo va a empeorar—siseó Sinnlich mientras cargaba el cadáver. —¿Me vas a ayudar? —preguntó a Pearl que no dejaba de mirarlo, ella negó con la cabeza—, entonces no me incomodes—añadió fríamente y salió con el cuerpo.

 

La rubia bajo la mirada y se hizo a un lado, para que el pasara, se veía molesto, estaba siendo grosero con ella, eso le dolió, pero se obligó a pensar que estaba muy ocupado, además Zlo hacía cosas extrañas últimamente, de seguro era eso, debía esperar a que todo volviera a la normalidad.



E.I.S. SERRANO

Editado: 17.02.2018

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