La ladrona y el hombre lobo

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Capítulo 7

Melisa. —¡Ah! Mmm ¡Dios! ¡Jay no aguanto más! — gimió adolorida. —¡Ya casi vamos mi golda! falta poco para que terminemos, llegamos muy lejos, no te eches para atrás ahora —estoy sudorosa, mis mejillas deben estar rojas y mis piernas ya casi ni las siento, aunque el sentir ese dolor en mi vientre es satisfactorio. — ¡Ah! ¡Ah! Jay siento que voy a explotar ¡me estas torturando! — digo con los cerrados intentado regular mi respiración. — Falta poco para terminar mi bella, ya casi resiste un poco más ¡vamos! — ¡Desgraciado! Si quieres cambiamos de lugar para que sientas lo que yo estoy sintiendo — le grito furiosa. — ¡Vamos que falta poco! Uno...dos...tres... — ¡AHH! No creo soportar mucho. — Dale ya casi estamos llegando al clímax cuatro... Cinco... Seis... siete... ocho nueve... La última vez Mely DIEZ... — AAAAAhhh ¡Lo hice! ¡Llegue!. —Bien hecho mi Mely con cuatro series de veinte de abdominales, estamos bien por el día de hoy — le saco el dedo del medio. —IMBÉCIL CASI ME DESMAYO —grito enojada, el hacer ejercicio es muy doloroso ¿Qué creían que estábamos haciendo? —Bueno tú dijiste que querías trabajar todo el cuerpo, sobre todo las piernas y eso fue lo que hicimos —tomo mucha agua y me seco el sudor. — Dije quiero piernas de gimnasio, no, quiero quedarme invalida por tu culpa payaso — él se ríe. —Por lo menos terminaste la rutina, además ya te estabas desacostumbrado al gimnasio recuerda que si hacemos robos tenemos que huir rápido. —Ya lo sé Jay, pero tenía de falta una semana ¡UNA! no un mes, no era para que me destrozarás las piernas con tus ejercicios — le reclamó. Jay es un buen entrenador, él siempre ha estado en forma delgado y fornido, yo a pesar de no ser delgada no quiero pasar de mi peso de sesenta y tres kilos por eso hago ejercicio los cinco días a la semana y Jay siempre me ayuda. —No te quejes. —él se sienta en el tapete y yo hago lo mismo — ¿Y tu trabajo? ¿No se molestará tu jefe el que no hayas ido hoy? — ¡Que se joda el Jefe! No voy a arriesgar mi salud por él, necesitaba venir a ejercitarme un poco, ya tenía una semana con él ¡Una semana en la que no pude venir al gimnasio! Una semana ha pasado desde la vez que Demián y yo nos besamos y casi dejo que las cosas suban de Nivel. En toda esa semana él no volvió a intentarlo, lo cual me hizo sentir aliviada y a la vez decepcionada. — Y dime Mely...él no ha intentado propasarse ¿verdad? — pregunta Jay con su voz sería. — No — digo por lo bajo. — Y tú estás molesta por eso, me imagino — lo miro como si estuviera loco — ¡Ay, mi dios! ¡Te gusta Melisa! — ¡Claro que no! —él solamente se ríe. — Te conozco mejor que tu madre, te gusta ese tipo, no lo niegues, se te nota — para que seguir negando lo inevitable. — ¡Si Maldición! ¡Me gusta Demián Moreno!... me encanta su forma de hablar, su personalidad de idiota, adoro sus ojos son hermosos — imagino la claridad de esos ojos verdes que me miraron con deseo la última vez, adore sentirme suya, entre sus brazos y sabrá dios que pude llegar más lejos si Carlos no hubiera tocado la puerta ese día. — Pues entonces ¡díselo! — miro a Jay y lo fulminó con la mirada. — ¡Estás loco! Yo a él no le gusto ni un poco, si se lo digo y me rechaza. NO, NO Y NO. Sería horrible — Jay niega con la cabeza. — Hay mi Mely, tú no te das cuenta pero yo sí que a ese tipo le gusta como un hombre quiere una mujer se puso celoso la vez que te fui a buscar a su casa y yo reconozco a un hombre celoso a kilómetros — me recuesto sobre la pared. — No lo sé... nunca me he tenido que declarar Jay —es ley de la vida, el que se declara es el hombre, no la mujer. —Pues a veces las cosas tienen que cambiar... Ahora LEVANTATE que faltan las escaleras. — NOOOOOO. Demián. — ¿Todavía no llega Carlos? — pregunto por enésima vez. — No señor — ¡¿Dónde estás Melisa?! Tenías que a ver llegado hace cuatro horas —Creo que no vendrá hoy señor. —¡Retírate! — ordeno con mi voz cargada de furia, él se va rápido dejándome solo en mi despacho. Tiro todo los papeles de mi escritorio, empiezo a destrozar las cosas con rabia ¡¿Dónde está?! ¡¿Le paso algo?!Pero la pregunta que me come la cabeza es... ¡¿Estará con el inepto de la última vez?! Se me revuelven las tripas al verlo cerca de ella, él quiere lo que es mío porque Melisa es exclusivamente MÍA. Melisa. — MAMAAAA — grito desde la sala. — ¿QUÉ? — grita ella desde la cocina. —ME TRAES AGUA. —VEN A BUSCARLA TU MISMA. — ¡Es que no siento las piernas! — Después de veinte minutos en las escaleras Jay me trajo a mi casa — Jay me dejo inválida ¡Mamá apiádate de mí! — Jodete, LEVANTATE no seas floja — ok no funciono, hora del plan B. —PAPAAAA — grito. — ¡Ya voy! ¡Ya voy! no tienes que gritar estoy aquí — dice levantándose del sofá y caminado a la cocina. — Papito lindo mi amor, gracias sabes que te amo — le digo con una sonrisa. — ¡Interesada! —me grita Debra que está a mi lado, su mamá trabaja casi siempre en las noches y la deja con nosotros ya que no le gusta dejarla sola. Tocan la puerta ¿Quién será a las siete de la noche? Debe ser Jay, el interesado siempre viene a cenar aquí. —MELISA VE ABRIR LA PUERTA. — pero ma... — ABRE LA PUERTA — ruedo los ojos y con mucha dificultad me levanto del sofá. — Ay dios mío ¡me duele! — la piernas me duelen a horrores y camino con las piernas abiertas hacia la puerta. Tocan más fuerte — YA VOY NOJODA. Tiene que ser Jay. Abro la puerta y al ver quien es me quedo muda. — ¡¿Por qué diablos no fuiste hoy a trabajar?! — es Demián y por su expresión es fácil adivinar que está molesto. —Melisa ¿Quién es?— pregunta papá a mi espalda, volteo y él se queda sorprendido de ver a Demián — ¿Y usted es?... —Demián Moreno, señor el jefe de su hija. —¡Oh! ¿Su jefe? No sabía que tuvieras trabajo Melisa — dice papá viéndome con su ceño fruncido. — Es solo para empezar a independizarme, ya sabes que empiezo la universidad en unos meses —le digo la primera labia que se me viene a la mente. —¿Y de que trabajas exactamente?— pregunta. — Soy sirvienta, le cuido la casa y se la limpio — mi padre me mira con una ceja arqueada, todo el que me conoce sabe que soy una floja de lo peor que limpia su cuarto apunta de amenazas por mi madre. —Sí y me gustaría saber ¿Por qué no fuiste hoy? Sabes que odio la irresponsabilidad, ni siquiera avisas que no iras —dice Demián furioso. — Perdone a mi hija señor, ella siempre es así — que gran padre en vez de apoyarme me apuñala por la espalda con padres así para que quiero enemigos — ¿Quiere pasar? Ya vamos a cenar. — Bueno no creo que...— intento protestar. —¡Me encantaría! — dice Demián, ¡Maldito! —Perfecto ya le aviso a mi esposa — papá se da la vuelta y camina a la cocina y yo lo intento seguir con dificultad. — ¿Por qué caminas así? —pregunta Demián con el ceño fruncido. — Jay me hizo abrir la piernas hasta decir ya basta — su rostro toma una expresión asesina al escucharme decir eso. — ¡¡QUE!! — Mierda ¿será verdad que le gusto? Y lo que veo son celos de parte de él, juguemos un poco para comprobarlo —¡Si! él decía que si no las abría mas no se obtendría el mejor resultado mientras, yo bajaba y subía el me ayudaba para soportar el dolor ¡huy! no sabes me sentí aliviada, satisfecha y muy cansada cuando terminamos — Mierda creo que ya me estoy pasando, Demián ahora debe estar asesinando a Jay de mil formas diferente en su mente. El tuerce la mandíbula y sus nudillos están blancos de tanto que aprieta los puños. — Si... hacer cincuenta sentadillas, veinte de cardio y treinta abdominales no es nada fácil, pero necesitaba hacer algo de ejercicio — el deja de apretar sus puños y me mira confundido. — ¿Ejercicio? — ¡Si ejercicio! estuve toda la tarde en el gimnasio, Jay me estaba entrenando ¿De qué creías que estaba hablando? — él se pone todo rojo. — Yo.... — Jajajaja —me río de él, se ve muy tierno así de avergonzado — Vamos a la sala que la cena ya debe estar Lista. Ninguno de los dos dice nada más, mamá está sirviendo la mesa y poniendo el plato extra para Demián. — Un gusto señor Moreno, mi hija me había contado que trabajaba de sirvienta en su casa pero no lo conocía a usted — dice Mi madre con su tono más amable. Nos sentamos a la mesa, papá al lado de mamá, Debra se sienta a mi derecha y Demián a mi izquierda estoy metida en el medio. Mi Mamá comienza a servir la cena. — Y diga señor Moreno ¿Cómo le está hiendo a mi hija en lo que respecta al trabajo? Porque déjeme decirle que la conozco y esta muchacha es más floja que la palabra. — ¡Madre! Que gran empeño tienes en que tenga trabajo — Demián solo se ríe. —Es que es verdad tu eres una floja Melisa — dice Debra. — ¡A ti quien te pregunto! — le digo enojada. — ¡El burro te beso! — grita ella. ¡Ah! ok ella quiere guerra, pues eso tendrá. — ¡Y a ti te lo metió! — ¡Pero a ti te lo chupo! —No Debra no me va a ganar. — ¡A ti has.... Hasta una banana te metió! — ¡¿Quién lo dice, tú?! ¡Que hasta el palo de escoba te entro! — me quedo sorprendida este niña es mejor que yo en un contrapunteo. — ¡Y tu celosa! — le digo de vuelta. — ¡¿De ti?! ¡Ya quisieras! — estoy por responder. —CALLENSE LAS DOS — grita mi madre deteniendo nuestra pelea — Se olvidaron que tenemos visitas... Veo a Demián y este solo se está riendo a carcajadas igual que mi padre. — Lo siento Señor Moreno... — Por favor solo Demián, señor me hace sentir viejo. — ¿Y cuántos años tienes? — pregunta Debra. — Si, yo quiero saber eso yo te calculo unos cuarenta — digo para picarlo. —Sabes estoy pensando en una reducción de personal. — Mejor me callo — digo rápido. — Exacto y no tengo cuarenta, tengo veinticinco — dice el, es más joven de lo que pensaba porque enserio por su mal carácter le calculaba unos treinta y tantos. — Es bastante joven ¿A qué se dedica? por lo poco que me cuenta Melisa su casa es como un castillo. Hay va mi mamá de chismosa, pero también es otra pregunta de la que quiero saber la respuesta. — Mi familia se dedica a la creación y exportación de vinos — responde. — Verga vinos ¿Y son buenos? — pregunto emocionada. — Los más vendidos — aplaudo. — Un día como que le voy a pedir "prestada" una botella — Mierda ¿lo dije o lo pensé? — ¡Melisa! — me regaña mi madre, Si lo dije. — ¡Perdón! es que me emocione — Demián solo sigue riendo, un milagro he visto reír a Demián Moreno más de dos veces. — Demián mi hija es algo loca, no le pares — cuanto amor me tiene mi madre —es que cuando mi sobrina y mi hija se juntan es el combo para el desastre. — ¡Mamá me ofendes! — digo muy dramática y solo escucho la risa más fuerte de Demián — No se preocupe es la cena más divertida que he tenido — dice él con una sonrisa. — Y eso que no ha visto nada Demián una vez con nuestro primo hicimos una guerra de comida en la sala — dice Debra. — Si y recuerdo que por su culpa tuvimos que limpiar el desastre —recuerdo bien ese día y el regaño mundial que me dio mi madre. Terminamos de cenar y son ya como las siete y media. — Bueno me tengo que ir fue una cena algo extraña pero la pase bien Señora— Demián se levanta de la mesa. — Fue un gusto Demián cuando quieras vuelve a visitarnos — dice mi madre. — Señor Jaramillo, gracias por invitarme — Demián le extiende la mano a mi papá y el la acepta con una sonrisa. — De nada hijo y como dijo mi mujer, cuando quieras vuelve a visitarnos — papá le da la típica palmada en espalda de hombre. — Chao Demián el guapo — dice de Debra y todos la vemos raro — ¿Qué? Le queda bien es muy guapo. — Ah... Buenas noches y Melisa, te espero mañana en el trabajo a la misma hora — dice Demián y sale por la puerta. Apenas sale mamá habla. — Ese muchacho es muy educado y guapo ¡¿Melisa porque no traes a chicos así a la casa?! — Yo me pongo roja — Así debería ser mi yerno, no basuras de la calle como hay en tu salón. Todos nos reímos, Debra se acerca a mi oído. — Si a ti no te gusta me lo quedo yo — susurra a mi oído, coño la nueva generación de hoy en día será peor que la actual.



Gabriela aramillo

Editado: 21.09.2018

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