La ladrona y el hombre lobo

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Capítulo 9

Melisa.

 

Hoy es el día, otro viernes en que mis padres no estarán, no sé qué coño ellos hacen fuera de casa todos los viernes y no quiero saberlo. Debra no estará con nosotros ya que su mamá no trabaja hoy, todo apunta a que esta vez nada saldrá mal.

 

Pero a un tengo un mal presentimiento de esto. Tocan la puerta de mi habitación.

 

— ¡¿Prima ya estas lista?! ¡Por dios! No tenemos todo el día — dice Jay ya exasperado.

 

— ¡Ya Cálmate tarado! Que una mujer necesita su tiempo para verse bella, la belleza no nace se hace — le digo muy al estilo divaza.

 

— ¡Pues haz la rápido! Que el camino a la fiesta es largo y hay que llegar temprano — ruedo lo ojos. Me peino el cabello en una trenza de lado.

 

Abro la puerta de mi habitación dejando entrar a Jay.

 

— ¿Cómo me veo? — él se queda sorprendido al verme.

 

— Como una empleada más de una familia rica — lo fulminó con la mirada— El disfraz de sirvienta te queda bien.

 

— Es mi nuevo uniforme en la casa de Demián, lo mando hacer por... Nada mejor vámonos — no le conté a Jay lo que paso la última vez con Demián de haberle dicho, el muy insensato seguro iría a intentar golpearlo y yo sé que Jay saldría perdiendo.

 

Salimos de mi casa en la camioneta de la última vez y Jay no mentía al decir que el camino a la fiesta era largo, ya casi llevamos media hora de carretera. Estoy distraída escuchando la música hasta que Jay se estaciona.

 

— ¿Por qué paramos? — él señala al frente y veo una gigantesca hacienda muy a lo lejos.

 

— Esta es nuestra parada — dice él a lo que yo lo miro con los ojos abiertos.

 

— ¡¿Cómo?! ¡Te das cuenta lo lejos que estamos de la casa y dices que es nuestra parada! — le grito.

 

— Hay que entrar disimuladamente ¿O acaso quieres que nos atrapen? — ruedo los ojos, poco a poco bajamos entre maleza y tierra, hasta llegar a la parte trasera de la hacienda.

 

— ¿Me veo bien? — pregunto.

 

— ¡Perfecta! toda una empleada más que pasara desapercibida ¿y yo? — él esta disfrazado de empleado igual que yo, su cabello negro bien peinado hacia atrás.

 

— Igual.

 

— Ya sabes el plan, infiltrarnos y cuando todos estén distraídos entro al despacho del dueño robo todo lo que pueda y salimos de aquí los más rápido posible —Asiento y me hago la señal de la cruz para que todo salga bien.

 

Entramos a la casa por la puerta trasera, fuera de la vista de los empleados.

 

— ¿Por dónde Jay? — pregunto.

 

— No tengo ni la más remota idea, no pude conseguir los planos de la casa así que vamos a ciegas — yo lo miro con mi peor mirada de asesino.

 

— ¡Desgraciado! ¡¿Cómo que a ciegas?! ¡Sabes...! — me veo interrumpida por los pasos de alguien.

 

— ¡¿Qué hacen ahí?! —Nos grita una mujer castaña que va elegantemente vestida, me recuerda a una de esas estrellas de cine en las alfombra rojas por su hermoso y largo vestido color crema, su cabello perfectamente peinado y recogido — No sean tontos y vengan a la cocina, se necesita toda la ayuda posible.

 

La mujer nos arrastra por el pasillo. Ella camina en frente.

 

—Definitivamente que si yo no estoy pendiente nadie lo está, ustedes aquí vagueando en vez de estar ayudando a los demás — dice la muy perra, yo le hago muecas mientras esta de espalda y Jay se ríe, la tipa se voltea y nos quedamos tensos por su ceño fruncido — ¡Sus nombres ya!

 

Las ganas que tengo de insultarla son tremendas, pero Jay me pellizca para que no diga algo de lo que me pueda arrepentir.

 

— Mi nombre es Eva Rodríguez — digo con mi sonrisa más hipócrita.

 

— El mío es Juan Ramírez, señorita — dice Jay con su típica sonrisa de coqueto.

 

La tipa lo mira con una ceja arqueada y se gira para seguir su camino. Yo golpeo a Jay con el codo.

 

— ¡Oye! ¡¿Qué te pasa?! — me susurra furioso.

 

— Deja de coquetear y concéntrate tonto, ya tendrás tiempo de comértela ¡Pero ahora no! — le digo entre dientes.

 

— Mmm Va ser difícil Melisa, es que mira esa culito redondito en forma de corazón — ruedo los ojos, ¡Dios! Es que Jay no puede ser más pervertido porque no es más viejo.

 

— ¡Muévanse! — nos grita la tipa. 

 

Mientras la seguimos detallo toda la casa, los muebles son rústicos pero bonitos, paredes tapizadas. Llegamos a la cocina que está a reventar por tanto trabajo. Tres mujeres se mueven de aquí para allá intentando terminar la cocina.



Gabriela aramillo

Editado: 21.09.2018

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