La ladrona y el hombre lobo

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Capítulo 10

Melisa.

 

Ok Melisa tu puedes ser valiente... Nooooo, no puedo soy una cobarde... ¡No! se valiente se mujer ponte los pantalones ¡es ahora o nunca! Me acerco al jarrón de porcelana carísimo que debe valer más que todo lo que tengo en mi casa, me seco una lágrima imaginaría, podría ganar mucho vendiéndolo pero todo sea por los libros. A la cuenta de tres... Uno... Dos...tres.

 

¡¡¡Pla!!! Empujo el jarrón al piso y este se parte en mucho pedacitos escucho los pasos acercarse rápidamente y Domínguez sale de su oficina y al ver los trozos del jarrón partido me fulmina con la mirada. ¡Estoy muerta!

 

— ¡Tú! — me grita.

 

— ¿Yo? — me hago la estúpida y él se enoja más.

 

— ¡No la pared! — grita él.

 

— ¡Ah! Ok y yo creí que era a mí, Sexi pared que suerte tienes — digo con una sonrisa.

 

— ¡Pero tú serás boba muchacha! — Se le ve irritado y eso me hace reír — Aparte de romper mis platos, rompes los jarrones de mi casa, ¡Estás despedida! Y tendrás que pagar eso.

 

— ¡No! Solo si me atrapa pagaré, lo cual será ¡jamás! — me echó a correr.

 

— ¡Hija del!..— él también se pone a perseguirme, el maldito es muy rápido claro con esas piernas kilométricas y musculosas que tiene. Pero yo soy una ladrona y he escapado de hombres más rápidos. Corro y subo las escaleras saltando de dos en dos lo escalones hasta llegar a la segunda planta.

 

— ¡Cuando te ponga las manos encima! — él estuvo a punto de agarrarme por mi largo cabello pero lo esquivo. Veo una puerta al fondo ¡por favor que esté abierta, llego hasta ella y si está abierta entro, antes de poder cerrarla el gran cuerpo de Domínguez me empuja y entra a la habitación.

 

Su mirada es de furia pura.

 

— Fue suficiente de tus juegos muchacha — Por dios Jay, más te vale que valga la pena todo lo que estoy soportando por ti, sonrió — ¡Quita esa patética sonrisa de tu cara!

 

Grita furioso me asusto pero no lo demuestro, solo hago mi sonrisa más grande.

 

— Hay pero no se ponga así, solo es un simple jarrón fue un accidente — digo de lo más inocente.

 

— ¡Un simple jarrón que estaba valorado en 20 mil dólares! — abro los ojos y siento que de verdad quiero llorar ¡20 mil dólares perdidos! ¡¡¡¿Por qué?!!! Nooooo, ya sabía yo que no tenía que romper esa preciosura.

 

— ¡Y ahora tú vas a tener que buscar cómo pagar! —gritó Domínguez.

 

Yo para poder pagar eso tendría que ir a la esquina a dar culo y ni con eso terminaría de pagarlo.

 

— ¡No tengo 20 mil dólares! — digo moviendo mis manos mientras hablo.

 

— Lo hubieras pensado antes de romperlo.

 

— ¡Que no lo rompí! Fue un accidente — grito.

 

— No te creo.

 

— ¡Vicente! — escucho que grita una mujer desde el pasillo la cual creo que es la castaña que Jay se quería coger hace un momento. 

 

El frunce el ceño al escuchar la voz de la mujer, antes de que pueda hacer algo yo soy más rápida y cierro la puerta de la habitación con seguro.

 

— ¡¿Qué demonios haces?! ¡Quítate de la puerta! — niego con la cabeza.

 

— No lo dejaré salir hasta que me perdone por romper "accidentalmente" su jarrón — él gruñe.

 

— No estoy para tus juegos niña, te quitas o te quito — dice con su mirada amenazante pero yo no me muevo — Bien, se ve que quieres que te quite.

 

Él pone su mano en mi hombro y me empieza a empujar lejos de la puerta ¡No, yo soy más arrecha que él! Así que antes de que me quite rodeo con mis brazos su abdomen abrazándome a él quedando pegada como un chicle.

 

— ¡Ya me estas hartando muchacha impertinente! — lo abrazo más fuerte mi cara esta contra su la mitad de su pecho ¡Vergación! si es alto, yo soy un hobbit frente a este hombre. Él no dice nada lo cual es raro, ya que hace unos segundos estaba furioso.

 

— VICENTE — grita la voz de mujer que reconozco como la voz de la mujer castaña que nos habló feo la primera vez que nos vio — VICENTE.

 

Sigue gritando pero nadie dice nada, el señor Vicente se quedó estático. La voz de la mujer ya no se escucha, alzo mi rostro para verlo. Su rostro no tiene expresión y sigue estando estático.

 

— ¡Aléjate! Nunca en mi vida golpee a una mujer pero si no te quitas lo vas a lamentar — su voz sonó tan escalofriante que de inmediato lo solté como si tuviera una enfermedad. 



Gabriela aramillo

Editado: 21.09.2018

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