La liga ciudadana

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Capítulo 4: Herionda

Al llegar a casa se encontró a las tres brujas sentadas en la mesa del comedor. Aquella escena nunca le había parecido más aterradora. Por un breve instante quiso pasar desapercibida, correr hacia su habitación y olvidar el baile.

Pero, presenciar como Lisa tiraba los restos de una fruta en la cabeza de Min, le dio las fuerzas suficientes para afrontar cualquier represalia que pudiera provocar su petición.

— Buenas noches. Señora, señoritas. — saludó con la mirada puesta en el suelo, tal y como Margo quería. — Quisiera pedir permiso para...

Las tres damas, que la habían ignorado descaradamente, se giraron de golpe. Nunca se había atrevido a pedir nada y no entendían que podía necesitar una insignificante neoesclava.

— ¿Permiso para qué?

La señora Rotgold poseía esa extraña habilidad para no mostrar ningún sentimiento. Tenía una mirada oscura amenazante, que analizaba en conciencia a cualquier persona que se cruzara en su camino. Jamás perdía sus buenos modales y sabía cómo maltratar a las personas de manera elegante.

— Verá señora... quisiera poder asistir al...

— ... baile? — completó con una sonrisa burlona. — ¿Te has visto? Hasta los animales de palacio visten y huelen mejor que tú.

Su hermano pequeño, que ayudaba a roboalfred a organizar la vajilla, rompió un plato.

Observó a su madrastra escondiendo la cabeza entre los hombros. Temía ganarse una bofetada.

— Min, deja que la chatarra se ocupe del resto. Ya has ayudado bastante por hoy.

El pequeño suspiró de alivio. Al menos estaba de buen humor.

— Lo siento mucho, mi señora.

Margoret observó al niño mientras se marchaba. Cualquier otro día, el sonido de la porcelana al romperse le habría irritado.

— En fin... ¿De que hablábamos? Ah, sí, del baile. — continuó entre carcajadas.

Lisa la acompañó llevándose una mano hacia el estómago.

— Cree que puede acercarse al príncipe, con ese fétido hedor. ¡Jajajajaja! Eir la fétida, presentándose ante el príncipe, ¡No! Eir la hedionda ¡Jajajaja!

— No te lo tomes como algo personal querida, ningún neoesclavo podría asistir al baile.

Eir tragó hondo, antes de rebatir aquella afirmación.

— En el holonews se ha informado de que los neoesclavos podrán asistir para servir a sus amos y tendrán una jornada libre.

— Con que eso han anunciado...

Margo se llevó un trozo de manzana a la boca. Lo masticó tranquilamente, como si quisiera retrasar su respuesta todo lo posible.

Sus hijas la observaban con impaciencia.

Mina odiaba el comportamiento de su madre. A sus ojos, Eir y Min eran personas, menos afortunadas, pero personas al fin y al cabo. Esperaba que por una vez, mostrase un poco de piedad.

Sin embargo, a su hermana le encantaba torturarlos, en especial a Eir.

Lisa siempre quería ser el centro de atención, sobre todo si alababan su belleza. Era la más hermosa de ambas hermanas. Pero, durante el corto periodo de tiempo que convivió con Eir como iguales, descubrió que la muchacha la superaba, no sólo físicamente.

— Está bien, te permitiré asistir.

— ¡¿Cómo?! — exclamó consternada.

De ningún modo iba a permitir que una neoesclava pisase el mismo suelo que su adorado príncipe. Kalet era solo para ella.

La señora de la casa fingió no escuchar el comentario de su hija y clavó el tenedor en uno de los trozos de manzana que quedaban.

Eir observó su reacción anonadada. Esperaba una rotunda negativa.

— ¿De... de verdad?

— Por supuesto. Pero con una condición.

La joven sintió que había caído en una trampa. Aquellas mujeres parecían arañas que tejían una tela muy brillante y bonita, para atraer a su presa y posteriormente, comérsela.

— ¿Qué..., qué condición?

— Debes entregarme mil biancos antes del jueves. Para tu vestido.

— Pero... a penas consigo veinte biancos al mes, ¿Cómo podría obtener mil biancos, para este mismo jueves?

— Eso no me concierne, querida. — la mujer masticó el pedazo de manzana. Parecía estar disfrutando de aquella situación.

— ¿Sabe? Creo que no será necesario, tengo un vestido adecuado para la ocasión.

Margo tragó con fuerza los restos del bocado y observó a Eir con inquina. Esa muchacha no era más que un estorbo.

— ¿Un vestido vulgar y viejo? No, no te lo permito. Para poder asistir debes comprarte un vestido nuevo. No quiero que piensen que hemos perdido nuestro estatus de la Élite por tu culpa.

— ¿Y por qué no? Será el hazmerreír de la fiesta. La podemos llevar con una correa y dejarla en un rincón, para que todos observen lo fea y asquerosa que es. ¡Oh, ya sé! ¡La llamaremos Herionda! Es una combinación entre Eir y Hedionda ¿Lo entendéis?

Eir respiró profundamente. Quería gritar, llorar y acabar con esa niña malcriada.



A.Targaryen

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En el texto hay: principe, amor, planeta

Editado: 24.04.2019

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