La llave dorada (sangre Mágica 1)

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Capítulo 9

Quería convencerse de que todo aquello era una pesadilla, al fin y al cabo, ya estaba acostumbrada a que sólo fueran sueños que la encogían y la hacían caer en un abismo oscuro que no le permitían respirar, pero ¿cuántas veces se había dicho eso y se había dado de bruces contra la realidad? Las campanas resonando y haciéndole estremecer, le dejaban bien claro que no lo era. No escuchaba la misa del pastor, sólo miraba el ataúd a medida que tenía enfrente mientras imágenes brotaban de su memoria. Ni siquiera entendía cómo podía estar presenciando aquella escena. Dedujo que se debía a un castigo por lo que hizo aquella noche de luna llena.

La mañana siguiente de conocer a su "creador" -¿se podría llamarlo así?-, no había ido a clase. Un tremendo dolor de cabeza que hasta le hacía gritar, se lo impedía y le recordaba que era luna llena. Como si fuera posible olvidarlo... Esa noche no había soñado con muerte, sino con unos ojos amarillos brillando en la oscuridad. Y no sabía que le atemorizaba más. En realidad, todo aquello le daba miedo. ¿Cómo no le iba a dar miedo si estaba a unas solas horas de poder perderse a sí misma? ¿Qué iba a hacer si se quedaba atrapada en un cuerpo que no era el suyo? ¿Quién descubriría por ella el secreto de la Llave? ¿Qué sería de los Sangre Dorada? ¿Qué sería del mundo? Había muchas preguntas y de momento no había respuestas y en ese preciso instante, tampoco había tiempo para detenerse en ellas. Tenía que actuar. Ella no era una cobarde. O eso quería pensar. Ella era fuerte y ella iba a decidir su destino, y ese no era ser mujer lobo eternamente.

Pensó en Kyle y en lo que dijo en el bosque. Y pensando en él, recordó que por segunda vez había desaparecido, había huido: la primera vez de Tarik y la segunda, puede que de él y de su abuela. Ahí le surgieron más preguntas. ¿Quién era? ¿Por qué se marchaba sin dejar rastro? ¿Por qué no estaba allí para ayudarla como le prometió? Estaba sola. ¿Podría hacerlo?

Decidió vestirse con un chándal omitiendo todo lo que podía el horrible dolor de cabeza y bajó a desayunar fuerte. Era la comida más importante del día, ¿no? Y ella hoy necesitaba fuerza. Su abuela se alegró de ver como se zampaba todo un bol de cereales con leche, como luego cogió una manzana y un zumo. Sabía que algo estaba tramando, pero ahora sólo le importaba que Kate había dejado de jugar con su salud.

—Voy al bosque, abuela.

—Espera, cariño, me gustaría hablar contigo —le dijo antes de que saliera asomándose desde la cocina.

—Lo sé, hay mucho que hablar, pero tal vez mañana, abuela. Ahora sólo quiero que este día acabe pronto sin que tenga que matar a nadie.

La abuela salió de la cocina y se acercó a la puerta donde se encontraba su nieta, a quien le pegó un abrazo. Ponía toda su confianza en ella.

—Todo va a salir bien, hija.

Kate le sonrió y le dio un beso en la mejilla, en parte olvidando que estaba en esa situación porque nadie le había dicho su verdadera identidad hace años. Pensaba que a partir de los cinco o poco más, sus padres, o su abuela a falta de los primeros, deberían haberle contado historias todas las noches antes de dormir sobre los Sangre Mágica para poco a poco ir aprendiendo de ellos, para desear formar parte de ese mundo mágico y finalmente serlo, prepararse desde entonces y elegir su bando y su posición en la batalla. Y no, no es que no estuviera conforme con ser una Sangre Dorada, con lo que no estaba conforme era con ser un lobo en primera línea de ataque. Nunca le había gustado destacar, aunque tampoco nunca le había importado lo que tuvieran que decir de ella los demás, simplemente se conformaba con tener por encima de todo a su amigo Tarik. Pero ahora, más por encima de él, más por encima de ella incluso, estaba un misterio que debía resolver. ¿Pero por qué ella? ¿Qué es lo que tenía para que la Llave la buscara? ¿Por qué no otra que estuviera más preparada? ¿Por qué simplemente no había podido ser una espectadora?

Salió por la puerta y se preguntó si volvería a entrar. Aunque aquello no era lo único por lo que debía cuestionarse.

Estaba perdida y se sentía pequeña, desorientada sin la mano de sus padres. El miedo no la dejaba sola como Kyle lo había hecho, como Tarik, como Bredd. ¿Por qué no había nadie con ella? El primero le había dicho que tenía que dejarse llevar por sus sentidos, pero ella no percibía nada salvo el olor al musgo húmedo que crecía por la abundante lluvia, salvo los pequeños animales que hacían crujir las hojas secas mientras corrían a esconderse. No percibía nada más allá de lo normal que se podía advertir en un bosque. Pero de pronto se sintió observada. Miró a sus alrededores y no vio a nadie. Si de verdad alguien la estaba espiando, debía camuflarse muy bien y ser muy sigiloso, porque por mucho que se detuviera a escuchar, había empezado a reinar el silencio. Silencio que había sido roto por Tarik. Al final, no estaba tan sola como parecía. Pero tan pronto como apareció, desapareció, y se acababa preguntando si no lo había imaginado a causa de la soledad que invadía su corazón y por la tristeza y desesperación que suponía no poder desarrollar sus sentidos para saber si de verdad alguien la había estado mirando.



N. R. Alcocer

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En el texto hay: hombres lobo, magia, guerra entre el bien y el mal

Editado: 12.10.2018

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