La Luciérnaga Caída

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CUATRO

Ezequiel regresaba a la casa de Biancy y Martha esperaba en la puerta, junto con el abuelo Ramón.

          - No hay señales de ella, nadie la ha visto... busque por todas partes y...

En ese instante Martha se abría camino y con el gesto de su mirada interrumpía a Ezequiel. Biancy venía de regreso, justo detrás de Ezequiel.

Ezequiel se volvió para mirar y Martha corría para ir a abrazar a su hija.

          - Perdóname mami... perdóname...

          - No pasa nada amor... tranquila.. ven... ¿sabes que te amo, verdad?

Biancy asentía con la cabeza y no dejaba de llorar.

          - No sé cómo explicar lo que ha pasado, pero, si estamos juntas seremos más fuertes...- agregaba Martha al tiempo que secaba las lágrimas del rostro de Biancy.

Ezequiel se aproximaba a ellas y ayudaba a Martha a colocarse sobre sus pies. Luego le daba un abrazo a Biancy y agregaba

          - Mañana iremos a la ciudad, temprano, sería bueno que vayan a dormir temprano.

Ambas miraban a Ezequiel y asentían con la cabeza. Al tiempo que Ezequiel les indicaba para que entren a la casa.

El abuelo abrazó a Biancy una vez le pasó por su lado. y Biancy respondió con mucho amor aquel abrazo.

          - ¿Puedo quedarme unos minutos, por favor...? Quiero mirar las estrellas. -decía Biancy-

Martha miraba a Ezequiel y al abuelo, y luego miraba a Biancy y le indicaba que si con la cabeza.

          -Unos minutos, luego tienes que descansar... ¿de acuerdo?

          -De acuerdo...

Martha y el abuelo entraron a la casa, Ezequiel en ese instante se retiro, y Biancy se sentó a la vera, en la galería de la casa e inclino su mirada hacia las estrellas.



Gilbert

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En el texto hay: amor paternal, amor a distancia, amor tristeza

Editado: 13.11.2018

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