La magnífica hechicera de Piim-Asud

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CAPÍTULO VII

Bárem y Sibisse han amarrado los caballos al transporte familiar: la misma carreta de mudanza, de varios años atrás. Un simple asiento con su respaldo, ubicado al frente, es donde la familia siempre se acomoda a la hora de salir. Zulr y su hermana, nunca les ha gustado ir al frente; ellas siempre han preferido, acomodarse adentro del rustico vehículo. Utilizan dos pedazos de troncos, que siempre se encuentran ahí, a modo de asiento.

Los hermanos de Kéilan, ya están acomodados e impacientes por partir.

Al ver a su hermana aterrizar a unos metros de la carreta, corren a recibirla.

En poco tiempo, salen los padres de la casa.

―¡Mamá! ¡Papá! ―saluda Kéilan emocionada, acercándose a ellos.

―¡Hola hija! ―responde Bárem.

―¡Kéilan! ―responde Sibisse, abrazándola.

―¿Tan rápido encontraste los cuatro libros? ―pregunta él.

―No, solo he encontrado dos.

―Entonces, solo vienes de visita; tal y como hiciste la vez pasada ―supone Bárem.

―Sí, así es ―confirma Volker, acercándose a los tres personajes―. Ayer estaba demasiado cansada, así que decidí darle un día completo de descanso, para que recuperara fuerzas.

―Nos estábamos preparando para ir a la ciudad de Güíldnah; hay que comprar provisiones. ―Le dice Sibisse a su hija―. ¿Quieres acompañarnos?

―¡Claro! ―responde Kéilan―. ¿Vienes tú, Volker? De seguro no tendrás problemas. Ninguno de los habitantes podrá verte.

―No, gracias ―rechaza él la invitación―. Te esperaré aquí en el bosque.

―Entonces, aguarda unos momentos. ―Le pide Bárem.

Se le acerca y le quita la silla de montar, la tela y las alforjas. Todas las cosas las pone al lado de la casa, debajo de un cobertizo.

Bárem lo construyó el año pasado; abarca todo el costado de la vivienda.

—Listo, así tú también podrás descansar el día de hoy. No tardaremos en regresar.

―No se preocupe por el tiempo. Tengo que saludar a unos amigos.

Dicho esto, la familia se encamina a la ciudad del Norte; entre tanto, Volker visita a los monarcas del bosque y a otros conocidos.

Tal y como se había previsto, la familia no tarda mucho en comprar provisiones y algo de ropa.

Al regresar al bosque, no encuentran a Volker; suponen que todavía está visitando a sus amigos.

En la tarde y después de merendar, Kéilan le avisa a su madre que visitará a sus amigas sirenas; antes, quiere cambiarse de ropa, en especial por un conjunto que le acaban de comprar.

Es otro vestido gitano, también con escote cuadrado; lo diferente es el color: amarillo. Tiene varios bordados de gladiolas rosas, en los bordes de las mangas, del escote, de la falda y en una franja mediana, que está a la mitad de la misma. Un complemento que tiene, es un fajín delgado, del mismo color de las flores bordadas.

Los zapatos los cambia por unas sandalias.

Cuando la ve su madre, le intenta convencer de ponerse alguna ropa que le compró en la ciudad; pero ella no quiere. Ya fueron bastantes días con ropa aburrida.

Kéilan llega a la orilla del bosque y del mar. Para evitar que su nuevo conjunto se moje, se lo quita y lo deja en la base de un árbol cercano, atrás de un arbusto. Ha traído una toalla, dejándola junto con la ropa.

La joven se zambulle en el agua; sumergiéndose unos metros. Nadando mar adentro, pronto se encuentra con un acantilado submarino, empezando a bajar al fondo del mismo.

A la par que va descendiendo, su cuerpo empieza a cambiar. Además de las branquias en su cuello, en sus manos le aparecen membranas entre los dedos. Sus orejas cambian por unas puntiagudas, iguales a las de un hada. De sus tobillos, salen un par de aletas pequeñas. Todo su cuerpo se cubre de escamas verdosas.

Se detiene a unos veinticinco metros de profundidad; cerca del arenoso lecho marino.

Nada otros cuantos metros hacia la ciudad submarina, que se encuentra al Oeste; poco después, se cruza con sus amigas sirenas, varios peces y tritones. Todos la rodean rápidamente.

—Hola a todos —saluda Kéilan.

Todos ellos mueven los labios al hablar, mas en realidad, se comunican mentalmente; la única manera de conversar bajo el agua.

Algunos amigos, la abrazan para darle la bienvenida.

Les quiere poner al tanto de la aventura que está viviendo.

—Hola Kéilan. Es muy agradable y oportuno que hayas venido. Tenemos muchas preguntas que hacerte. —Le dice una sirena.

—Sí —comenta otra hada marina, empezando con la primer pregunta—. ¿Ya has visitado la montaña Alhat-Fher?

—¿Alhat-Fher? —pregunta extrañada Kéilan.

—El antiguo hogar de Cúdred; ¿aún no vas ahí? —Le aclara la misma sirena.

—No —responde la joven hechicera, aún muy confundida.

Empiezan a preguntarle más inquietudes, todos a la vez, sin esperar la respuesta. Entre las tantas preguntas que formularon, podemos resaltar: ¿cómo son los libros que has encontrado?, ¿es cierto, que nunca cae un rayo de sol en las montañas Cúdrerianas?, ¿has encontrado algún animal o ave interesante en la selva?, ¿por qué nadie te ayudó cuando te atacaron las bestias oscuras?, ¿qué harás con tanta magia poderosa?



ElGitanoBlanco

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En el texto hay: magos y hechiceros, bestia fantastica, libro de magia

Editado: 07.05.2019

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