La maldición del cliché

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Capítulo 18: Hadas dragón

—Hoshi, ¿cómo que hadas dragón?

—Junté dos clichés en uno. ¡¿No es genial?! —dijo muy emocionado, mientras al parecer los tachaba de su lista.

—Uch. —Rodé los ojos.

…….

 

—Yo quiero ir y ver la acción —dijo Daniela.

—No, no, no —negó Edgar—. Ya has visto que prefiero huir, eso pone en peligro a quien me acompañe, a menos que sea un bicho raro como los que irán conmigo.

—Mira, tú no me das órdenes. Es más, haré una apuesta. Vamos los dos, si te hieren me vas a cargar de ahora en adelante, y si me hieren... pues me das tu comida.

—¿Eso en qué me beneficia? Olvídalo, si te hieren primero que a mí, me contarás un cuento todas las noches.

—Ay por favor. Pero si no nos hieren, pues...

—Pues...

—Pues, nada, no me cargas, no te leo nada.

—Hagamos esto más interesante, si alguno de nosotros, yo, Adam, o Paul, salimos heridos… Me cuentas un cuento.

—Adam. —Karen se le acercó, no podía evitar estar preocupada—. Iré te guste o no.

Eso hizo que los presentes abrieran mucho los ojos, tratando de no ver a Manuel con la boca abierta.

Daniela y Edgar chocaron puños mientras los veían atónitos.

—Ya no perdamos tiempo —renegó Paul—. Tienen a Alba —apretó los puños—, y NADIE puede tocar a los que decido cuidar.

Daniela y Edgar volvieron a chocar puños, esta vez solo mirando sorprendidos al furioso ángel.

 

El auto los guio y llevó. Su GPS le fallaba un poco, pero finalmente se detuvo cerca de un bosque, el cual se veía tétrico. Quedaron mirando.

—No avanzaré más. Aquí los espero.

Los segundos pasaron, ninguno se dignaba a dar un paso adelante, solo veían a Paul cada vez más cerca del bosque. Volteó.

—¿No van a venir?

Se miraron entre ellos, algunos con temor, y avanzaron.

—Si pasa algo, los que puedan deben huir —advirtió Adam.

Se adentraron por entre las plantas, sus prendas azules destacaban entre la oscuridad gracias al reflejo de la luz de la luna. Karen vio algunos extraños montículos de hojas secas por los alrededores, formaban círculos en el suelo.

—¿Qué son?

—Magia negra —aclaró el chico.

—Se nota que conoces estos lares —comentó Manuel.

Los árboles empezaban a estar menos juntos, llegando a formar diversos y pequeños claros.

—Bueno, por aquí crecí.

—Ah mira tú.

El ruido breve de las plantas a lo lejos los alertaron.

—Shh... —Extendió el brazo para que pararan de andar—. Están cerca.

—¿Cómo son? —preguntó Edgar con temor.

—Horribles —susurró en respuesta.

Los chicos que no tenían ningún don especial miraron a sus alrededores con algo de susto.

—Pero no son peligrosas, ¿o sí? —quiso saber Manuel—. Es decir, solo queremos antídoto anti lobo, o lo que fuera.

—Shh.

Más plantas moviéndose. Algunas por el norte, otras por el sur, por los costados. Estaban rodeados. Jorge sintió un suave toque en su brazo y giró de golpe, haciendo que todos hicieran lo mismo. Quedaron bastante sorprendidos.

Era una hermosa mujer, con puntitos azules brillando por su frente, cuello, pecho, a lo largo de sus brazos, piernas. Solo usaba una especie de sujetador y una falda bien corta. Manuel la recorrió con ojos de arriba abajo, ella le sonrió y se acercó despacio.

—Manuel, no... —advirtió Adam, mientras observaba preocupado que estaban siendo rodeados por más—. Solo intentan intimidar, pero no funciona.

—Oye no generalices —murmuró Edgar temblando un poco—. Digo, quizá las chicas tienen miedo.

Karen respiraba algo agitada al ver a las otras aparecer de entre la penumbra, no las veía bien pero sí los puntos azules brillantes de su piel. Jorge quedó frente a frente con una.



Mhavel N.

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En el texto hay: parodia, aventura, romance

Editado: 13.04.2019

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