La maldición del cliché

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Capítulo 14: La casa del terror

Daniela abrió más sus ojos al ver que la estatua que estaba detrás de Edgar estaba viéndolos.

—Eh… ¿No que todas miraban al frente?

El castaño giró.

—Pues, creo recordar que sí.

La de atrás se bajó de su pedestal, arrancándoles gritos. Echaron a correr despavoridos, tratando de perder a las estatuas que empezaban a bajarse de sus sitios y tratar de atraparlos.

—MAMAAA —lloraba desesperado Edgar.

Lograron llegar a la puerta y quedaron atorados por querer pasar al mismo tiempo.

—¡Quítate! —chilló ella.

—¡NO! ¡¿Acaso no sabes que en el terror el negro muere primero?!

—¡Tú no eres negro, idiota! —Empujándose con ayuda del marco para zafarse.

—¡Sí cuando me da el sol al medio día!

Ambos gritaron al ver a las estatuas cerca.

—¡SÉ CABALLERO Y QUÍTATE!

El montón de estatuas embistió contra ellos y salieron disparados otra vez. Daniela tumbó un estante de madera.

—¡Tienes fuerza de vampiro, haz algo! —exclamó mientras seguían huyendo.

—¡No! ¡Estoy en el camino del señor ahora, lo he dejado!

—¡AY, POR FAVOR!

 

Karen lloraba y gritaba mientras forcejeaba con la puerta. Manuel y los otros la llamaban desde afuera intentando hacer algo también, pero nada. La chica sintió al esqueleto cerca y corrió, la cosa se volvió y empezó a ir hacia ella, sin embargo, lo hacía muy lento. Karen desaceleró mientras lo veía, quedó caminando y se dio cuenta de que el esqueleto tardaba muchísimo flotando como para alcanzarla.

—Oh. —Cruzó los brazos—. Tranquilos —les avisó a sus amigos—, trataré de salir de otra forma.

Se dirigió a su mochila y sacó las esposas, tuvo tiempo de buscar las llaves también mientras el ente horroroso flotaba más lento que una tortuga hacia ella. Se ató el cabello en una cola alta y caminó a otro lado cuando la cosa estaba algo cerca.

 

Adam frunció el ceño y giró para encarar a la sombra, esta voló a su alrededor, estudiándolo. En los oscuros muros empezaron a moverse más, que no tardaron en salir también y empezar a volar. Pensó rápido en qué hacer, qué era lo que espantaba cosas como esas, pero no tenía idea.

Corrió sin previo aviso, desatando los chillidos de las sombras que empezaron a arremolinarse. Chocó contra la puerta, y volvió a darse contra esta para que se abriera o rompiera, lo intentó otra vez con más fuerza, rompiendo la madera y cayendo al pasillo.

Salió casi disparado. Giró por la esquina y vio a los otros afuera de la habitación de Karen.

—¡CORRAN!

Manuel volteó y lo vio siendo perseguido por el túmulo de entes negros. No perdió el tiempo y de un empujón apartó a los otros para ponerse atrás.

—¡Ustedes deténganlos mientras saco a Karen!

Harry se abrió paso y sacó su guitarra, Paul hizo aparecer sus enormes alas. Adam cayó y las sombras siguieron de largo.

—¡Las distraeremos! —anunció el ángel.

Batió sus alas, ocasionando que el viento diera contra los extraños entes, los empujó así hasta que llegaron cerca de las escaleras, eso le bastó para correr y lanzarse en vuelo sobre el hall de entrada, siendo perseguido por las sobras. Harry había corrido tras él, pero no se quedó ahí. Al ver que Edgar y Daniela aparecían corriendo y gritando por la sala, bajó las escaleras.

—¡AHÍ VIENEN LAS ESTATUAS! —avisó el castaño.

—¿Estatuas? Puedo con ellas —aseguró el cantante.

El suelo se abrió y salieron dos enormes parlantes al lado del televisor, tomó el control y lo encendió. Daniela y Edgar quedaron sorprendidos y confundidos también. ¿Cómo era que salían parlantes?

Las estatuas llegaron por un corredor, Harry conectó su guitarra y tocó, tal fue la fuerza del sonido, que sus dos acompañantes cayeron un par de metros atrás, las estatuas empezaron a explotar en pedazos conforme avanzaban.

—¡ESOOOOOOOO! ¡WOOOOO! —exclamó el chico mientras se inspiraba con el alocado solo de guitarra eléctrica.



Mhavel N.

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Edited: 23.12.2018

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