La MaldiciÓn De Los Bahamonde

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DÉCIMO SEGUNDA PARTE

Salimos de la tienda y, para mi sorpresa, vi a Alonso, montado en su caballo, en el otro extremo de la calle. Él también me vio a mí. Me saludó llevando la mano al sombrero y siguió su camino.

La señora Conchita me cogió del brazo y me guió hasta su casa. No estaba lejos. Cruzamos la calle y nos adentramos en una callejuela estrecha. Su casa estaba en medio de otras similares a la suya, de piedra, con balcones de madera.

Entramos en la casa. Le entregué mi capa y se apresuró a preparar algo para tomar.

─¿Prefiere un reconstituyente o café? ¡Café! ─se rió─. Yo no tengo café. Tengo achicoria.

─Cualquier cosa está bien ─comenté.

─Prepararé unas tazas de achicoria. Siéntese, por favor.

La casa era modesta pero bien arreglada. Me senté cerca del fuego. La estancia tenía la función de cocina, comedor y salón.

La señora Conchita preparó la achicoria y me acercó una taza. También sirvió unos trozos de bizcocho.

─La ha encandilado, ¿verdad?

Enarqué una ceja, inquisitiva. Mojó un trozo de bizcocho en la achicoria y lo comió. Luego sonrió.

─Me refiero al conde. Don Alonso… La ha encandilado.

Me ruboricé y bajé la cabeza para que no se diera cuenta pero lo hizo.

─No sea vergonzosa, mujer. Es normal. El conde es un hombre muy apuesto.

─Iba a hablarme de sus antepasados.

─Sí, así es. Todos han sucumbido a la maldición.

─¿Todos?

─Desde que fueron malditos, sí. Como ya dije, fue el bisabuelo de don Alonso quien, con sus tretas, llevó a la perdición a una muchacha y la familia de ella. Entonces, una gitana, en nombre de esa familia, lo maldijo a él y a sus descendientes, para que no fuesen felices y muriesen de forma trágica si conseguían esquivar la maldición.

─No me dijo eso antes. No estará añadiendo elementos nuevos para hacer más dramática la historia, ¿verdad? ─pregunté, suspicaz.

─No, no, no ─negó rotundamente─. Puede preguntar a quien quiera en el pueblo y confirmar que le digo la verdad. Don Ramiro, el bisabuelo de don Alonso, se casó con la mujer con quien estaba comprometido. Ella se llamaba doña Gertrudis. Tuvieron varios hijos que nacieron muertos. Solo se salvó el heredero, don Enrique. Doña Gertrudis murió ahogada en el mar poco después del nacimiento del niño.

La miré perpleja, acordándome de mi hermana.

─Dicen que se suicidó porque unos meses antes, su esposo murió por culpa de un rayo. Estaba en uno de los viñedos y el único rayo que se vio en todo el día, lo atravesó ─chascó los dedos.

Di un respingo en la silla. No podía dejar de sentir lástima por las desdichas de la familia Bahamonde.

─¿Quién se hizo cargo del bebé? ─pregunté.

─Los abuelos.

─Sí, claro.

─Aunque pareciera que don Enrique había escapado de la maldición, no fue así. Se casó con doña Dorotea. Los jóvenes aún estaban disfrutando las mieles del matrimonio cuando él se despeñó por el acantilado. Ella, que estaba embarazada, se trastornó. El hijo de ambos sería el padre de don Alonso. Se llamaba Claudio. Su madre intentó matarlo en la bañera cuando solo era un niño de unos cinco años. Entonces, la encerraron en un convento. Un día apareció muerta. No se sabe muy bien de qué murió. Unos dicen que se ahorcó, otros que se envenenó. Don Claudio fue atendido por parientes lejanos. Supongo que eso hizo que su carácter fuese inestable. Se casó con doña Margarita.

─¡No! ─negué, parpadeando por la sorpresa de su comentario─. La madre de Alonso es doña Virginia.

─Sí, eso no se lo niego ─sonrió y me sirvió más achicoria─. Pero doña Virginia es la segunda esposa de don Claudio. La primera mujer fue doña Margarita. Murió después de dar a luz a don Francisco, el hermano mayor de don Alonso.

─¡Oh! Eran medios hermanos ─susurré, intentado asimilar tanta información.

─Sí. Don Claudio no tardó en contraer las segundas nupcias. Fue todo un escándalo en su día. Las malas lenguas dicen que el estado de ella ─dibujó una curva imaginaria sobre el vientre─ los obligó a apresurar el enlace. Poco después de nacer don Alonso llegó el ama de llaves, la señora Emilia.

─¿Qué tiene que ver ella con la familia? ─pregunté.



A.M. Lomba

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En el texto hay: misterio y amor, romance drama, victoriana

Editado: 07.03.2019

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