La Mansión. Saga Ranchos Nº 1

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Capítulo 9

El tiempo pasa lento. Lucelie y Roberto no paraban de pelear constantemente, hasta que colmaron la paciencia de la pobre Teodora que exasperada una mañana los reprendió duramente a los dos, que la miraron como niños pequeños con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

_¡Basta ya de peleas! __ los miraba mientras ellos comían sus alimentos __parecen niños pequeños y no un matrimonio __ Los fulminaba con la mirada__ ¡Inmaduros!__ murmura__ ¡Me tienen cansada con sus discusiones!

Roberto avergonzado por las palabras de la mujer mayor bajó la mirada al plato y miraba las torticas que estaba comiendo.

_ ¡Lo siento! __murmuró en voz baja __ trataré en lo posible de llevar nuestra relación lo mejor posible__ miro a Lucelie con ojos brillante, ahí estaba ella, más hermosa que nunca, todo sus cabellos desparramados por su espalda y hombros, parecía agua que resbalaba sin freno por las peñas, era una delicia que él tenía al alcance, su perfil y esa boca que tanto ansiaba volver a tomar y hacerse su dueño__ suspiro para dejar escapar un poco su frustración__ Haré lo posible, si Lucelie así lo quiere.

Lucelie que desde el momento que se besaron en la plaza y que ella estuvo a punto de caer en sus redes, se sentía furiosa consigo misma por su falta de carácter y fuerza, no podía aceptar lo importante que se había convertido ese hombre para ella.

_Yo...lamento haberte tirado de cabeza al abrevadero de los caballos__ dijo mordiéndose fuertemente los labios para no sonreír.

_No lo lamentas, por el contrario__ sonríe __lo disfrutaste. Al igual que yo. Pensó él muy divertido.

Ella en medio de una discusión lo lanzó de un empujón al abrevadero de los caballos y él furioso la tomó de la cintura y la metió mojándola totalmente. Ella furiosa pataleaba y le gritaba de lo que él se iba a morir y solo él se limitaba a apretarla más fuerte contra su pecho.

_Necesito que me prometan que van por lo menos a tratarse bien__ Teodora estaba decidida a evitar más confrontación o si no, esos dos no llegaban vivos a cumplir los dos años de matrimonio _¿Señor Ferrero?

_Si, haré todo lo posible por no sacarla de casillas __ murmuro él como si fuera un niño pequeño, pero no logro ocultar la sonrisa a Teodora de que esa situación lo divertía.

La mujer mayor miro a la joven que se mantenía distante.

_¿Lucelie? __ insistió la mujer firme ante tal situación _¿Lo prometes?

Lucelie, con los dedos cruzados debajo de la mesa y con toda la seriedad que ameritaba aquella situación prometió.

_ ¡Claro que sí, Teo, por ti hasta las estrella alcanzo! __ dijo rápido.

_Sí, claro, espero por tu bien no hayas cruzados los dedos debajo de la mesa__ adivinó la anciana__ porque como sea así, ya verás __ Amenazo con una enorme cuchara la anciana mujer.

Lucelie al sentirse pillada, se sonrojó y salió para la oficina.

_ Ya verás que me comporto como toda una señora decente y casada__ dijo al alejarse dejándolos perplejos.

Hombre y mujer se miraron perplejos y sonrieron.

_¿Será? __ pregunto él incrédulo y muy curioso, que estaría pensando esa mujer, era de temer, reía al imaginar con lo que le saldría.

_¡Eso espero!__ suspiro la mujer y se dedicó a recoger los platos y se fue a restregarlos.

Horas más tarde Roberto recibió un llamada que lo molesto y se dirigió a la oficina donde trabajaba ella, y suspirando la miro.

_¿De verdad vamos hacer las paces?_ la miraba con curiosidad.

_¿Por qué no?__ dijo sin interés por mirarlo.

_Podríamos hablar, necesito pedirte un favor_ se mostraba muy incómodo y de mal humor _es muy urgente.

Ella lo miro y suspiro.

_Estoy haciendo cuentas __ no quería estar a solas con él, era muy peligroso para su salud y su estabilidad mental.

_Sabes que desde que llegue las cuentas están muy claras, que llevo todo el control de la papelería_ la miraba fijamente _ No tienes ninguna queja ¿o sí?

No, ella tenía ninguna queja de como llevaba las cuenta y la organización, hasta lo mínimo, era como si él fuera ganadero sabia de lo imperceptible de lo que sucedía en una hacienda ganadera del tamaño que era la Mansión, ella pensó que él no sería capaz, pero la dejo pasmada.

Sabia controlar el ganado, vacunaba, los bañaba, montaba y amansaba animales, era como un experto en todas las áreas, y ella se admiraba de su audacia y capacidad, porque para él ser un citadino, lo hacía muy bien.

_No, ninguna y para ser sincera, desde que llevas el control, la Mansión va mucho mejor __ se levantó y se acercó a él _¿De qué quieres hablar?

 

Él la observaba, llevaba uno de esos vaqueros que se ajustaban a las caderas las cuales le resaltaba de manera grandiosa y mostraba unas piernas fuertes y largas, su pequeña cintura asegurada por el cinturón ancho que marcaba aún más la forma exquisita de su cintura y esa camisa amarrada en un pequeño lazo al frente, dejando ver el nacimiento de esos cremosos senos, los cuales él ansiaba con tomar.



Miky

Editado: 11.09.2018

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