La Marca

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Primera Parte: Sombras

Forestville (Maine) EEUU En la actualidad.

CAPÍTULO 1

Ir a funerales, nunca fue mi especialidad, pero quiero decir ¿De quién sí lo es? Es horrible.

Es como si estuvieran durmiendo, pero con la sola diferencia de que tú sabes que no es así. Son diferentes, en todas las maneras posibles: tienen la piel fría, se ven pálidos y si han pasado unos días, puedes notar sus ojeras y sus cuerpos ya poseen un pequeño relieve, empieza su descomposición y se hinchan.

Muerte. Todos sabemos que nos llegará en algún momento, pero aun así cuando sucede nos horroriza. Los ataúdes no tienen más de 76 cm de anchura, llevan el nombre completo del fallecido en la tapa y se deben llenar los formularios médicos que son tantos... No sabía que se necesitaban tantas pruebas para demostrar que alguien está muerto, creía que la prueba suficiente era cuando uno dejaba de respirar.

Duele. Toda mi familia está aquí, me refiero a mi mamá, mi papá he incluso mi hermana gemela. Están todos aquí en esos cajones, durmiendo para siempre.

Mis padrinos se encargaron de todos los arreglos: firmaron los papeles, vistieron a mi familia con trajes elegantes y contrataron medios de trasporte para que vayan a su destino final, dondequiera que eso sea. Solté un suspiro ahogado deseando hacer ese viaje con ellos. Mi familia se me iba, pero yo sabía que no podía ir.

En el funeral no paré de decir a todo el mundo «Simplemente ocurrió, un camión apareció de la nada y todos salimos lastimados» No dejé de temblar desde que todo ocurrió. Me sentía como una niña pequeña nuevamente, en el sentido de que miraba a mi alrededor sin saber a dónde ir, como si estuviera en un sitio nuevo y no supiera hacia donde pertenecer.

Tenía diecisiete años y hasta ese momento nunca había perdido nadie tan cercano a mí. Creo que ni siquiera había asistido a muchos funerales en mi vida, así que en realidad nunca me veía tan afectada. Pero ¿Que se vayan mis padres y hermana? Dios, eso sí me afectaba.

Mis padres no eran viejos, y mi hermana tenía la misma edad que yo era mi gemela. Todos gozábamos plenamente de salud. Mi familia se suponía que tenía que verme crecer y graduarme. Al final, sin haber tenido la oportunidad de decirles gracias y despedirme como es debido, mis últimos recuerdos de ellos eran los tamaños de los ataúdes y los formularios médicos.

Luego del accidente donde murieron, me trasladaron al hospital del pueblo de Forestville. Tuve varias heridas y roturas donde permanecí inmóvil por dos días. Me habían informado sobre las pérdidas poco antes de recuperarme totalmente, y en cuanto lo hicieron tuve que recibir varias dosis de drogas para tranquilizarme.

 Lo único que quería era terminar con el funeral, tomar mis cosas e irme de Forestville, no podría seguir viviendo en el pueblo. Había pensado en mudarme a Boston junto a mi única abuela, empezaría de nuevo y terminaría la escuela lejos de los recuerdos de los que quería escapar. 

Luego de la ceremonia, las personas comenzaron a retirarse del cementerio pues las primeras gotas de lluvia cayeron. Yo, sin embargo, me quedé un momento más frente a las lápidas de mi familia.

—¿Estás lista para irnos, Nina? — Escuché detrás de mí. Pero no me di vuelta, estaba perdida en mí misma. En mi alrededor. Pues nada de lo que había ocurrido parecía mínimamente real.

Insistió.

—Es hora de irnos—la voz me tomó de los hombros he hizo que la mirara—. O perderemos el vuelo.

Anna Smith era una de las personas más buenas que conocí en el Sistema de Protección para Niños y Adolescentes en Boston. Supe de ella después del accidente ya que por milagro solo conseguí una sencilla contusión, varios puntos leves y un brazo roto. Salí pronto del hospital y me trasladaron de ciudad para integrarme al sistema como ya me había quedado huérfana. Estuve bajo su cuidado unos simples dos días antes del funeral, donde conseguí una orientadora, y una psicóloga.

—Mírame—dijo suave tomándome del rostro—. Sé que es duro, cariño. Pero todo va a estar bien. Si me dejas ayudarte.

Finalmente dejé que Anna me condujera con cuidado para no lastimar mi brazo roto. Caminamos juntas atravesando el cementerio hasta llegar al taxi que aguardaba por nosotras. Las cámaras de los reporteros me golpeaban la vista, no paraban de interrogar, preguntaban una y otra vez qué pasaría ahora, dónde iría o si es que alguna vez regresaría al pueblo. Eran pocos los que realmente respetaban mi dolor y solo se limitaban a saludar con un ligero gesto de cabeza.

Una vez dentro del taxi, Anna indicó al chofer que fuera hasta el aeropuerto. En cuanto aceleramos, miré por encima del hombro hacia el montón de personas que estaba dejando atrás: Familiares, amigos, compañeros de trabajo de mis padres de la alcaldía, vecinos, compañeros del instituto. Todos vestidos de negro y tan impactados como yo por todo lo que pasó.



Sol Armoa

#245 en Fantasía
#44 en Magia

En el texto hay: magia, vampiros

Editado: 24.03.2018

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