La Marca

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Capítulo 6

Me desperté con una débil inspiración. La luz entraba por las ventanas de la sala de star, podía escuchar el ligero golpeteo de las gotas de lluvia por el techo. Tenía encima de mí mi sábana caliente, me la saqué percatándome de cuánto había sudado. El reloj marcaba las 13: 45 horas, distinguí entonces que me había quedado dormida mientras veía la película que compré hace unas horas. El plasma que se extendía por el muro de la sala me indicaba que había llegado a su fin.

Me llevé la mano derecha a la frente mientras estabilizaba mi respiración. No podía quedarme dormida de nuevo o Adam podía meterse en mis sueños otra vez… Solté un grito tapándome la boca. Lo recordaba todo.

Ahora no podía volver a dormir, no solo por el hecho de que Adam podía aparecer en mi subconsciente otra vez, si no, por todos los escenarios que mi cabeza estaba trabajando acerca de lo que acababa de pasarme. De un momento a otro, todos los detalles desaparecidos anteriormente ahora estaban más claros que nunca. Todas las partes se unieron sin dejar grietas.

Mientras más pasaban los minutos, mi pulso más conseguía calmarse, pero ahuyentar los pensamientos no era tan sencillo, «Tengo el poder de hacerlo. Tú también» Eso fue lo que me dijo Adam ¿Qué clase de ser humano puede hacer tal cosa? Pero tal vez ese era el punto realmente inquietante: Adam no podía ser humano.  

Me deshice de las sábanas y descalza me dispuse a ir por un vaso de agua en la cocina, donde encontré a Eva puliendo copas e utensilios.

—Pero si finalmente despertaste — comentó una vez que me vio entrar— ¿Cómo estuvo la película, muy aburrida?

—Algo, sí — Caminé hasta ella, para alcanzar un vaso.

— ¿De qué trataba? ¿Romance?

—Una de horror, diría yo —dije.

Y fue ahí que lo sentí.

Mi estómago se abrió por dentro, revelándose a un apetito extraño y exagerado. Respiré aceleradamente, buscando lo que olía tan bien.

— ¿Dónde está el cereal? —Pregunté.

—Aquí tienes — Me lo pasó—. Pero puedo prepararte algo más, la hora del desayuno ya pasó hace horas.

—Solo quiero cereal.

Me toqué el rostro intentando evadir mi hambre, estaba sudando. Sé que es verano y hace mucho calor, pero nunca había sudado así antes. Intenté decir algo, pero no pude, las palabras se redujeron a un simple jadeo, que lo oculté rápido asintiendo con una sonrisa.

Me senté en un taburete, y cuando Eva me pasó el agua, lo bebí hasta el fondo. Acababa de poner el vaso en mis labios y el contenido ya estaba pasando por mi garganta. El ama de llaves se quedó mirándome. Sentía el peso de su mirada, y creí escucharla susurrar algo…

—Humm- Humm —levanté la mirada—. Lo siento, no te oí bien.

—No he dicho nada — dijo.

En mí alrededor, sentí todo: cada sonido diminuto lo sentía en mis oídos retumbar. Como cuando una mosca se posó en la mesada y empezó a frotarse las alas, no pude soportar oírlo. Apenas empezó su vuelo, lo atrapé con la mano derecha en una fracción de segundo, incluso yo quedé impresionada.

— ¿Cómo has…?

—El timbre —anuncié.

—Yo no oí nada... — y entonces resonó en toda la casa anunciando que alguien estaba en el porche de la entrada. Eva me miró una vez antes de caminar hacia la puerta principal.

Pude oír sus pisadas hasta llegar a la entrada, oí la voz de la persona: era el cartero. Escuché el choque que dieron sus manos y el papel al encontrarse. Cuando Eva llegó a la cocina, fingí estar jugueteando con el salero de la mesada.

—Son para ti.

— ¿De quién?

—"Licenciada en Piscología, Doctora Lucy Mayer..." —leyó el sobre, y me lo pasó. — y estas parecen ser invitaciones ¿Alguna idea de qué trata?

—Es mi psicóloga —dije —Estas son invitaciones, he recibido mucha de ellas últimamente. Acontecimientos en honor a mi padre. Pero yo no pienso asistir—desdoblé la nota y leí el mensaje. 

Querida Nina:

He recibido tu pedido acerca de mudarte de instituto, he hablado con la jueza y hemos tomado una decisión justa así que puedes prepararte para tu primer día.

 Por otro lado, por favor, ven en cuanto puedas en mi despacho para ponernos al día. Le envié una nota a tu tía Nora para que sepas que vienes.

Saludos,

Lucy Mayer.

 

—Gracias — dije a Eva, doblando la nota hasta que fuese un cuadrado, y me deshice de las invitaciones.

En aquel entonces, mi nuevo móvil vibró en mis pantalones. Deslicé mi dedo índice por la pantalla y leí el nuevo mensaje que recibí de un número desconocido.



Sol Armoa

#257 en Fantasía
#46 en Magia

En el texto hay: magia, vampiros

Editado: 24.03.2018

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