La mariposa oscura

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Capítulo 3

—Baila —indicó ordenándole con una sonrisa burlona. Sus ojos oscuros se fijaban en la chica que lo mira sin creer lo que acababa de escuchar, Alejandra estupefacta lo contempló sorprendida ¿Acaso la habían traído a su habitación para esto?

 

—No —respondió molesta por la sensación de que la trataran como un monito de circo. ¿Qué se cree aquel hombre de tratar de esta forma a otra persona? Entrecerró los ojos con rabia apretando los dientes sin evitarlo.

 

—Es tu castigo por intentar huir —recostado sobre su cama la contempló con desafío sin dejar de sonreír. En su rostro se dibuja una expresión maliciosa que no supo interpretar si el humillarla le daba cierta satisfacción.

 

—No lo haré —respondió luego de un corto silencio, sintiendo que su corazón late con violencia, preocupada por las consecuencias de su negativa.

 

Iván no se movió de su lugar, aunque ahora no sonríe, se sentó sobre la cama mirándola con seriedad. Y luego cruzó los brazos cerrando sus ojos por un instante, como si algo le molestara. Al final la volvió a mirar moviendo la cabeza negativamente.

 

—Entonces tendré que cambiar tu castigo, un par de días en el calabozo te harán recapacitar —se levantó de la cama en ademán de salir de la habitación.

 

—¿Calabozo? —preguntó Alejandra al ver que se dirigía en la puerta.

 

—¿Sabes lo que es un calabozo? —le preguntó con cierta altanería—. Un lugar húmedo y sucio, lleno de enfermedades y ratas. Donde sí te duermes las ratas podrían comerte... ¿Te gusta esa idea?

 

Se mordió el labio, no le gustan las ratas, menos en la oscuridad, pero el bailar es como pisotear su propio orgullo. Aquel hombre la mira con tal grado de posesión y superioridad que su rebeldía se niega a ceder. ¿Pero qué puede hacer? Titubeó por un momento.

 

—Entonces ¿Bailaras para mí? —le preguntó con una sonrisa maliciosa fijándose en la confusión de la mujer.

 

—No sé bailar —respondió con sinceridad, desviando la mirada molesta y avergonzada. Nunca había aprendido a bailar, por más que intento aprender, es tiesa como una tabla, así que difícilmente podría hacerlo sin caer en el ridículo.

 

La miró notando que la mujer no le miente, sin embargo se le hace tan graciosa esa actitud avergonzada que la agarró de la muñeca, y la tiró a la cama, subiéndose encima y aprisionando sus dos manos contra el colchón. Con actitud de malicia y una mirada insinuante se acercó a su rostro para decirle.

 

—Entonces ¿Qué me darás para evitar el calabozo?

 

Se sonrojó mirándolo atemorizada por la cercanía, ¿Es que acaso ahora pensaba tomarla como su concubina? No es su primera vez pero eso no quería decir que significaba que podía hacerlo con cualquiera. Lo trató de mirar con desafío, y decir algo serio, pero su voz sonó torpe y temblorosa:

 

—No tengo nada que darte

 

Iván sonrió, el tono de esa voz es totalmente contradictorio con aquella frase "desafiante", como respuesta le besó el cuello haciéndola estremecer. Se sintió nerviosa, como una especie de ansiedad que no entiende, cómo puede sentir agradable aquellas caricias. Le soltó una de sus muñecas sosteniéndolas luego con solo una mano, y sintió su mano varonil y grande deslizarse por su pierna.

 

—No — murmuro—. Detente

 

—¿No? ¿Estás segura? porque ese "no", no suena muy convincente —agregó sin mirarla y sin dejar de besarle el cuello.

 

—Detente o gritare como nunca —exclamó tratando de soltarse.

 

—Aunque grites nadie te va a venir a ayudar ¿Quién se opondría a su Rey? —le mordió la oreja haciéndola sonrojar más.

 

Movió su cabeza tratando de alejarse, y cuando sintió que su mano se deslizaba hacia su entrepierna dio un salto dispuesta a gritar aunque nadie viniera gritaría y pelearía todo lo que pudiera. Fue ahí donde Iván empezó a reírse suavemente hasta terminar riéndose a carcajadas ante la expresión confundida de Alejandra.

 

—No pienso hacerte mía, solo quería asustarte —dijo con un tono burlesco, que hizo sentir a Alejandra como una mujer tonta.

 

—Maldito —agregó apretando los dientes. No encuentra graciosa esa broma cruel, su corazón aun sigue acelerado, y aún está confundida de si realmente quería seguir sintiendo esas caricias o es un alivio salvarse de las garras de este hombre.

 

—Soy tu Rey, tu dueño, tu amo — indicó recalcándole su superioridad frente a ella.

 

Alejandra lo miró fijamente con molestia, y luego de inclinar la cabeza con gesto irónico, le dio la espalda para retirarse. Pero Iván la agarró de la mano llevándola hacia sí, y antes de que se lo esperara sintió sus tibios labios sobre los suyos. Fue una sorpresa y tal vez llevada por la frustración anterior, antes de que el beso se volviera demasiado apasionado, se alejó levantando su mano dispuesta a abofetearlo por su atrevimiento. Sin embargo el hombre le sostuvo la mano justo antes de recibir el golpe, su mirada fría y cruel se detuvo en los sorprendidos ojos de Alejandra.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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