La mariposa oscura

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Capítulo 4

Sentada en un rincón sin tomar atención al resto de las concubinas, Alejandra permanece con la mirada perdida, encerrada en sus pensamientos. Tiene miedo, aun cuando se muestra fuerte y rebelde, no puede olvidar lo que aquel hombre le había dicho. Él quería un hijo con ella ¿Pero porque ella? Teniendo tantas concubinas hermosas, siendo un monarca podía pedirle eso a cualquier mujer ¿Pero porque precisamente tenía que ser ella? ¿O era por su cabello negro? Porque hasta ahora no ha visto más mujeres con el cabello de ese color, salvo la reina. Le gustaría que de una vez le aclararan todo lo que está pasando.

 

—¡Hey tú! ven a servirte comida —le gritó una de las mujeres que servían los alimentos a las concubinas.

 

De mala gana se acercó a servirse un plato de comida. Luego volvió a su lugar sin probar bocado alguno, la verdad es que no tiene apetito. Solo comió algo de frutos secos y siguió en lo suyo. Si pudiera cerrar sus ojos y despertar en su mundo sería lo mejor que podría pasarle, pero entiende que no le serviría añorar algo que estaba  fuera de su alcance.

 

Observó al resto de las concubinas y su atención se detuvo en Helena quien come aislada junto a su hijo, ¿Acaso el futuro que le espera es ese? Claro siempre y cuando no existiera una esposa oficial del monarca, había escuchado algunos comentarios de que Helena y su hijo podían vivir en paz hasta que el Rey tomara una mujer, ya que esta se aseguraría de eliminar toda competencia al trono. Aunque de todas formas el claro cabello de su hijo no le permitía siquiera a aspirar ser el heredero oficial.

 

—Además no es ni siquiera su hijo —indicó otra mujer en voz alta.

 

Las otras la hicieron callar y luego se comenzaron a reír con complicidad. Helena las escuchó pero fingió no hacerlo dedicándose a acariciar el cabello de su pequeño hijo.

 

—¿Por qué dices eso? —pregunto Alejandra seriamente.

 

Las otras la miraron sorprendidas, habían escuchado que de un día para otro esta mujer había aprendido su idioma, y no lo creían demasiado, pensaban que ella había fingido no conocerlo hasta darse cuenta de que no podía seguir engañándolos. Pero son tan lenguas de serpiente, que no pueden evitar hablar y tirar venenos hacia los otros.

 

—Ese niño es hijo del anterior Rey, del hermano mayor de nuestro actual monarca —murmuró una de ellas—. Murió en una guerra por lo que se trasladó a todas sus concubinas a otro lugar, excepto a esta que le metió en la cabeza a nuestro actual rey que aquel niño era suyo.

 

Alejandra las miró sin agregar nada más. Dudaba que alguien pudiera "hacer tonto" a un hombre como ese, aun cuando Helena fuera una mujer muy astuta no era posible que lo engañara haciéndole creer que aquel pequeño era su hijo cuando no es así.

 

—Chicas de pie, viene su majestad, arreglense y prepárense para entretenerlo —indicó una robusta mujer.

 

Todas corrieron a arreglarse, ayudadas por las sirvientas que corrían de un lado a otro. Alejandra hubiera querido huir pero ya se encontraba rodeada de dos mujeres que la estaban maquillando y peinando con rapidez, vio a Amanda, la mujer a cargo de las concubinas que la observaba fijamente, es claro que ella había mandado a las sirvientas a arreglarla, porque a diferencia de las otras concubinas aquella joven no se preparaba a recibir al Rey, y no quería nuevamente ser reprendida por culpa de esa muchacha estúpida y rebelde.

 

Las sirvientas luego se prepararon tomando algunos unos instrumentos y tocando una suave música para darle al ambiente un aspecto más agradable. Algunas concubinas comenzaron a bailar para poder llamar la atención del soberano.

 

—No entiendo el afán de estas mujeres —murmuró Alejandra.

 

— Muchas aún son vírgenes —indicó Helena que apareció a su lado casi sin notarlo, llevaba a su hijo en sus brazos para entregárselo a una de las sirvientas que se lo llevaría a una sala de juegos—. Morirán si no consigue siquiera poder pasar una noche con el Rey, si te pusieras en su lugar podrías entenderlo.

 

Sinceramente aquello no le pareció tan temible, pero desconocía en parte la crianza de aquellas mujeres para anhelar tener relaciones solo para no morir vírgenes.

 

—Además si logras darle un hijo puedes asegurar tu futuro, y seguir viviendo aquí, afuera la vida es un infierno para las mujeres acostumbradas a esta vida —le indicó—. Por eso como consejo entrégate si así te lo ordena, es peor caer en manos de los hombres que están afuera de este palacio.

 

Quiso decirle algo pero la mujer ya se encontraba lejos de ella, ¿Entregarse así como así?, para Alejandra casi fue como si le dijeran que debía prostituirse. Retrocedió pero una de las mujeres de la guardia la tomaron de los brazos dejándola junto al resto de las concubinas que apenas vieron al rey inclinaron sus cabezas con respeto.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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