La mariposa oscura

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Capítulo 11

El vapor del agua se eleva en aquella enorme sala de piedra. Una especie de piscina enorme cubre casi todo el lugar y algunas antorchas alejan la oscuridad de los rincones más cercanos, dejando casi oscuro las partes finales de aquel estanque de agua caliente. Alexander la miró con una sonrisa que no esconde la malicia de su mirada, se encuentra metido dentro del estanque con sus brazos cruzados apoyados fuera de aquella piscina mientras dos sirvientas le enjabonan la espalda.

 

—¿Me llamaste? —preguntó con frialdad Alejandra sin ocultar el desprecio que siente hacia ese hombre.

 

Luego de mirarla un instante se comenzó a reír entrecerrando los ojos con un gesto burlesco. Con una señal indicó a las sirvientas que los dejaran solos. Y luego volvió a fijar su atención sobre aquella mujer. ¿Que puede haber en ella que atrae al idiota de su hermano menor? Tal vez aquellos oscuros ojos capaces de odiar sin límite, o aquel cabello ondulante y oscuro, o bien esa especie de aire de inocencia que parece rodearla. Pero su cuerpo es menudo en comparación a las otras concubinas.

 

—Quiero que termines ayudándome a enjabonarme —indicó sonriendo esperando la reacción de la mujer.

 

—No lo haré —respondió secamente tragando saliva. Su corazón late con violencia, tiene miedo de aquel hombre, y sin embargo lo odia de tal forma que el negarse a obedecerlo es la única forma de sacarse esa rabia de encima, es como al oponerse a él aún guardara parte de su propio orgullo.

 

La contempló con gesto burlesco. Caminó hasta llegar a la escalinata y subió sin quitar aquella expresión de su rostro.

 

—¿Has escuchado del Azubis? —indicó mientras salía del agua.

 

—No —respondió de inmediato volteando el rostro al fijarse que andaba desnudo.

 

Alexander se secó con una toalla tranquilamente y se cubrió debajo de la cintura. Se sirvió un vaso de alcohol y luego vertió una gota de una sustancia de color verdoso. Levantó una mirada altanera notando la seria expresión de Alejandra.

 

—Una de las clásicas torturas que me aplicaron cuando estuve capturado por el enemigo fue hacerme beber una gota de Azubis cada día —levantó la copa fijándose como el líquido verdoso se diluye en el alcohol—. El Azubis es un veneno muy potente, con tres gotas te produce una muerte dolorosa y rápida. Con una sola gota te produce espasmos y movimientos dolorosos, convulsionas pero no mueres.

 

Disolvió dos gotas más en su copa y sonrió maliciosamente ante la expresión desconcertada de la mujer. Es seguro que ya ha notado que aquellas gotas son del veneno del que le está hablando.

 

—Fue tanto el veneno que me aplicaron que me volví inmune a él —tomó un sorbo—. Sin embargo este queda impregnado en mis labios cuando lo bebo de esta forma. Y si muerdo a otro, basta con que tome contacto con la herida que le causó para que muera a los segundos.

 

Inmediatamente Alejandra sin proponérselo se tocó la herida que le había provocado días atrás en su cuello. Entonces esa había sido la manera como la había envenenado, pero ¿Envenenado con las intenciones de matarla?

 

—Pero una mujer que al parecer nunca había tomado ese veneno sobrevivió —sus ojos fijos y fríos transmiten una sensación que la enmudeció por unos momentos— ¿Cómo sobrevivió? Eso me gustaría averiguarlo.

 

—Estas mintiendo no existe un...

 

—¡Amanda! ¿Me trajiste a otra de mis concubinas? —la interrumpió con un grito dándole la espalda.

 

A los segundos Amanda se hacía presente llevando consigo a Alexa, quien observó con desprecio a Alejandra y con cierta burla al ver aquel rostro sorprendido. ¿Acaso no se esperaba que una concubina como ella también fuera solicitada por el Rey? Alexander la tomó bruscamente por la cintura y la besó apasionadamente.

 

Cuando la soltó Alexa estaba sonrojada, nunca la habían besado de esa forma, ahora entiende lo que significa el ser una de las favoritas de su Majestad. Sonrió ansiado recibir otro de aquellos besos, pero sus ojos se detuvieron en aquella mujer de oscuros cabellos. Alejandra la mira aterrada, incluso le pareció verla más pálida de lo que acostumbraba. En eso Alexa sintió un dolor horrible, y como si su estómago estallara escupió sangre en forma explosiva. Su respiración comenzó a dificultarse debido a la sangre que sale por su boca como si por dentro se estuviera despedazando. Convulsionó en fuertes espasmos antes de quedarse quieta con las pupilas retraídas tan atrás que su rostro reflejaba su dolorosa muerte.

 

—¡¿Qué has hecho?! —gritó Alejandra espantada— ¡¡Está muerta eso no...

 

—Guarda silencio —indicó tranquilamente mientras se quitaba la toalla de la cintura—. Esa mujer me salpicó de sangre, estoy sucio otra vez. Deberé darme un baño para quitarme aquella inmundicia.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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