La mariposa oscura

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Capítulo 14

Iván cabalga a todo lo que su caballo da. No puede olvidar el rostro aterrado de Gabriela, quien afirmada de él tiene su cabeza apoyada en su espalda. La noche oscura no los deja ver el camino con facilidad pero un estruendo que rompió el silencio les indicó el camino a seguir. La torre del palacio que se encuentra sobre las celdas del calabozo retumbó ante una fuerza descomunal proveniente de su interior.

 

—¡Rápido, Iván! hay que detenerla —señaló la sacerdotisa preocupada.

 

Al llegar a las puertas del palacio los guardias corren de un lado a otro sin saber que hacer, ni desde donde había provenido aquel ruido y fuerte sacudida. Desconcertados detuvieron su mirada ante el que hacía poco había sido su monarca y líder, esperando tal vez algunas instrucciones.

 

—¿Dónde está mi hermano? —les preguntó apenas ha bajado del caballo.

 

—Creo señor que ha bajado al calabozo —respondió rápidamente uno de ellos.

 

—Bien, quiero me sigan tres de ustedes y el resto manténganse en sus lugares resguardando el palacio —entró seguido por tres hombres y Gabriela.

 

Se movió apresurando el paso a través de los pasillos, cuando otra temblor casi los boto al suelo. Los prisioneros de los calabozos huyen a la superficie, asustados e inquietos. Iván tomó a uno de ellos de la camisa antes de que huyera de ese lugar.

 

—¡¿Qué está pasando?! ¿Dónde está el Rey? —le preguntó casi gritándole ya que el hombre llega a tal grado de nerviosismo que no es capaz de concentrarse.

 

—Es la bruja, la Ninfa que ha vuelto a vengarse, ha despedazado al Rey... los otros presos dicen que lo desmembró en pedazos, por favor, déjeme ir, ella nos matara... —los ojos aterrados de aquel hombre se fijaron en la palidez de Iván al escuchar que su hermano probablemente estaba muerto y a manos de... sacudió la cabeza no debe pensar en eso.

 

—¡¿ASÍ QUE QUIERES MATARME?! —escuchó la voz de Alexander amenazante.

 

Eso quiere decir que aun sigue con vida. Rápidamente corrió hasta llegar al lugar que llaman el Estanque desde donde provenía la voz del rey. No se esperaba ver lo que encontró, parada sobre aquellas aguas, con una mirada enloquecida y con el cabello casi cubriéndole el rostro, Alejandra intenta golpear a Alexander con el agua que ha tomado la forma de múltiples brazos.

 

—Es la ninfa —señaló Gabriela—. No puede ser... es la mujer que nos maldijo, la última de los oscuros.

 

—Pero ¿Como? Si Alejandra viene desde el otro mundo —el príncipe la contempló estupefacto.

 

—Alejandra ahora solo es una cáscara, Iván... es un cuerpo sin alma, aquella mujer está muerta —tragó saliva, ya no puede sentir el aura de la joven de cabellos oscuros, su presencia había desaparecido—. Lo siento...

 

No puede creer lo que acababa de escuchar, tuvo esa sensación de que todo se venia abajo dentro de si mismo. Con angustia, aun negándose a creer lo que Gabriela ha dicho, fijo toda su rabia hacia el único que habría sido capaz de quitarle la vida a Alejandra.

 

—¡¿Que hiciste maldito?! —gritó Iván sintiendo un dolor enorme en el pecho.

 

—Esa mujer murió ahogada —le respondió secamente—. Y el espíritu maligno de la ninfa al parecer se apoderó de su cuerpo.

 

Iván olvidándose del peligro se acercó a su hermano tomándolo de las ropas y golpeándolo contra la pared. Siente una rabia enorme, y un nudo que le aprieta el cuello sintiendo que se ahoga. Quiere golpearlo, quitarse el dolor de esa manera.

 

—¡Tu la mataste! —le gritó— ¡Ella no sabía nadar y la lanzaste a este depósito de cadáveres! ¡Te juro que me las pagaras!

 

Alexander lo contempló sin expresión y luego sonrió irónicamente.

 

—¿Lloras por una mujer con la que solo te acostaste un par de veces? —no lo entiende, le parece ridículo, pero se siente satisfecho al verlo sufrir así.

 

—Si pudiera te mataría ahora mismo —respondió dándose cuenta que sus lágrimas comienzan a correr por su rostro. Pero aun así siente que con su muerte no acallaría el dolor que siente.

—Iván, apártate de ese hombre —exclamó la mujer de cabellos negros mientras desciende al piso lentamente.

 

Volteó mirándola sin saber cómo puede saber su nombre. La fría mirada de la mujer refleja las ansias de matar a su hermano.

 

—Lo siento —murmuró el príncipe—. Seas quien seas no puedo dejar que hagas esto.

 

—Bien, entonces ¡Muere junto a tu hermano! —le gritó haciendo que los brazos de agua a su alrededor se agitaran y se lanzaran contra ambos hombres.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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