La mariposa oscura

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Capítulo 15

La mujer fijó su frío rostro en sus hijos, hay un dejo de odio en su mirada pero no va dirigida hacia quienes tiene enfrente. Caminó lentamente hacia la ventana cruzando los brazos dirigiendo su atención hacia el jardín exterior, buscando las palabras precisas para el momento. Su hijo mayor la observa seriamente con una especie de sonrisa irónica, no lo entiende, aquel bebé que había amado tanto se había transformado en un hombre, al cual a pesar que aún quería no puede evitar sentirse angustiada ante la crueldad a la que es capaz. Su hijo menor evita mirarla, no existe un lazo más fuerte entre ambos solo el hecho de que ella parió a aquel niño, pero no fue como su madre más allá de eso. Sabe que no le perdonaba por haber mandado a ejecutar a aquella mujerzuela llamada Aura.

Apretó los labios y sin dirigirles la mirada agregó.

 

—Está siendo demasiado peligrosa, exijo como su madre que ejecuten a esa mujer.

 

Iván apretó los dientes pareciéndole injusto lo que la Reina les estaba pidiendo pero no alcanzó a decir nada cuando la ruidosa carcajada de Alexander los sorprendió a ambos. La mujer volteó con el rostro desencajado sin entender el porqué ante su petición su hijo le faltaba el respeto de esa forma.

 

—No —le respondió secamente—. Esa mujer será mi Reina.

 

—¡Esa mujer trató de matarte! —exclamó sin controlarse, le parecía absurdo lo que le decía Alexander.

 

—Por eso quiero que sea mi mujer —le sonrió sin ocultar la maldad de sus pensamientos—. Nada más divertido que casarse con alguien que solo quiere matarte ¿No es así mi dulce e inocente madre?

Es claro lo sarcástico de esa pregunta, sacándole en cara las atrocidades que había cometido aquella mujer por el supuesto "amor" al anterior monarca.

 

—Yo... no lo permitiré — señaló sobrecogida por la expresión de su hijo.

 

—No necesito tu permiso

 

Dio vuelta dispuesto a retirarse del salón pero antes de hacerlo se detuvo dirigiéndose ahora a su hermano.

 

—Esa misma advertencia va para ti, no intentes acercarte a ella —lo observó amenazante.

Iván sonrió con molestia.

 

—Digas lo quieras tus amenazas no me asustan.

 

Alexander lo contempló con fingida sorpresa antes de reírse y retirarse diciendo para sí mismo "Que familia más divertida". Pensaba seguirlo pero al sentir el brusco ruido del vestido de su madre volcó su atención hacia ella. La mujer se encontraba de rodillas en el suelo, sus manos tiemblan sin poder evitarlo, estaba segura que si hubiera dicho algo más su hijo mayor la hubiera matado ahí mismo, esa mirada de odio y maldad  le había causado aquella desagradable sensación. Levantó su mirada notando a Iván que se inclinaba para ayudarla a levantarse.

 

—Hijo, por favor, haz algo, mata a esa mujer...

 

—No puedo —la interrumpió sin mirarla.

 

Abrió sus ojos aún más fijándose en la pérdida expresión de Iván. Su mirada parece perderse en sus propios pensamientos. La Reina madre aprisionó la tela que se encontraba sobre su pecho mirando con desconsuelo a su hijo.

 

—Iván... tú no te puedes haber enamorado de esa mujer... no puedes.

 

Dirigió su atención a su madre con sorpresa, él no estaba enamorado, no lo estaba... pero cómo podía saber si esa sensación de vacío, de temor, esas ganas de tomar a Alejandra y sacarla de ahí pudiera ser que comenzaba a quererla. No es así, la atracción mutua entre ambos es solo sexual, y por su parte además la obligación de protegerla ya que él la había traído a este lugar.

 

—Disculpe, necesito retirarme —indicó inclinando la cabeza y saliendo de la sala ante la atónita mirada de la Reina.

 

Confundido apresuró el paso por el pasillo, nunca se había enamorado porque no lo deseaba, lo evitaba, no es algo que le trajera buenos recuerdos, el amar y ser amado solo son para sufrir infortunios y perder el control de su vida. Son estúpidas ideas de su madre agobiada por la indiferencia de su hijo preferido. Por ahora su mente solo está enfocada en la huida de esta noche, ya ha sacado al pequeño hijo de Helena de aquel palacio dejándolo en manos de personas de su confianza, así como intentar darle una decente sepultura a Helena. No olvida el dolor que siente por su muerte y por eso mismo debe salvar a Alejandra, no quiere que alguien más muera sin que él pudiera hacer algo.

 

El carcelero observó nervioso la hora, solo unos minutos más y vendrá su relevo. Odia estar ahí, odia estar cerca de la bruja, y escucharla cantar con una monotonía pasmante sucumbida en una locura que la hace caer en ataques de risa repentinas. Teme que su canto sea para maldecir a aquellos que pudieran oírla. Volvió a mirar hacia la puerta en donde vendrá su relevo, y escuchó la temible carcajada que le paraban la punta de sus cabellos, una risa burlesca, agónica como una especie de grito de ira cubierto con una siniestra risa. Tembló sin poder evitarlo, le habían contado que esa mujer había matado a varios hombres de un golpe reventándoles la cabeza con un solo grito.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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