La mariposa oscura

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Capítulo 18

Observó en silencio como su larga cabellera oscura era cambiada a un color castaño claro, una especie de nostalgia rodeó su mirada y se sintió extraña al mirarse al espejo y ver su rostro con aquel nuevo color, además sus ojos ahora verdes, luego de que le aplicaran una especie de gotas, la hacen ver tan distinta que no se siente muy cómoda aunque sabe que es lo mejor que pueden hacer hasta ahora.

 

Entiende que esto es para evitar que Alexander pueda encontrarla, y eso en parte la alivia, aun cuando no se acostumbraba a su nueva apariencia.

 

—Espero que ya estés listas, partiremos en un rato —indicó Iván con tono severo irrumpiendo en la habitación.

No pudo evitar que su atención se detuviera en aquella mujer, la verdad que no se ve mal, pero le gustaba aquella oscura cabellera que le daba un aire de rebeldía aunque al notar su mirada se dio cuenta que ahí sigue aquella chica salvaje que por ahora fruto del dolor y el miedo se encuentra encerrada tratando de esperar el momento propicio para volver a salir.

 

Alejandra abrió los ojos con sorpresa, sin entender el porqué Iván también ha teñido su cabello, y aquellas pupilas oscuras ahora son de un tono celeste que aun así no ocultaban la frialdad de su mirada pero si la suavizaba bastante, o bien tal vez aquella suavidad no es causado por el cambio de color sino que por algo más allá de lo que ella pudiera entender.

 

—¿Por qué tu....

 

—Iré contigo —la interrumpió.

 

—¡Pero vas a abandonar todo! —exclamó arrugando el ceño, no quiere sentirse culpable y responsable por tan drástica decisión.

 

—¡Claro que no! No seas tonta, por ahora solo evitaré a mi hermano, no quiero perder aún mi cabeza —respondió con sinceridad algo incomodo porque sin evitarlo se sonrojó nervioso frenando las palabras que estaban a punto de salir de su boca. Carraspeó inquieto.

 

—El plan es el siguiente —señaló Remigio sonriendo suavemente al notar el fastidio que se apoderó del rostro del príncipe—. Laurence junto a sus cómplices se encargaron de adquirir una pequeña cabaña, cercano al pueblo Rastagas. Es el pueblo más lejano del palacio, y es algo pobre, puede que no existan demasiadas comodidades pero estarás a salvo. Iván estará contigo ya que fingirán que son...  hermanos por lo que vivirán juntos.

 

—¿Solo Iván y yo? —preguntó Alejandra inquieta, es demasiada responsabilidad aceptar aquella ayuda tan grande, además ¿Podrían vivir tanto tiempo así? Él había sido un rey desde hace poco, ¿Como ahora viviría como un simple campesino?

 

—No te preocupes no será por mucho, Laurence se encargará de ubicarte en otro reino, tiene contactos y muchas personas conocidas, luego de eso espero que puedas vivir feliz por lo que te quede de vida —señaló Iván desviando la mirada con melancolía y amargura.

 

—Gracias... —murmuró bajando la cabeza, no entendió el porqué el escuchar que se separaran le produjo cierta sensación desalentadora, no se imagina vivir sola en un mundo en el cual aún no se acostumbra, e Iván a pesar de todo se ha transformado en uno de aquellas personas que la hacen olvidarse de que está perdida en este lugar, lamentablemente ya sabe que no tiene otra opción la anciana sacerdotisa ya le ha contado que no puede volver a su mundo porque en él ella está muerta.

 

Producto de esto la aflicción se apoderó de su semblante haciendo que entrecerrara los ojos sin poder evitar el largo suspiro que escapó de sus labios.

 

—Se que es difícil pero te acostumbraras a este lugar, y de seguro conocerás muchas personas que te quieran, hasta podrías casarte y tener hijo —agregó Remigio tratando de animarla.

 

Lo observó en silencio sin borrar su angustia, aun así trato de sonreírle pero al notar la seriedad del rostro de Iván inclinó la cabeza con expresión cansada. Si a él no le importaba, a ella no debería dolerle, apretó los dientes haciendo que su semblante se viera más seguro, y caminó detrás de ambos sin pronunciar otras palabras.

Afuera una carreta abierta con un solo caballo, los esperaba, es una de esas típicas carretas que utilizaban para trasladar paja. Mirándolo con curiosidad se acercó mientras Remigio la ayudaba a subir. No acostumbrada a esto se afirmó bien para evitar caerse. Iván subió a su lado y luego con una inclinación se despidió de todos.

 

—Me adelantaré con el resto de los preparativos de su casona para cuando pueda volver —agregó Remigio dirigiéndose a Iván.

 

Gabriela no quiso mirar a Iván cuando se despedía de todos, arriesgaba su vida demasiado y eso la molestaba, pero al sentir el relinchar de caballos y verlo alejarse levantó su mirada dolida y arrepentida de su infantil actitud.

Avanzaron en silencio, Alejandra observaba el paisaje evitando que su atención se perdiera en el hombre que está a su lado. El ambiente es bastante incomodo y teme que Iván la culpará de estar arriesgando demasiado solo por una concubina.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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