La mariposa oscura

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Capítulo 21

Para sorpresa de Alejandra cuando despertaba de su sueño se dio cuenta que iban camino hacia un pequeño pueblo, dirigió su atención asustada hacia Iván quien luego de mirarla con curiosidad sin entender qué le pasaba finalmente sonrió para tranquilizarla.

 

—No te preocupe, se bien lo que hago, además necesitamos algo de alimentos y dormir en una cama de verdad —indicó.

 

—Pero podrían vernos y...

 

—Es una buena oportunidad para nuestra representación de hermanos —le dio un beso en la frente ante la anonadada expresión— ¿O prefieres que comamos serpientes porque según se en esta área es lo único que podríamos cazar para comer?

 

—Dicen que es muy rica —murmuró tocándose la frente en donde aún siente la humedad del beso de Iván.

 

Se rió ante la ocurrencia de la mujer notando como esta se sonrojaba tocándose la frente con una actitud inocente.

 

— Te prometo que algún día te invitaré a comer carne de serpiente.

 

Entraron al pequeño pueblo, solo algunos los miraron con curiosidad al parecer están acostumbrados a recibir a extranjeros o personas que van de paso. Las tiendas abiertas desde temprano ofrecen frutas, artesanías, joyas de diversos valores y materiales, espadas, escudos, ropa y cosas que Alejandra nunca había visto en su vida. Varias personas hasta de vestimentas extrañas pasean por el lugar comprando en los locales del lugar.

 

Se detuvieron en una posada que estaba en el centro del pueblo, no es más grande que otras, de madera completa, techo de tejas y paja, y en cuya entrada se ofrece alcohol y comida. En su interior las risotadas y gritos llamaron la atención de la joven, un grupo de hombres parece celebrar algo. Los miró con curiosidad hasta que escuchó la palabra boda y su rostro se desencajó con lejanos y dolorosos recuerdos.


 

—¿Te sientes mal? ¿Quieres que pida nuestras habitaciones? Podemos comer ahí si lo deseas —le preguntó Iván preocupado al notarla más pálida.

 

Movió la cabeza afirmativamente desviando con rencor su mirada del grupo de hombres que celebraban el fin de soltería de uno de ellos. Quien los atendió fue un hombre de gran contextura, luego de observar a ambos extranjeros con una cara de poco amigo extendió la llave de una de las habitaciones que alquilaba.

 

—Las piezas están arriba, la del fondo del lado norte es la suya —respondió anotando en un libro el nombre inventado por Iván—. Mi mujer les subirá la comida, hoy tenemos carne con papas y maíz.

 

—Gracias —respondió entregándole una bolsa con monedas pagando el servicio y lugar.

 

Subieron las escaleras al segundo piso en donde están las habitaciones que ofrecían, les dieron una en donde había dos camas, como lo había pedido Iván. El lugar es humilde pero limpio y acogedor. Dejaron sus cosas y Alejandra se recostó en la cama con agrado. Necesitaba esto. La mujer del hombre del hostal no se demoró en llevarles la comida y bebidas. Apenas se fue Iván comenzó a comer notando que Alejandra miraba distraída por la ventana.

 

—Deberías comer algo —indicó ante el mutismo de Alejandra.

 

—No tengo demasiado apetito —respondió bajando la cabeza.

 

—¿Algo pasa? —le preguntó sentado frente a ella.

 

—Nada, solo que escuchar la palabra "boda" me trajo malos recuerdos —murmuró sonriendo.

 

—¿Tú te ibas a casar? ¿No es así? Siento haber hecho que te trajeran hasta este mundo... — Iván la contempló preocupado.

 

—Fue lo mejor —suspiró levantando la cabeza y aguantando las lágrimas—. De todas formas yo ya había suspendido mi boda —le miró sonriendo con tristeza—. Él me engañó. Recuerdo ese día me dejaron salir más temprano del trabajo, pase a comprar alimentos, quería prepararle una cena especial, darle una sorpresa. Pero cuando llegue a casa escuché ruidos extraños en nuestra habitación... me lo encontré desnudo junto a quien consideraba mi mejor amiga —apretó los dientes dejando las lágrimas fluir—. No le grité, no les dije nada, me miraron asustados mientras que yo solo movía la cabeza negando lo que acababa de ver. Lo escuche llamarme desesperado pero yo corrí y corrí, hasta que pude detener un taxi.

 

Iván apretó sus manos, tal vez su negativa a amar a una mujer era evitar conocer ese sufrimiento, el dolor de perder al ser amado, a ser traicionado, a ser herido por quien menos se espera. Sin embargo no puedo evitar sentir la necesidad de protegerla, de rodearla con sus brazos, pero se contuvo conformándose solo con sostener sus manos.

 

—Mientras me alejaba me llamó muchas veces... pero me negué a responderle y fue en ese instante donde se produjo el accidente que... me trajo aquí.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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