La mariposa oscura

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Capítulo 22

—Solo hasta aquí puedo acompañarte —señaló Laurence preocupado mientras ayudaba a la joven mujer descender del caballo.

 

La observó en silencio al ver su rostro tensarse al contemplar la altura en la que se encontraba el templo. Más no hubo queja de parte de ella, empuñó sus manos arrugando el ceño como si desafiara al largo camino que debe recorrer. Laurence le pasó una alforja de cuero curtido en cuyo interior hay alimentos, pan y queso.

 

—No te alejes del rió te ayudará a guiarte además que si sientes sed puedes beber de él —indicó en forma prudente—. Alejandra... cuídate, si te pasa algo e Iván llega a saberlo me matará —sonrió levemente con la intensión de aligerar la situación que los afecta.

 

—Gracias —musitó con gratitud—. No te darás cuenta cuando ya esté de vuelta con las buenas noticias.

 

Se despidió con rapidez dándole la espalda, no quiere que note que esta asustada por quedarse sola, no puede dejar que este temor se apodere de ella, si antes no temía moverse por su mundo no debería temer a este tampoco. Apretó el bolso de cuero con su mano derecha y comenzó a caminar en dirección al templo. Para su suerte el camino está construido y facilita seguirlo, además la calma del bosque pareció hipnotizarla y acallar la angustia que la consumía. Es un camino de piedras uniformes de color gris ubicada a unos metros del río, rodeado de arboles enorme y alfombra del verdor de las plantas que crecen en libertad bajo la sombra de estos viejos robles. El Sol que acaba de salir despliega sus tímidos rayos a través de las gotas cristalinas de humedad nocturna que hay en el lugar.

 

Se detuvo luego de caminar un par de horas de caminar sin descansar, no ha desayunado y eso le produjo un vació en el estomago que comenzó a molestarla. Se sentó sobre una roca irregular y comió en silencio rodeada solo por los chillidos de las aves que revolotean de árbol en árbol. Si no fuera por la imagen de Iván consumido por el dolor postrado en una cama podría disfrutar de la agradable sensación de tranquilidad que emana ese lugar. Tal vez si todo sale bien podría traerlo algún día a este lugar. Dejo de comer y siguió su camino dándose prisa por caminar más rápido y llegar lo más pronto posible al templo del Dios del manantial.

 

El camino es cortado abruptamente por varios lomos de piedras, que aun pequeñas sus puntas escarpadas resultan amenazantes. Suspiró preocupada por sus pocas capacidades físicas pero no puede dejar que esto le impida llegar a su meta. En su primera escalada no colocó bien sus pies sobre un sobresaliente cayendo con sus piernas encima de las duras rocas. Sintió un dolor inmenso, como un calor que rodeó sus huesos por dentro inhabilitándolos por unos minutos. En su segundo intento tuvo más cuidado pero esta vez fueron sus manos que cometieron el error, no fueron capaces de sostener su cuerpo y cayo de costado golpeándose las costillas, se quedo sin aire con miedo de haberse roto alguna de ellas. Al tercer intento, dándose un par de golpes extras en las rodillas logró finalmente escalar. Respiró agotada y quiso sentarse para descansar pero el terreno es tan escarpado que no hay lugar en donde reposar un poco. Notó como el nivel de la tierra ahora esta tan alejado del rio que ya no puede contar con este para calmar su sed, por lo menos tiene su cantimplora de cuero con suficiente agua, o bien eso es lo que espera.

 

Cuatro horas y el camino de piedras aguzadas no parece acabar, incluyendo además que el sol esta en lo alto del cielo y parece que intentará ahogarla con su calor, no hay sombra en donde refugiarse. Bebió agua racionalizándola al no ver otro camino adelante más que el color gris de las rocas. Le duelen sus piernas y sus pies, los calzados de este lugar no son tan firmes y seguros como los de su mundo por lo que una de sus zapatos de cuero de cabra ya yace roto. Caminó y caminó ignorando su estomago que comienza a rugir, arrastrando los pies ante el calor. Tropezó hiriéndose las palmas al caer. Solo un descanso, solo un poco más.

 

"¡Vamos! No te detengas"

 

No supo de donde vino esa voz ni tampoco se dio el tiempo de intentar averiguarlo, tal vez su inconsciente le esta jugando una broma, su cabeza esta demasiado caliente debido al sol. Se tomó toda el agua de su cantimplora con la firme convicción de no detenerse hasta llegar, debe salvarlo, no dejara a Iván morir.

 

Pero luego de dos horas más de caminata sus ansias fueron consumidas por el cansancio y la insolación. Se tambaleó y se dejo caer sin importarle lo doloroso que es estar sobre aquel escarpado terreno. Respiro jadeante observando a lo lejos como si temiese que este sea su final, sola, y dejando a Iván morir, entrecerró los ojos con tristeza.

 

"¿Te rindes tan fácilmente?"

 

—¡No! —respondió molesta a esa voz desconocida y que parece burlarse de su situación.

 

Aun cuando sus manos tiemblan debido al hambre y sed logró levantarse y siguió caminando tratando de mantener su equilibrio. Luego la oscuridad comenzó a amenazarla, sin el sol no podría ver su camino, además no hay Luna llena que pudiera guiarla. Tropezó cayendo al vacio y aunque la caída fue brusca sintiendo el húmedo pasto bajo su cuerpo, esta tan cansada y adolorida que solo cerró los ojos inevitablemente.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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