La mariposa oscura

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Capítulo 24

—¿Que es lo que escondes? —murmuró Alejandra arrugando el ceño aprovechando de salir del agua cuando Alexander se alejó de su lado.

 

Se secó con rapidez evitando que aquel pudiera observarla, aunque no le quitó los ojos de encima. La mujer tragó saliva poniendo se mano en su frente sintiendo su corazón aun latir con desesperación, la tortura aun sigue atormentándola aunque finge que no es así.

 

Alexander la observó con atención, le resultó agradable la postura de la joven, aun tiene el cabello húmedo y viste con ropas ligera, a pesar de que él acababa de darle un castigo por haberlo dejado y puede notar cierta intimidación en sus movimientos aquella no deja de observarlo en forma altanera y desafiante.

 

—Debería bastarte con que quiera criar a ese bastardo tuyo como si fuera mío ¿No entiendes mis buenas intenciones? —mencionó con ironía.

 

La mujer se mordió los labios conteniendo sus palabras venenosas y solo continuó secando su cabello mientras se pierde en sus pensamientos. Él miente, lo sabe, ni siquiera fue capaz de perdonar a Helena por aquel hijo que creyó ser de Iván, incluso despreocupándose de aquel pequeño, para ahora hacerle creer que se preocupara de este otro niño. ¿Cuál es la diferencia? ¿Su color de cabellos?

 

—Dejemos las cosas en claro —se acercó a ella sin que se percatará de esto hasta que estaba frente a Alejandra.

 

No alcanzó a esquivarlo cuando la empujó a la cama subiendo encima de ella reteniendo sus muñecas. Por un instante vio miedo en la mirada de la mujer, pero luego tornó a un odio que se esperaba, tal vez por ello Alexander sonrió triunfal.

 

—Hagamos este trato, ese hijo será mío, solo tú y yo sabremos la verdad, si alguien más llega a saber que ese bastardo es de Iván lo degollaré el día que des a luz ¿Qué te parece?

 

Lo contempló sorprendida antes de que molesta luchara para que la soltara.

 

—Tranquila, no te haré nada —indicó irónico—. Te dejaré descansar en paz hasta nuestra boda, además estas embarazada no debes sobresaltarte.

 

—Tú no haces esto por bondad ¡Algo planeas! y piensas utilizarnos para eso... —apretó los dientes con rabia y pataleó a pesar que no tiene mucho movimiento debido al cuerpo de Alexander que esta encima del suyo.

 

—Muy inteligente, mi futura esposa —y sin poder evitarlo, sin saber si su rebeldía contra él o esos ojos oscuro, lo empujaron a besarla a sentir esos labios húmedos que luchaban contra los suyos.

 

El doblegarla de esta forma le daba una excitación que no se esperaba, sus ansias de poseerla han aumentando en su ausencia, tal vez por ello su beso se intensificó entrando dentro de su boca a pesar de que la mujer intentó impedírselo, saboreó cada rincón prohibido notando como los latidos de su corazón aumentaban haciéndolo olvidar que había planeado no hacerla suya mientras estuviera en ese estado. Pero una brusca mordida de Alejandra lo hizo alejarse, la miró sorprendido viendo la sangre en el labio de la chica dándose cuenta que es la suya, la hubiera abofeteado si aquello en vez de excitarlo lo hubiera molestarlo, lo excitó de una forma violenta que le hizo reírse ante la estupefacta mirada de la joven.

 

—Agradece que estés preñada sino ahora mismo te violaría tan violentamente que aprenderías a respetarme. Mañana serás mi esposa, pasaras tu vida calentando mi lecho, así que anda acostumbrándote a tratarme como es debido —indicó con frialdad soltándola—. Acuéstate y duérmete. No quiero ver que tengas ojeras, no es bueno que el pueblo vea a su reina tan demacrada.

 

—Maldito —murmuró— ¡No me casaré contigo, y si osas tocarme te mataré!

 

Se devolvió molesto apretándole el cuello con furia, luego dándose cuenta que ella no puede respirar la soltó lentamente.

 

—No vuelvas a amenazarme, Alejandra, pareces que aun no te das cuenta de tu situación, se una buena mujer, obedéceme, y créeme que haré tu vida un paraíso, pero sí en cambio decides seguir desobedeciéndome será el peor infierno que te imaginas.

 

Se alejó en dirección a la puerta viendo satisfecho como gritaba fruto de la impotencia que siente contra aquel hombre. Porque además ella sabe que miente, ni aunque fue obediente siempre él buscaría de una u otra forma excusa para golpearla, maltratarla y torturarla.

 

Afuera lo esperaba Byron con gesto serio inclinó su cabeza ante su presencia, Alexander le sonrió satisfecho y bajo las escaleras seguido del hombre de cabellos blancos quien se regocijó ante la sonrisa de su majestad.

 

—¿Como estuvo mi señor? —le preguntó.

 

—Mejor de lo que esperaba, ahora necesito que mañana la tengan lista, bañada y perfumada ¿Puedes encargarte de ello? Quiero que la costurera este mañana a primera hora, no quiero atrasos en la boda —agregó esto último con severidad.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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