La mariposa oscura

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Capítulo 26

Despertó en medio de la oscuridad. La noche se ha engullido la luz por completo. Siente dolor en sus muñecas, dolor en su cuerpo, sabor a sangre. No recuerda mucho pero en imágenes fugaces ve a Alexander abofetearla hasta hacerle perder el sentido. Intenta cerrar sus ojos pero hinchados por los golpes le arden. Tiembla y no sabe si es por frio o por la situación en que se encuentra. Aquel infeliz la golpeó porque excitado por poseerla no pudo por su embarazo y frustrado desquitó su rabia golpeando su rostro hasta cansarse. Entrecerró los ojos dejando brotar lágrimas de agonía y odio. Y respiró agitada sintiendo como el resentimiento se acumulaba en su pecho apretando los dientes hasta que el vaso con agua a su lado se reventó. 


Asustada giró la cabeza al ver lo que había pasado con el vaso. Si tan solo... pero al sentir pasos cerró los ojos y fingió aun estar inconsciente. Unas manos la sostuvieron soltando sus muñecas de las ataduras de Alexander, y la dejo caer en la cama cubriéndola con el cobertor. 


—No es bueno que se enferme con este frio —habló Byron.


Salió y cerró la puerta. Alejandra no abrió los ojos hasta escuchar el ruido del candado al cerrarse. Se sentó con esfuerzo en la cama, de alguna forma debe salir de este lugar. No pudo dormir y no fue hasta la madrugada que recién pudo cerrar sus ojos

 

************************

 

Las sirvientas entraron sin delicadeza despertándola de golpe, sobresaltada solo contempló en silencio como le dejaban de comer sin mirarla, con la vista fija en el suelo, aunque la curiosidad por ver las huellas de los golpes del rostro de la mujer que las empujaban a cruzar las miradas en forma disimulada, es claro que han recibido órdenes de no hablarle ni mirarla, pero Alejandra a pesar de su dolor y humillación prefiere que vean para que todos se den cuenta de la bestia de rey que tienen. 

 

Con los labios partidos le costó mucho tomar la sopa caliente y aunque no tiene hambre come por él, por el bebé que lleva en su vientre, por el hijo de Iván. Comió en silencio y no pronunció palabra alguna ni siquiera más tarde frente a la modista ni a Daniela que notaron la violencia del monarca contra esta mujer. 

 

Eso sí, Byron por orden de Alexander desde ahora pasaba las horas en silencio dentro de la misma habitación contemplando los movimientos de Alejandra, pero ella solo leía o se quedaba por horas mirando por las ventanas de la torre, sin mostrar atisbos de rebeldía, aunque en su interior solo piensa en cómo salir de este lugar y como enfrentarse contra aquel tipo. Además que a causa de tener al perro fiel de Alexander pisándole los talones le complicaba el poder practicar el manejar el agua de los jarros y vasos de su habitación.


—Mi señora, el rey ha autorizado que pueda salir en las tardes unas dos horas al jardín —le indicó un día.
Era mejor que pasarse encerrada en esa torre, el aire fresco le haría mejor y le ayudaría a pensar más. El jardín al que fue llevada fue al exterior, y a pesar de haber arbustos de flores el campo abierto le permitía ver más allá.


Es por ello que en el jardín vio unos jóvenes aprendices practicar el uso de la espada, se quedo mirándolos en forma disimulada con expresión aburrida, esperando que Byron no notara su interés. Y cuando Alexander se confió haciendo que Byron ya no la acompañara durante las noches en vez de dormir Alejandra practicaba en su habitación, imitando los movimientos de los aprendices, intentando no hacer ruido con una vara de hierro que sacaba del armario en donde se colgaban sus vestidos. 
Días después, Byron entró acompañado de una sirvienta con un elegante vestido de color rojizo. Le sonrió ante la expresión estupefacta de la mujer.


—El rey quiere verte en el salón —exclamó el hombre—. Quieres que luzcas bien, así que he llamado a unas sirvientas para que te vistan y te peinen.


Luego de eso siguió a Byron por el pasillo, en silencio, el hombre no pronunciaba palabra alguna. Se detuvo frente a una enorme sala, al fondo sobre su trono Alexander contemplaba con expresión aburrida a una sacerdotisa inclinada en el suelo. Alejandra recordó que aquel era el mismo lugar en donde conoció a Iván, aquella primera vez que se vieron.


—Alejandra, tanto tiempo sin verte que siento que tu belleza llega a iluminar este oscuro salón —exclamó Alexander con ironía apenas la vio entrar a la sala.


Es Gabriela quien estaba a una distancia inclinada en el suelo. Por su rostro no parece que la situación sea agradable, aunque la sacerdotisa evitó mirarla.


—¿Qué pasa? —se preguntó Alejandra confundida.


El rey se acercó tomándole la mano mientras colocaba la otra en su vientre. Sintió repulsión.


—Quiero que des el aviso y que todos los ciudadanos lo celebren, esperamos a nuestro hijo al futuro rey...
La sacerdotisa los observó estupefacta, aunque es un alivio que la profecía se esté cumpliendo, sin embargo para la protección del futuro rey debe estar en el ceno de una familia constituía. Y a la vez para proteger a la hija del manantial debe ser elegida reina como lo pide la profecía.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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