La mariposa oscura

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Capítulo 27

—Esa mujer es un peligro, lo vuelvo a repetir —se quejó la reina.


Alexander sentado a su gusto abrazado a una mujer se burló de su madre. Sostiene una copa de vino en su mano viendo su propio reflejo.


—¡¿Por qué me ignoras?! —la reina apretó los dientes perdiendo la paciencia.


—La copa la rompí yo, estaba enfurecido —le respondió con tranquilidad jugando con el liquido del vaso.


—Solo es una cualquier —murmuró la mujer que estaba abrazada del rey. Aquella llevaba su cabello color miel suelto y tan largo. Sus ojos azules se entrecerraron dejando ver las largas pestañas oscuras por el maquillaje


—Espero que no te arrepientas por no escuchar a tu madre, lo mejor es que ni siquiera el bebé que lleva en su vientre nazca.


—Madre —Alexander le dirigió la mirada endureciéndola, la mujer lo miró sobrecogida por su expresión—. Soy un hombre adulto, soy el rey, y no alguien que tema a una mujer pequeña que solo es capaz de alterar una simple copa de vino. Un rey no teme ¡Nunca debe temer! Esa mujer la tengo aquí —mostró la palma de su mano— ella no respira sin que yo no lo note ¿Entiendes?


Se puso de pie.


—Además, siento curiosidad de porque insistes tanto que ese niño no nazca, y otra cosa una hija de manantial como tú me extraña que no posea las mismas habilidades que la insignificante Alejandra   ¿Que fue lo que hiciste madre para ser castigada sin poderes?


La reina palideció al escucharlo y bajó la cabeza sin responderle


—No vuelvas a seguir insistiendo con el tema, no quiero tener que dañar un cabello tan hermoso —tomó uno de los mechones del largo pelo de su madre tomando su aroma—. Vamos Fátima, es hora de que atiendas a tu rey


La mujer mencionada se levantó sonriendo seductoramente y se alejó rodeando el brazo de Alexander, contemplando con cierta malicia el rostro estupefacto de la reina madre.


****************


Alejandra y Byron salieron a su habitual paseo en el jardín. La mujer tomó asiento en una banca de piedra bordando en silencio, observando disimuladamente a los soldados que practicaban lucha y espada. 


—¿Desde cuándo eres sirviente de este tipo —preguntó sin mirarlo al hombre de cabellos claros al notar que este la contemplaba desconfiado, tal vez ha notado su interés por las practicas de los soldados y busca hablarle para distraerlo y que no pueda darse cuenta de sus intenciones.


El hombre sonrió en forma mordaz.


—¿Tiene interés en conocerme o solo busca tener más información para luego escapar? 


—¿Escapar a donde? —le preguntó con inocencia luego arrugó el ceño—. Ni siquiera se a donde ir
Le pareció sincera y lo fue en ese instante, de verdad que aunque huyera no tendría donde ir, es seguro que Iván ya no se encuentra en el lugar de antes y aunque estuviera ahí no sería tan tonta de revelar su escondite.


—Sinceramente me desilusiona —habló Byron sin mirarla—. Pensé que lucharía más, no se resignaría con tanta facilidad.


—No es resignación —lo interrumpió colocándose la mano en el vientre—. Es protección...


Porque sabe que si intenta escapar es seguro que Alexander la golpearía con violencia sin importarle causar daño a la criatura que lleva dentro de sí. Incluso podría llegar a matarlo y algo tan preciado, el fruto de sus días felices junto a Iván no puede arriesgarlo de esa manera. No sería capaz después de mirar a Iván a la cara y decirle que perdió al hijo de ambos por arriesgarse de esa forma.


Escuchó los gritos de unos soldados y al voltear vio como uno de ellos se movía tan ágil con la espada que vencía con facilidad a los demás, no pudo evitar quedar anonadada con aquella maestría. Pero cuando sintió los fríos dedos que por atrás rodearon a su cuello apretándola sin dejarla respirar giró su rostro encontrándose con el furibundo rostro del rey.


—¡Asquerosa! —le gritó—. Así que tu idea de salir al jardín solo fue para mirar a otros hombres.


—Señor —volteó Byron de inmediato—. Eso no...


—¡¡Cállate mierda!! —le gritó sacudiendo a Alejandra y acercándola a su rostro agregó—. Te olvidas que eres mía, ¡Te olvidas que al único hombre que puedes mirar es a mí!


Y dicho esto le aforró un puñetazo en el estomago. La mujer tropezó y no cayó al suelo porque Byron la sostuvo a tiempo.


—Mi rey, el bebé... —replicó el hombre de cabellos blancos.


—¡Te dije que te callaras! —exclamó descontrolado.


Alexander con los ojos enrojecidos de ira tiró Alejandra con brusquedad agarrándola del cabello.


—Y tu, estúpida mujer, por tu culpa no esperaré que des a luz, te voy a hacerme mía hasta que me supliques que me detenga —la amenazó.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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