La mariposa oscura

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Capítulo 32

—Las aguas están inquietas —murmuró la anciana—. Se cauta y prudente, hija mía —le advirtió observándola fijamente con sus ojos claros.


Unos pasos que interrumpieron la quietud que embargaba los calabozos la obligaron a voltear y antes de que se preparara a lo que se encontraba frente suyo se llevo las manos a la boca sin alcanzar a evitar que el horror se apoderara de ella. Alexander con el rostro cubierto de sangre la observa en una forma desquiciada que la obligó a retroceder. Observó el agua del pocillo con que había estado practicando y tuvo la idea de intentar detenerlo utilizando lo que acababa de aprender pero recordó las palabras de la anciana " Se cauta y prudente", no puede utilizar un poder que apenas esta aprendiendo a usar y más aun darle pistas a este hombre de que estaba aprendiendo a controlarlo.


—¿Que... significa esto? —preguntó Alejandra arrugando el ceño temiendo que dicha sangre fuera la de Iván.


—Son las consecuencias de cuando me traicionan —respondió en forma amenazante.


Trago saliva y lo contempló con un odio inevitable, si esa sangre es de Iván lo mataría, de una forma lo vengaría. Por eso cuando él intento tocar su rostro golpeó su mano rechazando el contacto. Molesto la agarró con brusquedad de la muñeca, Alejandra levantó su otra mano no con intenciones de abofetearlo sino que utilizar su poder pero cruzo su mirada con la anciana deteniendo su actuar notando como ella movía su cabeza a los lados como señal de que no es el momento.


—¿Qué haces mirando al vacio de esa forma? —la interrumpe Alexander sacudiéndola confundido por la atención de Alejandra hacia una celda desocupada.


—¿Vacio? —le responde contemplándolo como si estuviera diciendo algo extraño.


—Estas enferma —masculló con asco observando las condiciones de la celda— ¡Byron! Saca a esta mujer de aquí y que vuelva a la torre, llama al médico y que este presentable en menos de media hora.


—Sí, señor —responde Byron de inmediato.


—¿Que es lo que estas planeando?... —Alejandra apretó los dientes preocupada por los planes de aquel desquiciado hombre.


—Cállate Alejandra, estas llevándome al límite de mi paciencia,  no puedo herirte más en tu estado, pero si sigues cuestionando mis órdenes te cortaré la lengua y sabes perfectamente que soy capaz —la amenazó conteniéndose, luego de lo que había pasado con Fátima y su madre, sus ansias de matar y dañar apenas lograba controlarlas.


Fue llevada devuelta a la torre en donde estaba la habitación que utilizaba. La visitó un medico que solo le diagnostico delirio momentáneo, ¿Es que acaso la anciana que la ayudo solo había sido producto de su imaginación? Estaba segura que eso no era así, y además de que tampoco Alexander fingiría no verla frente a sus hombres corriendo el riesgo de que dudaran de su cordura. ¿Y si era él? ¿El dios de manantial? Ahora que lo pensaba bien la anciana tenía el mismo color de ojos del hombre que la ayudo a buscar el templo, ¿Podía ser que ambos fuera la misma persona?. Aun dudaba que un dios hablara con ella pero no encontraba otra explicación.
Observó en silencio como las empleadas trataban de limpiar desesperada el lodo impregnado en el blanco vestido de novia que lleva encima y que se había ensuciado en los calabozos.


—¿Por qué no mejor me traen otro vestido? —les preguntó y ambas la miraron sin entenderla.


—Una novia debe casarse con su vestido correcto —respondió una de ella ante la actitud reprochable de su compañera.


—¿Casarse? ¿Yo? ¡Pero de qué demonios hablas! —Alejandra se levantó de golpe retrocediendo nerviosa pensó que habían suspendido la boda ¿Acaso no era así?


La puerta se abrió y Alexander seguido de Byron y de un sacerdote entraron a la habitación.


—Ustedes serán las testigos de la ceremonia.


—¡No me casaré contigo! —apretó los dientes controlando su ira, siente su cuerpo arder del odio que la consume.


—¡No es cosa de que quieras o no! —le gritó agarrándola de la muñeca y arrastrándola a su lado mientras ella luchaba contra él.


Su mirada se detuvo en la fuente de agua cercana, podía usarla con lo que había aprendido, extendió su mano.


— "¡Aún no!" — escuchó la voz de la anciana en su cabeza.


¿Qué quiere decir con esto? ¿Su mente otra vez jugaba con ella? ¿O aquella anciana realmente existe y le esta diciendo que aun no esta lista?. Se dio cuenta que Alexander la miraba estupefacto como sigue con su mano extendida hacia la vasija. Probablemente ha cometido una torpeza, él no debe saber que ella esta aprendiendo a controlar las aguas cuando aun su control sigue siendo de una principiante. Desvió su mano hacia los otros objetos a su alrededor dando la apariencia que su intención es agarrar cualquier cosa con la cual pudiera golpearlo.
Alexander pareció creer su actuación y la siguió arrastrando hasta estar frente al párroco que lo miraba inquieto.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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