La mariposa oscura

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Capítulo 33

—Señor, más hombres se han unido, son pueblerinos eso sí —señaló Laurence con una semi sonrisa.


—Bien —respondió Iván mirándolo por unos momentos—. Todo hombre es valioso.


—Más aun para tu estrategia —agregó Remigio contemplando el mapa que hay sobre la mesa.


Iván sonrió con seguridad observando los claros ojos de su hermano mayor. Esta tenso por la situación en que se encuentran, aunque ansioso de probar la estrategia que han planeado en días.


—Alexander ha estado días sin aparecer así que debemos estar atento ya que en cualquier momento podría atacarnos —indicó con seriedad arrugando el ceño.


—Sí, he dado el aviso a los vigías —habló Laurence con una sonrisa segura.


Iván colocó su mano en el hombro del joven soldado.


—Gracias —se dirigió a ambos—. Gracias por acompañarme en esta peligrosa aventura.


—Triunfaremos a tu lado o moriremos juntos —Remigio le sonrió.


—Señor, disculpe la interrupción —apareció otro hombre—. Pero afuera hay una mujer que dice que quiere hablar con usted.


—¿Una mujer? —preguntó Iván curioso y preocupado, no era habitual que una mujer se metiera en un campamento rodeada de hombres.


—¡Iván, debes detener esto! —Gabriela entró con impaciencia a la tienda de campaña en donde se encontraban.


—¿Qué haces aquí? —la contempló sorprendido y preocupado.


Gabriela arrugó el ceño molesta acomodando la capa de tono oscuro que cubría su cabeza y sus ropas. Iván tensó su rostro al sentir que la joven mujer se estaba poniendo innecesariamente en peligro aunque le inquietó sus palabras.


—¿Pueden dejarnos solos? —indicó sin quitar su mirada de la sacerdotisa. Cuando los demás salieron de la tienda, la observó con expresión severa—. Es peligroso que estés aquí.


—Vengo a detenerte antes de que produzca la caída del reino —Gabriela se acercó tomando sus manos—. Iván deja a esa mujer, ella le pertenece a Alexander.


—Claro que no —quitó sus manos con brusquedad—. No permitiré que Alexander siga haciéndole daño a Alejandra.


Gabriela se mordió los labios ante la terquedad de Iván.


—Ella está destinada a estar con él, te suplicó Iván que te detengas, déjala ir —intentó tocarlo pero él se alejo de su lado.


—No, no lo haré —la miró fijamente sin ocultar su molestia.


—¡Estas condenándonos! Sí ella no le da un hijo a Alexander la maldición caerá sobre todo, moriremos ¡Deja de estar obsesionado con esa mujerzuela! —le gritó perdiendo la paciencia.


—Por esa "mujerzuela" que tú dices yo ahora estoy con vida —habló con sequedad—. Y no, yo no estoy obsesionado con ella. La verdad es que yo... la amo.


—¿Qué? —Gabriela sintió a su pecho oprimirse ante la confesión de su hermano.


—Así es, amo a Alejandra y por eso no la dejaré —habló con seguridad.


—Aun cuando la ames ¡No puedes ser tan egoísta de condenar a todo el reino! —reclamó la sacerdotisa con rabia.


—¡No me importa! —le gritó—. He vivido toda mi vida por el reino y si ahora he de ser egoísta por querer a mi lado a la mujer que amo ¡entonces que sea así! —golpeó la mesa que estaba a su lado con un puño.


—¡No puedes hacernos eso! Iván no...


—¡Laurence! —la interrumpió con brusquedad.


El joven soldado se hizo presente de inmediato.


—Lleva a la señorita al santuario y que no le permitan volver a salir —indicó Iván dándole la espalda.


—No quería decirte esto —Gabriela apretó los dientes—. Pero esa mujer ya está esperando un hijo de Alexander.


Iván detuvo sus pasos, estupefacto, tragó saliva pero siguió dándole la espalda ¿Embarazada? ¿Del infame de su hermano? Colocó sus manos en sus sienes pensando en el dolor de Alejandra.

 

Gabriela quiso seguir ahí pero Laurence la tomó a la fuerza subiéndola a sus hombros y salió de la tienda dispuesto a cumplir la orden. Apenas salieron Iván suspiró pensando detenidamente en la noticia que acababa de darle, se sirvió un poco de agua pero al final terminó lanzando el vaso contra el suelo.


—Perdóname, Alejandra, perdóname por demorarme tanto, pero ya estoy aquí, no temas, iré por ti muy pronto.


Suspiró empuñando sus manos.

—Iván —señala Remigio entrando a la tienda—. Los vigías han logrado ver al ejercito de Alexander, está en el lado norte, al parecer planea rodearnos.



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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