La mariposa oscura

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Capítulo 36

Por la gran cantidad de soldados que se desplazaban de un lado a otro se dio cuenta que ir a la frontera no iba a ser fácil y que incluso podía resultar más peligroso de lo que se esperaba, decidió regresar hacia el pueblo. Cabalgó con calma para no llamar la atención y además inquieta a los extraños movimientos de aquellos hombres, ya que ahora también se paseaban alrededor del pueblo como si buscaran a alguien. Espera no ser ella la persona que buscan.


Se detuvo frente a una posada, decidió que lo mejor es pedir una habitación y quedarse encerrada hasta que tenga la oportunidad de salir del pueblo. Es un lugar pequeño y limpio, un hombre regordete la saludó con cordialidad, deteniéndose en las oscuras cejas del joven que esta frente a si. Pero luego recordó que entre las mujeres es muy popular colorearse las cejas con colores oscuros, aunque en hombres antes no lo había visto. Por suerte no lograba ver su cabello ya que su frente la ha cubierto con un pañuelo de tono marrón y el resto del cabello estaba bajo un negro sombrero.


—¿Desea comer algo? —le preguntó luego de contemplarlo con fijeza, demasiado para Alejandra.


—¿Que es lo que recomiendas? —le respondió engrosando su voz.


Su voz no sonaba como un hombre pero si al de un adolescente por lo que el hombre creyó que era así.


—El consomé de verduras y pollo, le queda excelente a mi mujer —agregó orgulloso mostrando una gran sonrisa.


—Bien, tráeme consomé, pan y agua —señaló Alejandra—. Una consulta ¿Tiene habitaciones para hospedar?


—Claro, me quedan dos, son tres kiroas por día...


La puerta se abrió de golpe y un chico de unos trece años entró al lugar, esta visiblemente emocionado.
—¡Dicen que el príncipe Iván acaba de asesinar al rey! —gritó.


—¡Calla la boca! —le reprendió la mujer del dueño de la posada que salía de la cocina secando sus manos con un paño—. Sí te escuchan podrías meternos en problemas.


—No se preocupe doña Engracia, si hay puros soldados fieles al príncipe —mostró su larga hilera de dientes—. De todas formas los rumores dicen que nuestro único y verdadero rey es Iván.


—Sí, lo sabemos, muchos estan llamando a revelarse contra el actual rey. Aun así todos sabemos que el rey Alexander es de cuidado, hace un tiempo dijeron que el príncipe Iván había fallecido y resulto no ser así, por lo que te aconsejo cautela, ya sabes que si el rey descubre que estas celebrando su posible muerte puedes condenarnos a prisión a todos —el hombre de la posada se acercó al muchacho—. Te aconsejo mantener la cautela.


El chico movió la cabeza afirmativamente aunque claro por su rostro revela que no es fácil contener su emoción. Alejandra dirigió su atención hacia la ventanas ¿Es cierto aquello? ¿Podría volver al palacio? Sin embargo un mal presentimiento le impide hacer esto, algo le dice que es mejor quedarse en el lugar que se encuentra.
La lluvia comenzó a caer. El vapor de la sopa que tiene un olor agradable se levanta hacia el cielo de la estancia, hay algunas personas más pero la mayoría mantiene silencio tal vez por la incertidumbre de lo que pudiera estar pasando en el palacio. Alejandra saborea con placer su comida el sabor de esta parece borrar sus inquietudes por un momento ya que le recuerda su infancia, a sus comidas junto a su padre. Repentinamente un grito interrumpe la tranquilidad del lugar, parece ser que soldados enemigos se encontraron en las calles y han comenzado a pelear. Sin embargo esto no dura mucho y el silencio parece devorarse nuevamente las expresiones preocupadas de quienes se encuentran en el lugar.

 


**************************

 


La noche se acerca y la lluvia se intensifica más mientras Iván intenta obtener rastros de donde se encuentra su hermano. Arruga el ceño ante las malas noticias que le traen sus soldados, no hay ninguna pista que pueda indicarles hacía el lugar en donde Alexander se encuentra. Se levanta inquieto y pasea por la estancia de un lugar a otro. Remigio lo contempla preocupado, aun cuando mantiene sus esperanzas de que Alexander se ha ido lejos y no planea volver jamás a este lugar, sin embargo conoce su actitud vengativa y entiende la preocupación de su hermanastro menor.


El viento soplaba con fuerzas y las gotas golpeaban las ventanas de la pequeña posada, una tranquilidad que solo fue interrumpida por el brusco despertar de Alejandra. Se sentó en la cama sudando, había tenido una pesadilla, en la cual Alexander se unía con otros de sus hombres y se dirigían a una represa solo con la intención de destruirla. Se colocó las manos en la cabeza aun confundida y luego abriendo los ojos con espanto se vistió con rapidez. Corrió hace la sala del comedor pero no había nadie en el lugar más que la oscuridad y el frio, había dejado de llover, suspiró y se apoyó en una de las sillas, estaba cansada no por lo que aquel sueño le había provocado sino por su propio estado.


—¿Joven? —murmuró la dueña del hostal acercándose con una vela—. ¿Está bien?



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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