La mariposa oscura

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Capítulo 37

Iván no puede creer lo que está pasando y toma sus cabellos, desesperado, viendo como el rio destruye todo su pueblo, pero su dolor y angustia son por perder a Alejandra. Se dejo caer de rodillas y golpeó el suelo sin importarle el daño que se hace en sus puños, gritó y lloró con desconsuelo ante el silencio y congoja de sus hombres que no pudieron evitar las lagrimas ante el sincero dolor de su monarca.


—¡¡Alejandra!! —gritó Iván—. Yo no quiero a otra mujer, no quiero a otra de cabellos oscuros, solo te quiero a ti ¡Porque eres a la única que amo! solo a ti, solo a ti...


Y apretó los dientes perdiendo el control, quiso arrancar sus vestimentas, maldecir, y aun así la congoja aumentaba en su pecho. Cuando hizo el ademán de lanzarse al rio Remigio lo afirmó junto con los otros hombres deteniéndolo.


—¡Tu no lo entiendes! —le gritó Iván enfurecido.


—Sí, lo entiendo, se lo doloroso que es —le murmuró afectado—. Por eso estoy intentando contenerte porque por ahora es lo único que puedo hacer, lo siento —entrecerró los ojos con dolor.


Iván miró hacia el cielo y cerró los ojos llorando desconsoladamente y dejo de luchar dejándose caer al suelo rodeado por los brazos de su hermano, Remigio.


—Esto no es justo... — murmuró.


El galope de un caballo acercándose llamó la atención de Remigio quien levantó la mirada encontrándose con Laurence que estupefacto los contempla.


—¿Y Alejandra? —preguntó, Remigio movió la cabeza negativamente—. Maldito infeliz —apretó los dientes intentando contener sus emociones—. Voy a matarlo apenas lo capture...


—¿De qué hablas?


—He recibido información de algunos hombres de que vieron a Alexander merodear cerca de la represa, al parecer es el causante de esto. Ha huido hacia el oeste con intenciones de llegar a Alexia y...


Iván se levantó del suelo y su fría mirada detuvo las palabras de Laurence, sus ojos enrojecidos de dolor parecen acrecentarse ante las ansias de venganza contra su hermano mayor.


—Préstame tu caballo, Laurence —indicó y ante el silencio del fiel soldado levantó la voz— ¡Te lo estoy ordenando!


—Iván, no estás en condiciones de... —intentó Remigio de detenerlo.


—Déjenme ir, es la única forma de acallar este dolor y evitar que Alexander siga haciendo más daño ¡Soy su Rey, obedezcan! —lo interrumpió con la mirada fija en él.


Remigio resignado solo bajo la cabeza mientras que Laurence le entrega su caballo y su espada a Iván.

 


**********************

 


Cabalgó desesperado, sintiendo sus manos temblar por el descontrol de sus sentimientos, por momentos el dolor pasa al dejarse engañar por su propia mente que aun no cree en la muerte de Alejandra, pero luego se da cuenta que esa si es la realidad y entra en una desesperación no propia de quien estaba acostumbrado a controlar sus emociones.


—Te esperaba —ironizó Alexander cruzando los brazos.


—¡Maldito! —exclamó Iván bajando del caballo con su espada en la mano dispuesto a pelear.


Alexander levantó las cejas contemplando el dolido rostro de su hermano.


—¿Qué pasa? ¿Descubriste que esa mujer te engaño conmigo y el hijo que espera es mio? —agregó con cizaña.


—Alejandra murió —masculló con rabia tensando su rostro.


—Vaya... —se colocó serio—. No eran mis planes que falleciera, bueno en fin no hay nada que hacer —indicó con una ligereza que molesto a Iván—. Pero el ver cómo has llorado o como te duele su muerte vale la pena —sonrió.


Iván sin decir más palabras empezó a atacarlo con su espada siendo respondido de inmediato por Alexander.

 

Ambas espada chocaron con fuerza, y aun cuando sus fuerzas son similares, el evidente estado de congoja de Iván lo hace más torpe facilitando los golpes de Alexander, quien aprovechando una instancia no duda en darle una patada tan fuerte en el vientre botándolo al suelo.


—¿Humillado? —se burló.


El príncipe lo contempló con aborrecimiento lo que produjo que la rabia de Alexander se agolpara de tal forma en su cabeza que no dudo en darle una patada en el rostro que lo hizo caer de espaldas y la sangre brotó de su ceja haciendo que obligadamente cerrará uno de sus ojos.


—Siempre quise verte así, humillado, herido, dolido —indicó Alexander con una mueca de odio.
Iván se levantó con esfuerzo del suelo.


—¡¿Que mierda te he hecho para que me odies así?! —le gritó sin entender ese rencor de Alexander contra él.

 

—¿Que fue lo que hiciste? ¡Nacer! ¡Vivir! Porque si tu nunca hubiera nacido jamás me hubieras arrebatado a Gabriela, el amor que sentía hacia ella



A.L. Méndez

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En el texto hay: aventuras, amor, medieval

Editado: 25.03.2018

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