La Mascota del Vampiro

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La voz de Joseph Roman fue fuerte y severa cuando dijo;

—No se quedará– apuntando a la cachorra de lobo.

—Su nombre es Cassandra– Vladimir habló con tranquilidad.

Joseph era un vampiro de más de cinco mil quinientos años que no aceptaba la insubordinación. Había sido líder del clan Roman desde que tenía cuatrocientos años y a pesar de que el paso de los años ya se le notaba en las facciones estoicas, en realidad seguía siendo tan vibrante y mandón como siempre.

Joseph rara vez veía o hablaba con sus hijos. En realidad tenía más de cincuenta hijos pero sólo Dimitri, Romina, Alice y Vladimir eran los reconocidos, el resto habían nacido fuera del matrimonio.

—Los cambia formas lobos no son dignos de vivir siquiera cerca de nosotros– tronó el hombre —somos vampiros de primera generación, nosotros no nos involucramos con seres inferiores– mientras hablaba sus gestos se iban haciendo más y más severos, casi escalofriantes.

Vladimir suspiró agotado. La cachorra quien ahora tenía por nombre Cassandra, pasaba la mayor parte del tiempo en su lado animal y sólo se transformaba en niña humana en presencia de Vladimir.

Justo ahora enseñaba los colmillos y soltaba ligeros rugidos hacía Joseph quien la veía desde arriba con superioridad.

—No lo harás, no te saldrás con la tuya– sentenció el mayor.

—Me quedaré con ella, a no ser que quieras que rompa el compromiso con Victoria–.

—¿Me estás amenazando?– Joseph entrecerró los ojos —de todos modos tu matrimonio con Victoria está cerca del abismo– exclamó resignado.

Vladimir hizo un gesto de inconformidad.

—Me quedaré con ella– ahora hablaba con más firmeza, caprichoso y mimado.

Casi como si estuviera de acuerdo con sus palabras, Cassandra ladró y se sentó sobre los pies de Vladimir.

—No seas insensato– rugió Joseph —esas cosas no pertenecen aquí. Apestan, son ruidosos, podrían atacarte, viven mucho menos que nosotros...– enumeró.

Vladimir se puso en pie y Cassandra lo imitó.

—Me quedaré con ella a no ser que quieras que Samantha se entere de que la muerte de su familia no fue precisamente un accidente, no querrás que sepa la verdad de por qué enviaste a Vernon para eliminarlos–.

Los ojos de Joseph sufrieron un leve estremecimiento, su mandíbula se tensó visiblemente y una especie de chasquido retumbó alrededor cuando sus puños se apretaron hasta que sus nudillos tronaron de ira.

Vladimir salió de la habitación sonriendo al saberse vencedor con Cassandra caminando detrás de él.

Dimitri y Romina creían que Vladimir era el favorito por ser el menor de ellos pero la verdadera razón por la que Joseph lo dejaba salirse con la suya era mucho más simple de hecho; él sabía muchos secretos oscuros de su padre.

—¡Joven amo!– Samantha llegó hasta él con las mejillas sonrojadas mientras respiraba con dificultad.

Cassandra brincó al frente, ladrando a la chica quien la observó con desagrado.

—¿Te has metido en problemas por mi culpa?– quiso saber, analizando a Samantha de arriba abajo.

—Nop, no se preocupe por mí– sonrió ella.

La forma encorvada en la que su leal compañera se encogía la delataba. Había sido sometida a azotes sin duda.

Los golpes sanarían rápido, después de todo Samantha seguía siendo un poco vampiro pero seguramente sentía un dolor terrible.

—¿En verdad se quedará con esa bola de sarna, joven amo?– Samantha parecía preocupada.

—Por supuesto– Vladimir lanzó una mirada a la cachorra de lobo que rondaba sus piernas atenta y vigilante. —Su nombre es Cassandra–.

—¡¿Le puso el nombre de su difunta abuela?!– chilló Samantha, conmocionada —creo que es una falta de respeto para la ama Cassandra, que en los abismos de la oscuridad descanse–.

—En lo absoluto, en realidad a la abuela Cassandra le encantaban los cambia formas lobos– sonrió Vladimir y siguió avanzando por el corredor.

—Al igual que a la ama Alice– suspiró Samantha, arrepintiéndose al instante —perdón–.

Vladimir frunció el ceño, molesto.

—No la menciones en mi presencia– pidió y Samantha obedientemente acató la orden, siguiendo sus pasos y lanzando una mirada nerviosa y desconfiada hacía la loba que los seguía.



Lynn Vale

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En el texto hay: sobrenatural y romance

Editado: 25.04.2019

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