La Mirada de Callum - Libro 2 de El Ángel en la Casa -

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Capítulo 2

Amanda entró en la oscura tienda de Crawley seguida de Callum. Al cerrar la puerta tras ellos ahuecó las manos a los labios para calentárselas con su propio aliento. A pesar de los guantes le dolían los huesos por la fría humedad del día. El invierno anunció su temprana llegada aquel con un aire gélido poco común en octubre.

—Menudo año nos espera —exclamó la señora Abbott, la tendera, al verlos—. He tenido que pedir que encendieran los braseros en los dormitorios esta mañana para atrevernos a salir de debajo de las mantas.

Amanda asintió, pensando en las pobres sirvientas que no tenían más remedio que salir de la cama para encender los braseros de sus señoras y caldear los cuartos para hacer sus despertares más soportables. La mayoría de ellas ayudadas por silencios siervos masculinos a los que nadie preguntaba si tenían frío.

Tales pensamiento nunca antes habían cruzado por su cabeza, al menos no hasta que Callum llegó a su vida.

—¿Qué te ha obligado a venir al pueblo tan temprano en una mañana tan gélida? —volvió a preguntarle la tendera con una sonrisa expectante.

Amanda dio un paso hacia el mostrador.

—El desayuno —bromeó. Había pasado casi un mes desde que lograra salir de la cama, y aunque no tenía ganas, se obligaba a bromear y a socializar un poco todos los días—. O más bien la falta de desayuno. No nos queda nada de té en casa.

La señora Abbott frunció los labios y se llevó las manos a las caderas.

—Pues me temo que no puedo ayudarte. Llevan un gran retraso en el pedido de té, y no saben explicarme el por qué. He intentado contactar con otros proveedores, incluso de Londres y nadie tiene té. ¡Es como si se hubiera evaporado!

Amnda frunció el ceño.

—Eso es muy extraño.

La tendera alzo las manos.

—Ni que lo digas. Eres la tercera que viene pidiendo té hoy. Tengo la impresión de que en dos días no quedará ni una sola taza de té en todo Crawley. ¿Cómo se supone que vamos a pasar este horrible invierno sin té?

Amanda inclinó la cabeza ante lo que escuchaba.

—Deme un bote de cacao de Fry´s entonces y me pasaré otro día de esta semana a por el té —pidió sin darle más importancia —. Y esas galletas de paquete azulado.

La señora Abbott asintió, mientras se giraba para buscar el cacao en sus abarrotadas estanterías.

—Debería llegar pronto.

Amanda saldó su cuenta con la tendera y salió de la tienda. No había dado dos pasos por la calle principal de Crawley cuando se topó con Jenny Hopkins´, una vieja compañera de escuela, con las mejillas rojísimas del frío. la muchacha miraba hacia el suelo con el ceño fruncido.

—Cielos Jenny, ¿a dónde vas tan concentrada?

La muchacha alzó el mentón al escucharla y miró a Amanda sorprendida.

—No te había visto —explicó esbozando una ligera sonrisa que deshizo su ceño—. Iba a correos para enviar esta carta a mi tía. Anoche me llegó una carta suya de lo más desalentadora, y le llevaba la respuesta.

—¿Está todo bien?

Jenny apretó los labios en una mueca de fastidio.

—En realidad no. Mi tía vive en Milton, donde trabaja en una fábrica de algodón —comenzó a explicarle—. Iba a conseguirme un puesto en su fábrica para que por fin pueda dejar este aburrido pueblo y ganar algo de dinero; pero en su última carta me dice que ya no van a contratarme.

Amanda asintió atenta.

—¿Y por qué no?

—Al parecer han cerrado los puertos de China para el comercio Británico. Los chinos ya no van a comprarnos más algodón, y por lo tanto le sobran trabajadores a los patrones de mi tía.

Amanda tragó saliva.

—Eso explica lo del té —dijo más para sí misma. Jenny la miró confusa, y Amanda sacudió la cabeza para que no le hiciera caso —. Hay otras fábricas en Milton…¿por qué no pruebas en alguna que no sea de algodón? Les falta mano de obra porque los hombres no trabajan demasiado bien…ya sabes, por la bacteria.

Jenny asintió con vehemencia.

—Lo sé, pero no conozco a nadie en esas otras fábricas —se mordió el labio pensativa—. Quizá pueda quedarme en casa de mi tía, mientras visito fábricas en busca de trabajo.

Amanda asintió con las cejas alzadas. Odiaba la idea de vivir en un lugar como Milton, frío y lleno del humo industrial, y abandonar la tranquilidad y el clima de Crawley. Pero Jenny parecía ansiosa por cambiar de aires y buscarse una ocupación.

—¿Cómo llevas tú tu lucha por la liberación masculina? —le preguntó Jenny a su vez—. He oído que has ido a un par de manifestaciones en Londres.

Amanda asintió y suspiró derrotada.

—Sí, pero me da la impresión de que estamos perdiendo el tiempo.

—Leí tu artículo en aquel periódico…me hiciste llorar Amanda —la muchacha sacudió la cabeza con la confesión—. Desde entonces siento cierta curiosidad cuando miro a Charles, y me pregunto que hay dentro de esa cabeza. Quizá si proponen otra votación…



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Editado: 11.10.2018

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