La Mirada de Callum - Libro 2 de El Ángel en la Casa -

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Capítulo 9

Noté un cambio en los hombres, sobre todo en los jóvenes. Al principio no estaba seguro de qué se trataba, pero entonces, por la noche echado sobre mi cama observándolos charlar sobre una realidad de la que no sabían nada, lo comprendí. Les habían dicho exactamente lo que necesitaban escuchar para ser borregos fáciles de liderar. Les habían dado una explicación apaciguadora en la que su esclavitud había sido fruto de la mala fortuna, al mismo tiempo dejándose así mismas como las benevolentes cuidadoras y que había logrado salir adelante a la vez que cuidaban de ellos. En el discurso la sargento no había olvidado dejar caer lo poco que valían para la sociedad, como si el siempre hecho de ser persona no fuera suficiente para ser un ciudadano con todas las de la ley.

Pero había funcionado, los muchachos tenían el sentido de valor propio por los suelos, y estaban deseosos de conseguir la ciudadanía. Motivados incluso. Les habían dado un propósito es su vacía existencia y para cumplir ese propósito tenían que obedecerlas.

Seguíamos siendo esclavos, pero con la ilusión de una libertad que no existía y que adivinaba cada vez más lejana.

Era brillante.

Las odié por ello.

Al principio me preguntaba constantemente qué opinabas tú de todo eso, ¿dónde estabas? ¿si pensabas venir buscarme? Pero tales pensamientos me hacían sentir mal, no sé explicarlo... sabes que me confundo con estas cosas. Era un vacío en el centro de mi pecho que amenazaba con devorarme por dentro. Era algo oscuro que teñía mis sentimientos por ti de dolor y algo que picaba.

Por eso me forcé a no pensar en ti, al menos no de esa forma. No podía evitar recordar nuestras conversaciones más divertidas, las risas que habíamos compartido, la suavidad de tu piel, el tacto de tus labios... Me mantuvo cálido en aquel horrible infierno de nieve.

Los dos primeros días en el campamento, fueron agotadores. Nos entrenaban incesantemente de sol a sol en el uso de la espada, los revólveres y la equitación en batalla.

Los muchachos no se daban cuenta de que el ritmo de entrenamiento no era normal, pero yo lo sabía. Sabía que Alexandra había hablado de enviarnos a china, que nos había despertado por una razón, y que no nos entrenaban para darnos un oficio, sino para enviarnos directos a la guerra.

Emma me tenía en especial consideración, y charlaba conmigo cuando ninguna de ellas se dignaba a hablar demasiado con los hombres; pero nunca respondía a mis preguntas más atrevidas; y yo sabía guardarme de parecer demasiado enterado.

No obstante, me había explicado que a nuestro alrededor había más campamentos de entrenamiento de soldados masculinos. Algunos ingleses, los demás alemanes, holandeses y franceses. Pues toda Europa había adoptadolas mismas medidas tras la curación.

A veces le hacía reír, y notaba su propia sorpresa ante mis signos de inteligencia e ingenio, y aunque mantenía una fría distancia, sabía que estaba empezando a agradarle.

No me relacionaba con las demás mujeres. Nos trataban con una fría altivez que no hacía más que acrecentar mi enojo. Los muchachos eran muy inocentes, y a menudo me daba cuenta de que no eran más que niños dentro de los cuerpos de hombres en distintas edades; y a pesar de que su conversación era muy limitada, a menudo me encontraba riendo entre ellos y viviendo una especie de hermandad de lo más gratificante.

Aun así, te echaba tanto de menos que me dolía. Era extraño estar rodeado de centenas de personas y que nadie lograra llenar el vacío que habías dejado. Ninguno me hacía sentir que mi cuerpo vibraba emocionado, ninguno me hacía sentir tan despierto.



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En el texto hay: elangelenlacasa, callum, amorprohibido

Editado: 11.10.2018

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