La Mirada de Callum - Libro 2 de El Ángel en la Casa -

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 21 parte 1

 

Os pido disculpas. He trabajado hoy y he estado todo el dia fuera de casa. No he podido terminar el capitulo: por lo tanto, subo la primera mitad hoy para cumplir con mi horario de los domingos y subiré la segunda parte en los próximos días en cuanto termine de escribirla.

Gracias por leer!

 

Le temblaban las piernas cuando salió del restaurante, y la piel de la espalda le picaba como si el mismo demonio fuera tras ella. Aunque sabía perfectamente que Callum no iba a salir a buscarla, no tendría sentido que lo hiciera después de haber mandado a Alexandra a hacer su trabajo sucio con la única intención de no verla.

Por suerte, su carruaje estaba nada más cruzar la calzada. Saltó al interior y cerró la puerta apresurada.

—¿Y bien? —preguntó Jane, que la había estado aguardando en el interior.

Amanda abrió la boca para responderle airada. Necesitaba desahogarse con su amiga, pero se quedó muda al notar un cuerpo gigantesco sentado a su lado.

—¿Ian? —inquirió sorprendida—¿Qué demonios haces aquí?

El muchacho tenía un aspecto deplorable, estaba despeinado, sus ropas arrugadas como si hubiera dormido sobre ellas y tenía la piel excesivamente pálida.

—Lo he visto llegar al hotel con esta fachada... —informó Jane, mirando al joven con reprobación—. Ha pasado la noche fuera, haciendo a saber qué.

Ian tenía la frente fruncida y los labios apretados, y se mostraba tan enfurruñado como un niño.

—No es de tu incumbencia —espetó, mirando a Jane con irritación—. No eres mi niñera.

—¡Oh, pero que me aspen sino necesitas una! —rebatió Jane—. Vendrás con nosotras para que podamos asegurarnos de que no acabas en un fumadero de opio o muerto en un callejón.

Ian se cruzó de brazos y Amanda se hubiera reído ante la actitud infantil de alguien tan gigante si no fuera porque nada podía sacarle una sonrisa. El joven se giró hacia Amanda, pero se mantuvo pegado a su ventanilla, al parecer no tan interesado como la noche anterior en acercarse a ella. De hecho la contemplaba enfadado.

—Vas a encontrarte con otro hombre —acusó, y la recorrió de arriba abajo con sus ojos, como si su atuendo fuera una prueba más del delito.

Siguió la mirada del joven. Era evidente que se había arreglado para la cita...una cita en la que la habían dejado plantada. Como de patética debió de parecerle a la Sargento Remington. No le extrañaría que en esos momentos se lo estuviera contando a Callum mientras se reían de ella.

—Es muy cruel, obligarme a presenciarlo —continuó Ian, reclamando su atención al presente.

—No voy a encontrarme con ningún hombre —rebatió Amanda, y su tono áspero llamó la atención de Jane, que la interrogó con sus ojos.

Amanda se llevó una mano a la frente y sacudió ligeramente la cabeza, dando a entender que no quería dar más explicaciones.

—Se ha acabado —se limitó a murmurar, mirando por la ventanilla—. Vámonos, no quiero que Cassandra nos aguarde en la estación.

Jane sacó la mano por su ventanilla y golpeó el lateral del coche, indicándole al conductor que reanudara la marcha.

En el traqueteo del coche, Ian apoyó la espalda contra el lateral para poder contemplar a Amanda con la fijeza con la que solía hacerlo cuando no era más que un soldado herido.

—Hoy tratabas de competir en belleza con el sol —le dijo tras un instante.

Jane soltó una risa burlona y el joven le echó una mirada envenenada, pero eso no hizo más que acrecentar las carcajadas de la muchacha.

Molesto, Ian giró el tronco para sentarse correctamente y se volvió hacia su ventanilla para contemplar el paisaje.

Amanda agradeció el silencio, y lo aprovechó para cerrar los ojos. Estaba tan cansada como abatida. De todas las escenas terribles que se había imaginado, que Callum ni siquiera apareciera, no era una de ellas. No estaba segura de si la odiaba por no haberlo salvado, o si le era tremendamente indiferente ahora que tenía un sinfín de mujeres y amigos con los que pasar el rato. Fuera lo que fuera, no pensaba volver a verlo nunca. Tendría que congelar su corazón hasta lograr no sentir nada en absoluto por su ex siervo. Pero a juzgar por el motín de emociones conjurándose en su interior le iba a tomar años lograrlo.

El carruaje tardó más de lo esperado debido al ajetreado tráfico de las calles Londinenses, y cuando al fin llegaron Amanda estaba terriblemente preocupada, al imaginar a su hermana pequeña sola con su niñera en el abarrotado andén de esa caótica ciudad. Se apresuraron en salir del carruaje y alcanzar el andén que una de las trabajadoras les había indicado. Serpentearon los cuerpos de los viajeros que se habían apeado y avanzaban hacia la salida, y pronto divisó a la niñera de Cassandra. Estaban de pie, aun junto al tren con un maletín desgastado en cada mano. Miraba hacia abajo, con el moño despeinado tras las horas reclinada contra el respaldo del vagón. Estaba segura de que al seguir la dirección de su mirada encontraría a su hermana, pero sus pies se detuvieron en seco al ver la espalda de un hombre acuclillado frente a su hermana.



Beca Aberdeen

#803 en Novela romántica
#279 en Otros
#60 en Novela histórica

En el texto hay: elangelenlacasa, callum, amorprohibido

Editado: 11.10.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar