La Mirada de Callum - Libro 2 de El Ángel en la Casa -

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Capítulo 21 parte 3

—Este es el lago Sepentine, y divide Hyde Park de los bonitos jardines de Kensington. Luego daremos una vuelta por los jardines e incluso podemos ir a ver los barquitos de Round Pound —Callum alzó su mirada de la niña al escuchar los cascos de un caballo aproximándose.

Al seguir la dirección de su mirada vio que se trataba del joven que lo había acompañado en la estación, aquel que había tenido la suerte de tener como ama a la magnífica Emma.

El muchacho desmontó a pocos metros de ellos y ató las riendas de su montura a las ramas bajas pero gruesas de un árbol. Callum pareció animado al verlo llegar y Amanda se preguntó que clase de relación habían tenido los tres. La ama, el antiguo siervo y el nuevo amante.

Entre los dos, tendieron un par de mantas sobre la tierra junto a la ribera del lago, y de la enorme cesta que el muchacho había traído sobre su regazo sacaron lo que resultó ser el perfecto manjar para un picnic.

Amanda contempló admirada como Callum y su amigo depositaban sobre las mantas clangers de carne y mermelada y pastis de Cornualles con una pinta deliciosa que hizo que su estómago reaccionara recordándole que no había comido nada durante su almuerzo con Alexandra.

¡Incluso habían traído botellas de vino!

No quedaba duda que Callum ya no era el joven infantil e inexperto que se había llevado del Andronicus, sino alguien capaz de planear un picnic en el lugar más bonito de Londres.

Jane le dio un pequeño codazo, haciéndola reaccionar y dejar de mirarlo embobada.

—Sigue así… —le susurró su amiga, guiñándole un ojo con gestos exagerados—, nunca sospechará de tus sentimientos si lo miras boquiabierta y babeante.

Arrugó el entrecejo molesta.

—No babeo —protestó intentando mantener el tono bajo, pero sin sonar sospechosa. Jane se limitó a reír y avanzar para sentarse sobre la manta de cuadros rojos y negros que le recordó a los picnics que de pequeña había hecho con su familia en Escocia.

Cassandra se sentó sobre el regazo de su amiga mientras reían por algo que miraban en la tierra a su lado. Amanda torció el gesto disgustada, los insectos no le parecían nada divertidos, por lo que revisó la parcela de tela donde iba a sentarse. Cuando elevó su rostro se encontró con la mirada fija de Callum y se le cortó el aliento. Sonrojada se quedó atrapada por sus ojos hasta que lo vio alzar una ceja, y se dio cuenta entonces que él tenía la botella de vino abierta e inclinada en la mano y esperaba a que ella le acercara su copa.

Azorada, se apresuró en coger el vaso para acercárselo pero tiró otra copa en su nerviosa torpeza. Por suerte la lana de la tela evitó que se rompiera. Mirando para los lados, se llevó la copa de vino a los labios, mientras no sentía asco sino envidia por los insectos que permanecían ocultos en la hierba a su alrededor. ¡Como le hubiera gustado ser uno de ellos!

Ian resurgió de entre los árboles entonces, alto y fornido como era llamó la atención de todos. Llevaba un manojo de margaritas en sus manos y se acuclilló junto a ella extendiendo el ramo.

Amanda alargó la mano para cogerlo, pero Ian chasqueó la lengua y negó con la cabeza una vez.

—No son para ti… —le susurró con media sonrisa maliciosa, antes de añadir más alto—. Bella Gertrudis, he traído algo para combinar con tu diminuta y tierna belleza.

Dicho eso alargó el brazo con el ramo hacia la joven y lo plantó frente a su rostro, obligando a Amanda a echarse un poco para atrás. Se refrenó de poner los ojos en blanco ante su burda intento de ponerla celosa. Pero entonces Gertrudis empezó a estornudar repetidamente, de forma casi compulsiva. Le arrancó el ramo de la mano, entre estornudos y le golpeó la cara con él antes de tirárselo contra el pecho.

—¡Idiota, soy alérgica! —espetó en el breve lapso en el que logró hablar.

Callum le ofreció su pañuelo, siendo el perfecto caballero listo para salvar la situación y la soldado lo usó sonoramente para aliviar sus fosas nasales.

Ian parecía desconcertado y alzó ambas manos en son de paz.

—No lo sabía.

Amanda no pudo evitar reírse de él, y aun más cuando él le echó una mirada despechada. Se lo merecía por ofrecer flores y alabanzas sin sentirlo de verdad.

Sin decir nada más, el escocés se irguió y dio la vuelta por detrás de Jane y Cassandra para sentarse junto a William, que era lo único que se interponía entre él y una Gertrudis que le echaba dagas con la mirada.

Degustaron la deliciosa comida mientras Callum les narraba lo ocurrido en la batalla de Sinope. Amanda contempló su perfil anonada a veces y pesarosa en otras ocasionas, pues sabía que Callum estaba censurando su narración por el bien de la inocente Cassandra, y podía solo imaginarse lo terrible que habrían sido ciertas partes. Quería preguntarle más detalles, quería saber como lo había vivido, como le había afectado…si aun lo hacía, pero no se atrevió a dirigirse a él, pues él no la miraba en absoluto.



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Editado: 11.10.2018

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