La Mirada de Callum - Libro 2 de El Ángel en la Casa -

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La fiesta parte 2

Se perdieron entre la marea de cuerpos del salón principal hasta llegar a uno de los balcones, donde Sally rompió a llorar desconsoladamente. 

Amanda la abrazó mientras que Jane soltaba varios improperios sobre Phillippe y los sobrevalorados hombres sanos en general. 

—Jane... —advirtió Amanda, mirándola por encima del hombro de Sally—. No creo que eso ayude. 

—Es la verdad, desde que hay hombres sanos, tú y Sally os sentís miserables ¡Estaban mejor antes! Calladitos me gustaban más. 

Sally se separó de Amanda y se froto los ojos. 

—No, no quiero un esclavo. Prefiero estar sola a tener a un hombre obligado junto a mí.  

Amanda le frotó la espalda a su amiga. 

—Él no te conoce Sally, no tiene ni idea de lo maravillosa que eres, de lo mucho que alegra tu compañía. Además, no quieres a tu lado un hombre tan insensible y superficial. 

Sally asintió, mordiéndose los labios, y mirando hacia el bonito jardín que había bajo el balcón. 

—Yo tenía una idea de él... de cómo sería estar juntos y charlar. Educar a Sofie juntos. 

Amanda le frotó los hombros y la miró directamente a los ojos. 

—Tú le conoces a él, tanto como él a ti —razonó—. Sé que sientes que has perdido algo esta noche, pero en realidad no has perdido nada porque nunca le conociste. Nunca fue una verdadera compañía. 

Sally comenzó a carcajearse entre lágrimas. 

—Amanda, ¿tu consuelo es que ya estoy acostumbrada a estar sola? 

Los hombros de Amanda se hundieron un poco al ver que estaba fracasando en disipar la negatividad de Sally. Pero al menos se estaba riendo. 

—¿Llamas estar sola a tener a ese angelito de Sofie como hija y semejantes conexiones sociales? —se burló Jane, señalándose a sí misma y a Amanda. 

—¿Qué haría sin vosotras? —exclamó Sally al fin y les dio un abrazo grupal.  

Amanda cerró los ojos con una sonrisa, estaba segura de que Sally se repondría, era una mujer fuerte y equilibrada. Cuando volvió a abrir los ojos divisó algo que había estado allí todo el tiempo, pero que no había notado. 

—¡Plumas de ganso! —chilló, y sus amigas la miraron sorprendidas. 

Amanda señaló a una señora que estaba sentada en una de las sillas que se habían dispuesto junto a la puerta que comunicaba con el balcón. La mujer se abanicaba mientras reía con su acompañante y las plumas de su sombrero se agitaban con el movimiento.  

—Donde contonean plumas de ganso descubre Amanda un inminente hallazgo —les recitó, enseñándoles el camafeo abierto. 

—¿Es la segunda pista? —inquirió Jane, mirando de pequeño colgante a las plumas del sombrero. 

Llenas de curiosidad, se apresuraron en acercarse a la señora.  

Amabas mujeres interrumpieron su animada charla al darse cuenta de que había tres muchachas paradas frente a ellas y contemplándolas fijamente. 

—¡Oh, no! —se lamentó Amanda al reconocerla. 

La mujer cuyo sombre tenía plumas de ganso era nada más y nada menos que Amelia Whipple. La misma a la que Callum había golpeado con su propio paraguas en la panadería de Crawley 

 Amelia frunció el ceño primero y después la reconoció. 

—¡Señora Fairfax! —chilló entusiasmada. 

Amanda gimió interiormente al escuchar el tono agudo de su voz. Aquella mujer era insufrible y ella... ella iba a asesinar a Callum. 

—¡Señora Whipple! —la saludó de vuelta fingiendo entusiasmo—. Que sorpresa encontrarla en Londres, tan... tan lejos de Crawley. 

Intercambió una mirada desesperada con sus amigas mientras Amelia les aseguraba conocerlas también de Crawley, y hacerles preguntas entrometidas.  

—Mi hija Elizabeth vive en Londres y tiene una importantísima conexión con la sargento Brown. Por eso hemos sido invitadas de honor a esta celebración de nuestros magníficos regimientos.  

La famosa Elizabeth de la que Amelia tanto aleardeaba le sonrió orgullosa a su madre y alzó el mentón antes de proseguir: 



Beca Aberdeen

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En el texto hay: elangelenlacasa, callum, amorprohibido

Editado: 11.10.2018

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