La Mirada de Callum - Libro 2 de El Ángel en la Casa -

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Capítulo 27

Green Park era lo suficiente frondoso y extenso como para que Amanda lograra olvidar que estaba en medio de Londres, y transportarse por un instante a los terrenos de Crawley. Acababa de amanecer, por lo que no se cruzó con demasiada gente en su paseo matutino, y eso también era algo que extrañaba de Crawley. Sentía la frente pesada y le escocían los ojos porque apenas había dormido esperando la llegada de Callum. Pero allí estaba, a las siete y media de la mañana tras horas de luchar contra la sábanas, dando un paseo para intentar disipar la nube negra sobre su cabeza. 

Si algo parece demasiado bonito para ser verdad, al final resulta que lo es. 

¿Y qué iba a hacer ella ahora? ¿Anular el matrimonio? ¿Intentar razonar con Callum sobre sus tendencias libertinas? 

No creía ni por un instante que fuera capaz de domar la naturaleza salvaje de Callum.  

Una retorcida parte de ella se había repetido durante toda la noche que si lo hubiera denunciado nada más notar que no estaba infectado por la bacteria ahora no estaría sufriendo de esa forma. No estaría sufriendo porque no lo amaría. 

Amar a un hombre era peor que tener un terrible resfriado, porque al menos con el resfriado,aunque se encontrara fatal, sabía que pronto mejoraría, pero Amanda no estaba segura de que jamás pudiera sacarse a Callum de la sangre. Él la había cambiado para siempre. 

Intentó fijar su atención en el precioso paseo que la llevó directa a las puertas de Backingham, pero su cabeza la traicionaba constantemente. De hecho, se sorprendió al ver el lago con cisnes y patos del parqueSt James. 

—Ahí estás. 

Se le heló la sangre al escuchar la voz de Callum a su espalda. Había temido cruzárselo al salir de casa, pero en ningún momento había esperado que la encontrara allí, perdida entre los árboles de dos inmensos parques. 

No se dio la vuelta, sino que mantuvo la vista fija en la familia de cisnes que surcaban el agua del lago. 

Lo escuchó aproximarse y se tensó ante el inminente encuentro. 

—¿Por qué has madrugado tanto después de la fiesta de ayer? —La abrazó por detrás, aprovechando que no pasaba nadie en ese momento, y le dio un beso en la mejilla. 

Su corazón se disparó ante el contacto y se traicionó así misma dejándose fundir un poco contra el muchacho.  

¿De verdad era tan débil? 

No fue hasta que percibió el olor de la noche y el polvo del camino en las ropas de él que logró reaccionar.  Le apartó los brazos, y dio un paso hacia delante colocándose justo en la orilla del lago. 

—No te atrevas a tocarme —lo instó y se dio la vuelta para encararlo. El muy idiota se atrevió a mostrarse sorprendido—¿Crees que voy a permitir que me toques después de estar toda la noche fuera a saber con quién? 

Callum pestañeó sorprendido. 

—¿A saber con quién? — repitió confuso—. Estaba con William... 

—¿Y has dormido con William también? —le espetó ella, poniéndose furiosa—. ¿O piensas que me voy a creer que habéis estado en un pub charlando inocentemente hasta las seis de la mañana? 

Callum la miraba con los labios entreabiertos y los ojos arrugados. 

—¿Por qué te pones así? 

Amanda alzó  el dedo índice hacia su cara para que supiera que iba enserio. 

—Si crees que voy a quedarme en casa mientras tu salesa... pasar la noche con Marie Anne y compañía, es que no me conoces en absoluto —le espetó amenazante. 

—¿Marie Anne? —repitió Callum     aún más confuso. Alzó las palmas de la mano— No he visto a Marie Anne esta noche...¿quién te ha dicho... 

No pudo soportarlo, le golpeó el pecho con una mano mientras le gritaba: 

—¡Me da igual como se llame, Callum! Me da igual si es una, o dos o quince mujeres al mismo tiempo...¡no voy a aceptarlo! Anularé este matrimonio hoy mismo. 

Esperó su reacción, pero el muchacho se limitó a contemplarla boquiabierto con las manos aun alzadas, hasta que pareció darse cuenta de algo y su cara se transformó con una sonrisa incrédula. 

—¡Estás celosa! —la acusó como si acabara de entender algo maravilloso. Soltó una carcajada entonces y la señaló—. ¡Me mentiste! Me hiciste creer que los celos eran parte de la “oscura y malvada” naturaleza masculina, pero mírate, estás furiosa porque piensas que he dormido con alguien esta noche.  

Volvió a reírse, mientras Amanda fruncía el ceño indignada. Se puso frente a él, y comenzó a darle manotazos en los brazos de pura rabia, pero eso no hizo más que hacer que el joven se riera aún más cuanto más fuera de sí la veía. 

 —¡Te odio! ¿Cómo puedes reírte de mi dolor?  



Beca Aberdeen

Editado: 11.10.2018

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