La muerte más bella

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VI

Eso era justamente lo que había imaginado: un matadero.
Aquella galería estaba totalmente cerrada desde la última visita de su dueña, hace dos días. La seguridad de edificio había reportado fallas en el sistema de seguridad justamente hace tres día, por lo que negaron el paso de cualquiera que no estuviera registrado en el nómina de empleados. Por lo tanto, había algo realmente extraño, el guardia de turno, encargado de la vigilancia en la noche dónde se perpetuaron los hechos, desapareció, o eso fue lo que dijo la esposa de éste hace un día en la fiscalía.
Esa era toda la información que Kast había recabado en los últimos minutos. 
El piso estaba completamente cubierto de aquel líquido carmín cómo sí hubiera intentado pintar o decorar de forma macabra aquel sitio. Había manchas con bastantes irregularidades en la pared, pero a pesar de eso no era lo que me intrigaba, lo que me había desconcertado era la cantidad de sangre que había en el sitio. A pesar de ella se subiera desangrado en éste sitio, no justificaba el río de sangre que estaba viendo.
El equipo de peritos tuvo que limitarse a ingresar a dos de sus encargados, era imposible caminar por aquel sitio sin llegar a comprometer alguna pista. 
Los peritos lograron encontrar rastros de material piloso cerca de la caja fuerte que se encontraba en la oficina de la galería, aquella caja fuerte estaba completamente vacía. 
Tomaron muestras de las huellas dactilares para realizarle la correspondiente lofoscopía en el laboratorio, revisaron cada superficie de los vidrios que resguardaban los objetos de mayor valor y cada cuadro que había fue retirado cómo muestra para realizarle los análisis de compatibilidad sanguínea, en los que había rastro de sangre.
Tomaron, exactamente diecisiete muestras de sangre que fueron comprobadas cómo sangre humana, lo raro de esto es que algunas muestras estaban más coaguladas que otras, eso en definitiva mostraba más de una sola escena.
—Teniente, debe venir urgente—gritó Kast desde el otro lado de la galería—. Mire dentro de esa bodega.
Al parecer había una falla eléctrica dentro de aquella "habitación" que funcionaba cómo bodega. Tomé una de las linternas de los peritos y entré con sigilo, tratando de no tropezar o pisar algo pero el suelo producía un pesado chapoteo, la sangre que estaba regada en aquel sitio sólo nos llevó hacia el cuerpo sin vida de uno de los guardias.
Tenía una gran magulladura en la parte lateral de su cabeza, lo cual había dejado casi todo el rostro desfigurado. La ropa del guardia estaba destruida y debajo de esos restos de tela había una gran abertura en el pecho de éste.
—Llama al Dr. Chapman, necesito que vea esto—dije al alumbrar el rostro de Kast.
—Pero aún está en la morgue, no creo que llegue.
—Pues dile que venga, no te estoy preguntando dónde está. 
El olor de aquel cuerpo era casi insoportable y al buscar un pañuelo en mi bolsillo dejé caer la linterna. 
— ¡K—Kast!—grité horrizada al ver aquello.
Un cuerpo decapitado en la esquina de la habitación, se mantenía imponente en su lugar ayudando a la putrefacción del lugar.
Tomé la linterna y me acerqué al cuerpo, buscando con desesperación la cabeza de aquel cuerpo sin resultado alguno.
—Kast, ¿Dónde está el forense?—grité mientras caminaba por la habitación—. Necesito a alguien de criminalística, ¡ahora!
—Teniente, cálmese un poco, el forense está en camino.
—Cómo no fuiste el que se asustó... Calla y ven.
—Créame que sus gritos asustan a más de uno—soltó una leve risita al entrar—. Aquí estoy, no llore por favor. 
Sentí su mano en mi hombro para luego sentir sus brazos rodeándome. Su respiración se sentía muy cerca a mi oído. Se sentía incómodo pero sólo le dio un golpe en la cabeza.
—Suéltame, no me dejas respirar. 
Volví a concentrarme en la habitación, alumbrando cada parte de la habitación hasta que noté que había una escalera escamoteable. Halé aquella pequeña cuerda, dejando caer la escalera y consigo la cabeza del cuerpo, rodando por las escaleras hasta quedar junto a mis pies.
—Ve por el forense, ya—musité levemente.
Alumbré aquella cabeza y tenía una expresión de horror, una magulladura en la cabeza que a simple vista parecía pro mortem.
— ¡Hagan silencio!
Un pequeño chirrido resonaba en toda la habitación, trataba de seguir aquel sonido pero era completamente difícil. Parecía que venía de afuera pero nuevamente me regresaba al interior de la habitación. 
Al llegar al pie de la escalera, levanté levemente la mirada y empecé a subir poco a poco, el sonido se hacía cada vez más fuerte.
—Kast...—susurré—. Llama al escuadrón anti bomba. 
—Entonces, baja de ahí, tonta—la voz de Kast sonaba estruendosa.
La mano de Kast tomó mi tobillo con fuerza antes de halar de el y tirarme por las escaleras, cayendo sobre él.
Un estruendoso sonido evitó que empezara a quejarme, sólo sentí los brazos de Kast abrazándose con fuerza y parte del techo cayendo sobre nosotros. 
Las voces de los peritos se escuchaban demasiado lejanas, cortantes pero sobre todo, aquellos bloques me impedían levantarme.
—Teniente, ¿me escucha?—la voz de Kast parecía lejana a pesar de estar bajo mi cuerpo— ¿Teniente Frank?
—Sí, duele...



Alenna Schwarz

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Editado: 19.02.2018

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