La muerte más bella

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VIII

Había recibido algunas llamadas desde el laboratorio de dactiloscopia, de genética y desde el departamento forense.
Al parecer, el cuerpo de Van Der Rohe había sido retirado por uno de los empleados del señor Rosenzweig. Las huellas digitales no coincidían con las huellas de la caja fuerte pero sí coincidían con las huellas que habían encontrado en la sierra eléctrica que había sido utilizada para decapitar a Felipe Jaime. Al resto de huellas le practicaron un palmetograma, ninguna de las huellas coincidían con la de los, en ese entonces, seis sospechosos.
Pedí que los cinco sospechosos principales vinieran para volver a interrogarlos mientras buscaban al sexto sospechoso, que se había identificado cómo Miguel Soler.
Antes de ir a la sala de interrogación, fui al laboratorio de genética.
Fred estaba la puerta del laboratorio y, prácticamente me haló hacia el interior del laboratorio, cerrando la puerta tras de nosotros.
— ¿Cómo estás?—susurró Fred al tomar mi rostro entre sus manos, dejando suaves besos sobre mis heridas—. Niña tonta, siempre terminas lastimada. 
—Son cosas del trabajo, ya me acostumbré 
—reí levemente antes de apartarme un poco—. Entonces, ¿por qué tantas llamadas? —Hicimos nuevas muestras de ADN, había algunas manchas de sangre cerca de la caja fuerte y no pertenece a ninguna de las víctimas pero—uno de las analistas me entregó uno de los documentos de comparación—. Hay una coincidencia del cincuenta por ciento con el ADN de Patch Rosenberg. 
— ¿Un familiar?—dije totalmente escéptica— ¿Qué cromosoma predomina? 
—El cromosoma Y, pero debido a varios puntos de comparación, el ADN de la muestra pertenece a su padre.
—Su familia es de Alaska, vinieron de tan lejos para... ¿matar? Además no hay nadie extraño que haya entrado a la galería...
Fui inmediatamente hacia mi oficina pero me detuve en el camino a ésta al ver que había llegado Anya Ivanova. Le pedí que fuera a mi oficina y cerré la puerta tras de mí.
—Entonces, ¿fingimos que nada pasó y me relata todo desde el principio, señorita Ivanova?
Me senté frente a ella, cruzando mis brazos y mirándola fijamente. Noté cómo sus ojos castaños de un lado a otro hasta bajar levemente la mirada, soltando un pesado suspiro.
—Pues...—guardó silencio por unos minutos antes de retomar—. Daniel y yo íbamos a casarnos hace siete meses, pero la boda no sé llevó a cabo. Encontré a Daniel besando a Caroline, casi sobre ella en la habitación, ella forcejeaba con él pero aún así, empecé a odiarla porque Daniel se enamoró de ella. Caroline me negaba que correspondiera a los sentimientos de Daniel pero me cegué completamente por los celos y le dije lo primero que se me ocurrió a Emrah, así que el rompió el compromiso con Caroline.
— ¿Y que hizo Emrah cuándo se enteró de la supuesta infidelidad?
—Hizo un escándalo y se encerró con ella en el despacho, sólo se oigan gritos hasta que Emrah salió y sólo se escuchaban sollozos.
— ¿Qué había hecho? —La había golpeado... Más de lo que debería. 
— ¿Lo crees capaz de matarla?
—Sí... Muy capaz, él es demasiado agresivo e impulsivo—soltó un pesado suspiro—. Confieso que por celos, también la habría asesinado, pero no de esa forma tan... Aberrante, ella no lo merecía.
— ¿Incluso de matar a quién defienda a Caroline?
—No... Es un energúmeno pero no a tal extremo. 
Anya Ivanova se retiró de mi oficina y pedí que hicieran pasar a Emrah Recep Tayyip. Aquel hombre tenía una mirada penetrante y aterrorizante pero su semblante cambio inmediatamente al sentarse.
— ¿Desde el inicio?—preguntó entre susurros.
—Por favor, por ahora, cuénteme de la infidelidad.
—Eso—dijo con desgano—. Realmente la amaba y lo sigo haciendo. Éramos niños y desde entonces, nuestros padres planearon todo. Nos llevábamos bien pero no me amaba y lo sabía; estaba enterado de sus sentimientos hacia Ma Roo pero ella dijo que no llegaría a nada más y que aprendería a amarme. Y le creí, todo estaba bien hasta que Anya me contó que ella estaba con Daniel en la habitación. Eso me destrozó. 
— ¿Por eso la golpeaste?
—Lo hice por un maldito impulso pero... No tiene idea de cómo me arrepentí pero ella me tenía miedo pero no me alejó.
— ¿Usted planeaba matarla? ¿Lo hizo? 
— ¡No! No podría haberlo hecho aunque hubiera querido... No podría lastimarla otra vez.
— ¿Y quién podría matarla? ¿Los celos de Anya hubieran llegado tan lejos?
—No lo sé, sí lo supiera esa persona no estaría viva. Eso se lo aseguro pero supe, que el bebé que ella esperaba era de Ma Roo, debería preguntarle a él. 
— ¿Ellos eran novios? ¿Por qué no debería preguntarle a Daniel o a Patch?—levanté levemente la ceja, acercándome a él—. Ellos también estaban en la casa.
—Pero sólo Ma Roo era el padre de ese bebé, yo escuché cuando le exigió que abortara. Además, Daniel es demasiado despreocupado y sólo deseaba tener sexo con ella, además es gay y cómo lo de Caroline no fue para ningún lado, se volvió novio de Patch.
—Ellos tuvieron relaciones con ella, pudieron planear matarla y en su trayecto a dos personas más.
—Caroline jamás se metería con su primo, Patch es cómo un hermano para ella y todos guardábamos el secreto de su sexualidad.
— ¿Patch Rosenberg? 
—Sí, es primo de Caroline, vivieron juntos cuando ella fue a estudiar a Estados Unidos, por eso se criaron cómo hermanos.
—Rosenberg...
Me levanté inmediatamente del escritorio y salí de la oficina, buscando a Patch Rosenberg pero fue inútil, nadie había podido encontrarlo, ni siquiera pudieron contactarlo.
Me había costado aceptar, que en todos mis años en la policía había cometido el peor de los errores.
Sabía desde un inicio que todos quienes estén relacionados a la víctima se convierten inmediatamente en sospechosos. 
La carta dirigida a Patch Rosenberg decía "la sangre es algo que no se quita tan fácil" estaban unidos por lazos sanguíneos, eso significaba que al morir Caroline Van Der Rohe, la fortuna iría inmediatamente a él. Tener la ayudar de uno de los empleados de Alejandro Rosenzweig, su padre. Aquel apellido era el mismo, la traducción apellidos Rosenberg al alemán era «Rosenzweig».
El hecho que no estuviera aquí era la prueba de que algo estaba ocultando, él tenía todas las pruebas en su contra y sólo había desaparecido.
Llamé a las autoridades aeroportuarias y según el registro, en el vuelo de las diez de la noche con destino a Washington D.C había un boleto reservado a nombre de Patch Rosenberg.
Sin avisar de aquello, cargué mi arma y tomé las llaves de mi auto. Bajé inmediatamente al estacionamiento, pero incluso en ese momento estaba haciendo las cosas mal.
—Natalie Frank, ¿no es así?—una gruesa voz me estremeció y obligó a que me volteara.
— ¿Quién es usted?—pregunté incrédula mientras tomaba lentamente mi arma—. Necesito que se identifique, ahora.
—Sólo daremos un paseo. 
Sentí una mano cubriendo mi boca y nariz con fuerza, impidiendo que respirara con normalidad, más bien, me obligaba a aspirar aquel olor dulce y molesto que tapaba mis fosas nasales y garganta. Mi visión se nublaba cada vez más y sólo escuché el chirrido del arma caer.
—Buenas noches, señorita, tendrá un buen viaje... Por ahora.
 



Alenna Schwarz

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Editado: 19.02.2018

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