La muerte más bella

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XI

— ¿Podría decirme que sucede con Natalie?—preguntó Cassus más furioso que preocupado—. Créame, que sí algo pasó, voy a tener que desquitarme con muchos.
—Señor, cálmese—susurró el doctor antes de sentarse en su escritorio, cruzando sus brazos—. Las heridas que presentaba la paciente eran demasiado profundas y destruyeron tejidos celulares sobre todo en el área de la pelvis.
— ¿Podría ir al grano? ¿Qué sucede con el estado de Natalie?—pregunté con temor— ¿Afectará su desempeño? 
—Obviamente necesitará mucho reposo, posiblemente uno o dos meses sin esfuerzo físico, pero su útero tiene heridas muy profundas. Una de las trompas de Falopio tuvo que ser saturada pero tuvimos que extirpar uno de los ovarios, ese es el daño más grave, eso le representará dificultades al momento.de concebir, aunque no podría decirse que sea esterilidad permanente. Además, de una lesión penetrante en el hígado que traerá como consecuencia dolor abdominal, recurrente sangrado interior y problemas cardíacos. 
— ¿Y eso no es grave?—preguntó Cassus con sarcasmo. 
—Que éste viva, es milagro por lo que hablaré con el fiscal para aplazar el juicio, ¿sí?
—Está bien, ¿cuándo puedo ir a ver a mi hija? 
—No creo que despierte hoy, tal vez deba esperar hasta mañana. 
Cassus me pidió que lo acompañara de regreso a la estación pero me negué y le entregué mi arma y mi placa, me sentía más que culpable por todas las secuelas que habían quedado en su cuerpo.
Al finalizar el día, la llevaron a una habitación privada dónde nos dieron permiso de verla sólo por media hora.
Fred no decía absolutamente nada, tampoco le comenté lo el diagnóstico del doctor pero ya lo sospechaba, o al menos eso me daba entender.
— ¿Escuché que desobedeciste al teniente? ¿Qué se siente?—preguntó Fred entre leves risas—. Creo que ella lo vale, ¿no?
—No quiero hablar de eso, ¿sí? Sólo me importa el bienestar de Natalie.
— ¿Debería dejarte el camino libre?—susurró levemente antes de tomarme del cuello y ponerme contra la pared—. Tu fallaste en protegerla imbécil y casi muere.
La diferencia de dos años y de estatura no era mucha pero sus palabras realmente me dolían, pude haberlo golpeado hasta el cansancio pero sólo me limité a verlo y empujarlo.
—Calla, no quiero el camino libre, voy a ganarme ese camino, hermanito llorón.
Antes de que pudiera responderme, el monitor cardíaco empezó a sonar insistentemente. Las enfermeras y el doctor entraron a la habitación y nos sacaron casi de inmediato, cerrando la puerta tras de sí. 
Sentí la mano de Cassus sobre mi hombro y su rugosa voz me sobresaltó.
—Siempre que pasa algo, es porque ustedes tan juntos—dijo Cassus antes de darnos un fuerte golpe en la cabeza a cada uno—. Mañana los quiero en la estación, les recuerdo que el causante de todo aún no es juzgado.
Los minutos se hacían eternos pero cuando los médicos salieron, ella estaba bien, ella estaba consciente y había escuchado parte de nuestra "discusión" por lo que se había alterado. Nos prohibieron entrar nuevamente, al menos hasta el día siguiente, a pesar de eso no quería irme aunque inevitable retirarme y regresar temprano en la mañana. 
Antes de ir, compré un ramo de rosas, era lo que me quedaba del sueldo del mes pasado y creo que, fue la mejor inversión.
Al llegar, no había nadie y decidí entrar sin tocar la puerta. Eran las seis de la mañana, nadie estaría tan temprano de visita.
Dejé el ramo sobre la mesita al lado de la cama y al verla, sentí una fuerte presión sobre mi pecho. Había un montón de cables sobre su cuerpo y tener que respirar gracias a un respirador sólo hacía crecer mi ira.
—Teniente, buenos días. 
Pasé levemente mi mano por su cabello y su mejilla, acariciando su suave y tersa piel aún llena de moretones y heridas desde aquel atentado.
—Teniente... Debo ir al trabajo pero, volveré en la noche, ¿está bien? 
Sin más que hacer, me retiré y fui directamente a la estación.
Creo que ese día el clima se puso en mi contra, había empezado a nevar levemente y el frío se había vuelto cada vez más insoportable.
Cassus me había llamado a su oficina apenas llegara y cómo siempre, estaba cruzado de brazos, viéndome fijamente, actitud propia de él.
—Serás testigo en el juicio y necesito que verifiques los testimonios oficiales de los procesados, verifica los trámites del seguro de vida de Caroline Van Der Rohe, ¿sí?
— ¿No irá a visitar a la teniente? Es su hija—pregunté indignado—. Ella iría a visitarlo.
—Ese es asunto mío, Cabo Kast. Usted sólo dedicarse a cumplir mis órdenes y lo que sucedió con la teniente Frank, es consecuencia de su imprudencia y nada más.
—Y de sus órdenes, coronel. 
Mientras cumplía las órdenes impuestas por el Coronel, el mismo fiscal llegó a la estación y fue a hablar con Cassus a puertas cerradas. Seguramente estaban ajustando detalles sobre el juicio pero aquello había demorado varias horas, incluso había levantado la sospecha de muchos de los oficiales quienes habían empezado a murmurar y hacer algunas especulaciones. Al parecer, el abogado de Rosenzweig había apelado para que su cliente fuera extraditado a Estados Unidos y eso era totalmente posible sí el juicio se aplazaba a hasta que Natalie se recuperara, pero no podían obligarla a salir del hospital antes de que pudiera mantenerse por sus propios medios. 
Y eso fue justamente el tema de aquella larga conversación, eso me había confirmado el mismo Coronel. 
Debíamos verificar que todas las pruebas que habían sido procesadas fueran llevadas y custodiadas hasta la fiscalía, adjuntando el respectivo informe. Pero de nada serviría sí la apelación fuera aceptada por la fiscalía, así que decidí cometer el peor error de mi vida.
Fui al hospital y hablé con el médico encargado para sacar a Natalie antes del tiempo correspondiente de recuperación pero aquel permiso fue denegado.
Fui a la habitación de Natalie y estaba consciente, mientras le curaban las heridas de su abdomen pero sólo me dirigió una leve mirada antes de cerrar sus ojos.
—Teniente...—susurré antes de acercarme a la cama— ¿Cómo está?
Sólo recibí silencio de su parte mientras la enfermera terminaba de hacer su trabajo. Cuando ésta se retiró, Natalie se quitó la mascarilla e intentó sentarse en la cama, dirigiéndome una mirada asesina.
—Puedes decirme... ¿qué demonios sigo haciendo aquí?—dijo con molestia antes de tirarme su almohada—. Sácame de aquí... 
Tomé la almohada y la puse en su lugar antes de forzarla a recostarse y sentarme a su lado en la cama.
—Justamente... Eso quería decirle, necesito que salga del hospital para dar su testimonio ante el fiscal antes de que acepten la apelación. 
—Digo, ¿viste cómo estoy? Tengo el abdomen destrozado a apuñaladas, apenas puedo hablarte, ¿Y tú me pides que vaya y tome un café con el fiscal?—levantó levemente la ceja y me pellizcó—. Con razón no tienes novia. 
—Teniente, sino tengo novia es porque usted no me ha dado respuesta todavía.
—Y morirás virgen... Niño idiota.
— ¿Eso lo tomo como un sí?
—Sí, pasado ven por mí para ir a la fiscalía, necesito chófer. 
Se cubrió apenas con la cobija y me dio la espalda, pasé mi mano con suavidad por su cabello, podía escuchar leves quejidos y algunos sollozos de ella, decidí quedarme hasta que pudiera dormir o al menos hasta que logró calmarse cuando la enfermera la sedó, al menos así podía descansar.



Alenna Schwarz

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Editado: 19.02.2018

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