La muerte más bella

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XIV

No pude salir del hospital hasta que me recuperé por completo, o eso decía el doctor encargado. Las heridas habían sanado por completo y sólo habían quedado horribles cicatrices que me recordaban lo que había sucedido.

 

Se suponía que debía hacer todo lo posible para que aquellas secuelas internas no me afectaran lo suficiente pero tener que vivir todo ese tiempo junto a una máquina era molesto; eso quería que supieran, después de todo, había quedado inservible cómo mujer o algo así.
Trataba de concentrarme en el trabajo y para ello, evitaba recibir visitas y sólo escuchaba noticias, sin importar la hora, sólo deseaba saber que había sucedido contra Rosenzweig y Kang Ma Roo. 
Habían sacado a Kast del caso así que su información se volvía cada vez escasa hasta que un día, por fin se había dignado a llevarme buenas noticias.
Rosenzweig había recibido una pena de sesenta años por el homicidio en primer grado contra Caroline Van Der Rohe, incluyendo al de su bebé, treinta años por el homicidio en segundo grado del guardia de seguridad, veinticinco años por intento de homicidio en mi contra y diez años por atentar contra la seguridad de los peritos entre otros cargos. Ese era su equivalente a cadena perpetua. 
Kang Ma Roo fue acusado por complicidad en los tres crímenes, y con los días se reveló un caso de estafa en su contra por lo que recibió un total de dieciséis años y una remuneración equivalente a una remuneración anual de un trabajador promedio. Además de que sería extraditado a su país, para cumplir con la pena anteriormente dicha.
La extradición de Rosenzweig fue anulada por pedido de su hijo y pagaría la pena en el reclusorio estatal de Ámsterdam, iniciando su condena de inmediato sin opción a fianza ni rebajas por buen comportamiento.
Según supe, los demás invitados habían vuelto a su país natal luego del funeral, cómo ironía de la vida, Caroline usó por última vez un vestido rojo antes de ser cremada. 
Tal vez, sólo tal vez el asesino tenía razón, había logrado captar la belleza inmensurable de Caroline en el mejor momento de su vida. Todos quienes tuvimos que presenciar aquel hórrido crimen compartimos la misma opinión, la muerte de Caroline Van Der Rohe, fue «La più bella di morte» 
Cómo lo había vaticinado Rosenzweig, todos los bienes fueron traspasados a Patch Rosenberg y cómo habían dicho algunos rumores, él seguiría con los planes de Caroline con respecto a su galería. Realmente no podía sentirme bien con eso, tal vez llegaría a sonar a paranoia pero, los padres hacen todos por sus hijos, incluso cumplir sus caprichos. Él pudo haberle pedido a su padre que la sacara del camino, eso lo haría feliz, no tendrían nada que perder y aún así, siempre terminarían ganando.
Eso sería algo que el mismo Rosenzweig se llevaría a la tumba, posiblemente no era tan buena en mi trabajo, tal vez nunca lo fui.
A pesar del tiempo que pasé encerrada en el hospital, aún tenía vacaciones pendientes por gastar pero a pesar de eso, Kast no había ido en algunas semanas. Recibía visitas de Fred e incluso, de Cassus pero hace mucho que quién quería ver, ni siquiera daba señales de vida.
Seguramente se había dado cuenta de mis constantes rechazos, eso decía Fred y ya que él lo conocía cómo ninguno, tal vez era verdad, tal vez no quería verme por todo lo que había pasado... Tal vez.
Era viernes por la mañana y estaba alistándome para salir, cuando acomodaba mis botines, recordé aquella conversación.
—Que estupidez...—musité antes de tomar mi ropa y meterla cómo fuese en la maleta por el coraje.
— ¿Usted es Natalie Frank?—cuando levanté la vista había un hombre de traje negro al pie de la puerta, sonriendo tenuemente. 
Asentí levemente y por mente había pasado la idea de la defenderme si algo llegase a ocurrir pero no noté cuando sacó un sobre su saco.
—Ésta carta es para usted—tomé aquella carta con recelo y leí el remitente, «Caroline Van Der Rohe». Abrí inmediatamente el sobre a la vez que aquel hombre se retiraba, dejándome completamente absortada.

De: Caroline Van Der Rohe.
Para: Quién atrape a mi asesino.

Tal vez resulte graciosa la idea de que reciba la carta de un muerto pero, necesitaba agradecerle de alguna forma.
Yo, lo tuve todo y lo perdí en un abrir y cerrar de ojos pero aún así, noté que ya las había perdido incluso antes de tenerlas.
Sin dudar, la prensa hizo un festín con todo esto y seguramente usted fue víctima de aquello pero, no importa ya, después de todo, ya no hay marcha atrás.

Siempre sospeché de alguien, espero que haya tenido las mismas sospechas que yo pero, eso nunca podremos saberlo.

Nuestra existencia es efímera al igual que el amor y el cariño, eventualmente todos esos sentimientos se volvieron en odio y lo consumieron. No lo justifico, comprendo que en parte, era que necesario que muriera.



Alenna Schwarz

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Editado: 19.02.2018

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