La mujer pirata

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Parte I, el comienzo

¿Dónde nace la música? La música nace y muere en todas partes y en cualquier momento. Gracias a ella evité quedarme sola.

Reía, sufría, lloraba y me emocionaba con la música. Ella me crio, nadie más, ya que mi padre trabajaba lejos, como abogado en una gran ciudad.

Mi madre y yo tuvimos que mudarnos de la ciudad a un pueblo más tranquilo, Mevagissey, lejos de la contaminación debido a su salud. Ella siempre permanecía igual; las mismas arrugas tenues de su frente, los ojos verdes y tristes, la piel blanca: color leche fresca, en las fotos de su boda que papá me enseñaba. Actualmente, del color de las ideas de un escritor frustrado al escribir, en las altas horas de la noche: blanco roto.

Fantaseaba los primeros años en Mevagissey, con la idea de que milagrosamente se recuperaría y volveríamos con mi padre.

Solamente era la idea de una niña asustada… pero consiguió que me diera esperanzas para continuar.

Lamentablemente, mi madre falleció cinco años más tarde. Pero esos cinco años son cruciales para entenderlo todo. Aún recuerdo mi lazo azul del pelo, era mi favorito, pero se lo deje en la muñeca a mamá en su funeral.

Sí, ella era bella, recuerdo verla por última vez a través de una vitrina, rodeada de flores. No sabría decirte si su hermosura se debía a que eran las cenizas de su juventud, un fuego exorbitado de delicadeza. O porque, a su modo, había reconstruido la perfección de su rostro, con unos cánones que nadie entendía.

Mi madre era como esa melodía, grácil, que pocos entienden.

Todos somos melodías; como, por ejemplo, nuestro vecino el señor Dankworth, era una canción fría y monótona, con muchos golpes cortantes que evitaban que te sumergieses en ella.

Debo explicar, que yo no sabría nada de esto si no fuera por Sallow.

Cambió mi percepción de la vista: donde antes escuchaba risas, ahora oía acordes. La respiración pasó a ser una ligadura que unía dos notas, y, un simple parpadeo era un pequeño silencio. Debo agradecer que Sallow fuese un hombre. Si no hubiera sido así habría tenido dudas: acabaría viendo a mi madre como una desconocida, y a una desconocida, como mi madre.

Sallow no era su nombre, era su apellido. En los doce años que lleva cuidando de mí solo he oído su nombre una vez, por error. Tenía ciertas manías debo decir; no aceptaba que le dijese “mr” ya que decía que la música, al igual que las personas se valían por sí mismas, sin necesidad de adornarse.

 

 

 

 

 

 

-Cuéntame una de tus historias, Sallow. – arropada hasta las orejas con mi manta de lana, repetía el ritual de cada noche.

Había pasado mucho tiempo hasta que pude tener la confianza suficiente como para hablar tan directamente con él, al principio evitaba hablar con él salvo si me preguntaba cuando me impartía clases.

No tenía nada en contra de aquel hombre, es sólo que no asimilaba porque ese forastero, con aquel acento extraño; roto, como del norte, pasaba más tiempo conmigo que mi propio padre.

- ¿Una de mis historias? Estoy seguro de que sólo quieres oír historias de piratas, llevas obsesionada desde que te empecé a hablar de Bartholomew Roberts.

-Eso no es verdad, me interesan todos tus cuentos.

- ¿Ah sí? Bien, entonces hoy te contaré la historia de una princesa que…

- ¡No! ¡Para! Está bien, tienes razón, no me interesa en absoluto. Háblame de algún pirata, ellos al menos hacían cosas interesantes…- admití con pesar.

-Ya sé que historia te voy a contar; la de Anne Bonny y Mary Read.

-Sallow, sin ánimo de ofender, no quiero historias de princesas ni damas, de verdad…

-Menos mal que esas dos tenían de damas lo que un felino de marinero, no eran damas, eran piratas, y nada malas debo añadir.

- ¿Piratas? ¿Dos mujeres? -  seguramente me estaba tomando el pelo o era una de sus invenciones, pero como Sallow era un buen narrador, no discrepé.

-Se dice que eran como el día y la noche. Muy hermosas ambas, a su manera. Anne era hija de una familia de bien, sólo tenía que casarse con un hombre medianamente decente para seguir con la fortuna de su padre.

-Pero no lo hizo. - deduje acariciándome la barbilla.

-En efecto, primero hizo que la desheredarán al comprometerse con un viejo pirata de poca monta, un simple teatro para enfadar a sus padres. Siempre tuvo una historia conflictiva, se dice que con a tu edad, ya había degollado a una sirvienta. O aquella vez que, en una disputa por un hombre con otra dama, ya lo entenderás, amores de juventud… En medio de aquella pelea Anney le arrancó la nariz a la pobre mujer de un mordisco. -



mykonos

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En el texto hay: piratas, amor, aventuras

Editado: 31.03.2019

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