La Navidad no tiene la culpa

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I

Encontrar el amor de tu vida es algo que no todos tienen la dicha de lograr y yo, puedo sentirme bendecida de tenerlo.


Lo conocí en Navidad... Ahora que lo pienso... fue el destino, no creo en una mera casualidad. Nuestros caminos estaban destinados a encontrarse.

Un 24 de diciembre, sola, porque no había podido viajar, para cenar con mi familia, decidí ir a un restaurante; espero no ser la única chica que come sola en una fecha como estas.


Mientras iba en mi auto, veía las casas llenas de colores, luces que titilaban en la noche, muñecos de nieve de gran tamaño. Familias en las terrazas, balcones. Qué bonito ver como estos días sirven de unión para todos.
Fui a mi restaurante favorito, para suerte mía se encontraba abierto. Qué alivio.
Entré, pedí una de mis mesas favoritas, pero había alguien ahí sentado.
Un joven con un libro, estaba en mi mesa predilecta. Hice un mohín por la decepción y me senté en una mesa al frente.
Sentía que me había robado, esa mesa estaba al costado del gran ventanal que había, desde ahí podía ver a las personas caminar, disfrutar del paisaje.

Qué lástima

Pedí algo ligero, no tenía mucha hambre. Mi miraba no podía quitarla de aquel hombre. Se lo veía tan concentrado leyendo; cuando levantaba su mirada, yo disimulaba, sosteniendo mi café y llevándola hacia mi boca. Sus rasgos eran atractivos. Cabello corto ondulado, cejas bien pobladas, nariz respingada y un poco de barba.
Llegó un momento que no pude despegar mi mirada de él. Alzó la suya y me miró también. Sentí como si fuera un duelo de miradas, el cual no pensaba perder, pero todo se vino abajo cuando sonrió de lado.

¡Dios!

Se levantó y... ¿N-no e-estaba viniendo hacia a mí? Me comenzó a dar un temblor en las piernas de los nervios. Se paró al frente de mi mesa y saludó.

—Hola— habló, sonriente.
Lo miré. Parecía tonta sin poder hablar. Deshice mi nudo en la garganta y respondí.
—H-hola, ¿Qué tal?— solté, muy nerviosa.
—Muy bien. ¿Me puedo sentar?
Cielos, el seguía de pie.
—Ah claro, adelante.
—No pienses mal de mí. Simplemente te vi, y no sé qué pasó. Pero sentí que debía venir hacia a ti.


Si supiera que con dos cafés más en mi organismo, hubiera estado dispuesta a acercarme.


—Bueno, yo pensaba hacer lo mismo.

Lo dije, lo dije. Pensé en voz alta. ¡Trágame tierra!

Sonrió, seguro piensa que soy una urgida.

—Me alegra haberlo hecho antes. Aunque tenía a mi libro de compañía, un poco tenebroso para estas fechas, creo - sonrió-. Pero después de que llamara mi hermano para cancelarme la cena. No tenía otra opción.

Pues si era raro que en Navidad estuviera leyendo IT'S, pero cada quien con sus gustos.


—Qué pena. En cambio yo, no encontré vuelos disponibles. Mi familia vive en otra ciudad. Y no quería estar en mi casa sola.
—Bueno, si tu deseas yo puedo ser tu compañía. Feliz Navidad.

Ya eran las doce, era Navidad y la comencé con un desconocido.

Un desconocido que se convertiría, en mi amigo, mi compañero. El amor de mi vida.
Siempre pensare que estaba escrito nuestro encuentro; debíamos encontrarnos, ese era mi regalo de Navidad.


Tener la dicha de conocer el amor, en Mark Rivers, el chico que ama los libros de terror, el chico que ama los deportes extremos, el chico que ama la vida, y sobre todo, que me ama a mí.

 



May

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En el texto hay: romance, felicidad, amordenavidad

Editado: 14.12.2018

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