La noche en que conocí al amor

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Me encontraba perpleja al escuchar esa voz ronca y sexy que odiaba y disfrutaba. Tenía que verme totalmente indiferente ante su presencia, pero estaba en mi descanso y no tenía la mínima intención de levantarme sin acabar mi almuerzo para atenderlo.

  • Estoy en mi descanso, otras de mis compañeras puede atenderte. - Le respondo con toda la indiferencia del mundo para seguir comiendo.
  • Me temo que tendré que esperar. - Me dice mientras toma asiento en la misma mesa que yo.
  • Entonces espera en otra mesa y deja que termine de comer a gusto sin tener que ver tu asquerosa cara.
  • ¿Por qué?
  • Porque quiero comer con tranquilidad y no estar peleando contigo. Así que vete de mi mesa o me voy yo. - ¡Espera! ¿Qué? No le iba a dar el gusto de levantarme de la mesa, solo eso demostraría que incluso fuera de la escuela puede molestarme.
  • Me voy a esperar aquí.
  • Bueno. Como gustes. - Le doy una sonrisa retadora.
  • Eres una pilla pequeña diablilla.
  • Sí sí lo que digas, ahora cállate y déjame comer. 

Yo seguí comiendo sin darle importancia a que me encontraba en la misma mesa con Neftalí, simplemente lo ignoré mientras disfrutaba mi almuerzo, pero podía sentir su mirada tratando de descifrar cada movimiento y gesto que yo hacía. Al parecer no se daba por vencido y quería que yo lo atendiera, lo malo de no ser la dueña del lugar es que no puedo correrlo de la cafetería. En fin. Terminé mi almuerzo con toda la naturalidad del mundo, me levanté, fui detrás del mostrador, guardé mis cosas y ahora sí a darle lo que él quería.

  • Buenas tardes. – Me acerco a la mesa dónde se encuentra Neftalí. – Le dejo el menú y en un momento tomaré su orden. – Le digo mientras extiendo el menú en su mesa para ir a recoger las propinas de una mesa cercana.

Podía notar como quería burlarse de mí, pero mi seriedad no se lo permitió. Tomó el menú, podía ver como sus ojos se movían de izquierda a derecha, abajo hacia arriba para ver todos los postres y bebidas que había para elegir una y poder ordenar. Pasaron aproximadamente dos minutos o tres cuando Neftalí volvió a colocar el menú en la mesa indicando que ya sabía lo que ordenaría. Era la señal para acercarme a él.

  • Me gustaría ordenar una malteada. – Dice sin quitarme la mirada de encima.
  • ¿De qué sabor? – Pregunto.
  • ¿Cuál es tu sabor favorito? – Maldito, hace lo que sea para provocarme e hacer el mínimo error y luego burlarse de mí, pero no lo logrará.
  • Fresa. – Mentí, era el chocolate.
  • Entonces que sea una malteada de Fresa.
  • ¿Grande o chica?
  • Chica y, unos besos de nuez.
  • Está bien, repito su orden: malteada chica de fresa y unos besos de nuez. – Los besos de nuez eran unas galletas. – ¿Es correcta su orden?
  • Sí.
  • En un momento le traigo lo que ordenó. Con permiso.

Al llegar a la cocina estaba casi sudando, sentía como mis piernas temblaban un poco de lo nerviosa que me puse, por suerte no se lo di a notar. Dejé la nota para que los cocineros preparan la orden mientras que yo seguía atendiendo las demás mesas. Pasaron diez minutos cuando oí la campanita que indicaba que la orden estaba lista. Tomé la charola y me dirigí de nuevo con Neftalí. Carajo en serio lo odio.

  • Malteada de fresa… - Digo colocándola en la mesa. – Y besos de nuez. ¿Se le ofrece algo más?
  • Que no me hables de “usted” pequeña diablilla. En la escuela me pegas en las pelotas para que aquí me trates como un desconocido.
  • Es porque eso eres, no significas nada para mí. Sí no necesita nada más… me retiro.
  • Tienes un hermoso trasero.

Me ruboricé ante tal confesión. ¿Qué le pasa? A caso ¿piensa que estamos en un bar para que me diga ese tipo de comentarios? Me di la vuelta y seguí con mi trabajo. Se quedó una maldita hora en el café, todo el tiempo podía sentir su mirada, pero ya me había acostumbrado y le di el doble de ignorancia.
En un momento cuando nuestras miradas se cruzaron me hizo la seña de la cuenta, me dirigí a la caja para pedir el ticket y entregarlo.

  • Aquí está la cuenta. – Se la extiendo en la mesa.
  • Ten, quédate con el cambio. – Se levanta de la silla.

Está en frente de mí, cerca, demasiado cerca… puedo volver a sentir su aliento. Me toma una mano, la aprieta ligeramente provocándome un leve gemido, nuestras miradas están conectadas. Quiero dejar de ver esos ojos, pero no puedo, algo muy dentro de mi interior quiere seguir deslumbrándose con tal paisaje que estaba admirando.

  • Te veo el lunes. – Me susurra al oído y me estremezco.

Sale de la cafetería y yo me quedo en shock ante la situación que acaba de ocurrir. Al ya no ver su silueta saliendo de la cafetería aterricé en el mundo real, aquí y ahora. Estaba por levantar el plato y vaso sucio que había dejado Neftalí en la mesa. La basura de igual manera debía de recogerla para limpiar. Una servilleta doblada por la mitad casi la tiro a la basura antes de percatarme de que tenía algo escrito con un marcador negro. Voltee a ver la multitud de gente que había en la cafetería. La curiosidad podía más que yo, necesitaba observar que decía, me encontraba entre el hilo de la duda. Si o no.



Zury Díaz

Editado: 16.02.2020

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