La obscuridad de mi pasado

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Capítulo 2

Han pasado exactamente seis meses desde que mi abuela nos dejó, no he dejado de tener pesadillas, a menudo sueño con mis padres lo que me asusta, ya que viví muchos años con mi madre pero es pronto para decir que mis tías están de acuerdo que me vaya de la casa. A mi no me interesa irme, es esto o soportar a mis primas amorosas que solo piensan en chicos, fiestas y ropas costosas, no pertenezco aquí y menos quiero estar un día más conviviendo ellas. Sabía que sí me abuela fallecía ellas estarían justamente pensando adónde mandarme a vivir con tal de no verme jamás. Seguramente sería con mi padre, que ni siquiera reconozco sigue siendo un desconocido en mi miserable vida.

Por lo tanto me encargaba de meter algunas prendas que se irán conmigo. No quería irme, ni mucho menos quiero estar aquí con mis tías, y que quizás me harán algo para que me vaya de u otra forma. Me tocan la puerta de la habitación con leves golpes que para mi son estresantes, puse los ojos en blanco por la molestia que me estoy llevando conmigo.

Dejé la maleta en la cama para abrirle la puerta. Ellos entraron comiendo sus dulces y aquellos jugos que mi tía les compra después que salen del colegio. Le quite el jugo a mi prima por un segundo, para luego devolvérselo.

—Rachele, por casi me dejas sin jugo —chilla Amy, agitando su jugo de cartón. Está niña si me hace reír cuando sin darme cuenta lo logra, tiene poderes místicos.

Me eche a reír, —Por casi —repetí.

Ellos me miraron y yo les devolví la mirada con una sonrisa.

—¿Rachele, te tienes qué ir? —Pregunta Sean, mientras bebía de su jugo. Como voy a extrañar su mirada de niño inocente que no rompe ni un plato y es todo lo contrario.

Asentí inmediatamente, aplastando mis labios.

—¡Quedate! —Exclamaron mis primos.

Me intervinieron con la mirada del gato con botas. Me resigne a mirarlos es suficiente para mí, no quiero terminar como una idiota quedándome. Tome una bocanada de aire e inspiración para las personas que más amo en el mundo y esos son; mis primos pequeños.

Miré a los niños y luego a el cuadro de mi madre, —Niños, su prima ya se tiene que ir —suspire. —Estuve muchos años compartiendo y conviviendo con su increíble presencia, pero es hora que este con mi padre. Realmente quisiera quedarme, pero ya es muy tarde para volver lo a analizar con mis tías —les dije levantando me de la cama con un propósito de no volverlo a pensar, cumpliré con lo que desean y anhelan. Y es que le haga espacio en la casa.

—Está bien, Rachele pero promete que vendrás para las vacaciones —Zev extendió su meñique para que fuera cumplido. Él es un chico tan amigable y dulce, tiene el cabello —tono chocolate de un kiss— y ojos negros tan oscuros como la noche.

Asentí lentamente y me giré hacia la maleta que está por estar lista. En algunas ocasiones sueño con estar con mi abuela, pero ella ya no está conmigo sino mis tías que quieren que me largue lo más deprisa.

—Me saludas a mi tío, y no olvides contactar nos las veces que puedas —dijo Heather avisándome. Está chica nunca ha cambiado sigue siendo el sol en la familia y la más pequeña de la familia ya que tiene trece años, tiene un lindo cabello rubio y ojos azules.

Con facilidad los abrazó, al menos no son aquéllos niños imperativos que no se dejan abrazar por nadie. Según yo mis niños son normales que ofrecen amor y cariño, aproveché que los abrasaba para estirar mi mano y despeinar el cabello de Zav como si fuera un chico rockero, él se rió sonoramente.

—¿Lista? —Entra mi tía para avisarme que me tengo que ir. —Apura te no quiero que tú tío te deje.

Volteó los ojos disimulada mente sin que me viera mis primos, sí comprendieron mi mirada de molestia que se rieron sonoramente. Mi tía los fulminó con la mirada y ellos se encogieron de hombros poniendo sus ojos angelicales.

Cuando en realidad son unos diablillos.

Me reí por mi adentros despidiendo me de los niños, excepto de mi tía que esperaba ansiosamente mi abrazo pero la deje esperando, ya que baje por las escaleras junto a mi maleta negra, mis primas estaban sentadas en el sofá pintándose las uñas como siempre, están maquilladas y arregladas como súper modelos, sin embargo yo sigo vistiendo con mi ropa normal.

Sus ojos me escanearon de arriba a abajo como una computadora. Ruedo los ojos salgo de la casa para ver quién es mi futuro padre que me espera afuera, abro la puerta y me encuentro con un señor mayor, mínimo de cuarenta y seis años en adelante, él me observó por unos minutos entrecerrando los ojos debido a los rayos del sol. 

Me quedé estática mirándolo, buscando un defecto por criticar, en lo absoluto no tiene ninguno se ve que es un padre perfecto pero no me creeré esa faceta que las personas mayores son perfectas y sin defectos. Simplemente tienen su defecto, por ejemplo: la voz o habilidades físicas tales como emocionales, que los describen en tres palabras.

Agitó sus grandes manos para hacerme una señal que me acercará a él.



Laudy Alvarado

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En el texto hay: secreto, aventuras, novela juvenil

Editado: 15.02.2019

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