La otra cara de la luna

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CAPITULO 2.

-un...un fantasma –hablo el niño mirando en dirección de la niña, sus ojos tenían una expresión de sorpresa y miedo, bien actuados, la niña se quedó estática sin siquiera voltear a mirar.

- ¿Dónde? –dijo en susurro y con voz temblorosa.

El apunto hacia ella, y empezó acercase a pasos lentos, sin quitar su expresión. Cuando estuvo a unos pasos de ella, cambio su expresión.

-aquí –dijo en tono de burla apuntándola en la nariz. Ella se indignó y cruzo sus brazos, mientras él se burlaba.

-acaso crees que estoy para tus bromas –dijo en forma de sarcasmo.

-claro que si –dijo con seguridad.

-pequeño demonio –bufo.

-my ghost, my demon –un pequeño de risos rojizos estaba parado en el umbral de la puerta, los dos se miraron sorprendidos, y luego lo miraron. Sonrieron y corrieron abrazarlo al niño, sorprendiéndolo.

- ¡nuestro ángel! –gritaron emocionados, mientras este disfrutaba de ese momento tan agradable.

. . .

Elisabeth estaba paraba en la mitad de la sala mirando hacia la pared, donde colgaba una pintura de un hermoso cielo azul, unas lejanas montañas y suelo muerto, en el centro estaba una mujer calva y delgada, sin rostro, con un vestido de seda azul arrastrado, en la espalda parecía que sobresalían unas palancas y por la parte posterior unos cajones, a su derecha estaba una mujer casi igual a la anterior, solo que esta llevaba algo que parecía un pañuelo rojo es su mano derecha, y en su izquierda había una jirafa que ardía de calor.

- “la jirafa en llamas” de Dalí.

-tu madre nunca pierde el buen gusto –él asintió mirando la figura –representa un futuro, tal vez uno no muy lejano, un apocalipsis que mezcla facetas psicológicas de la sociedad.

-deberías comer más seguido –ella lo miro confundida –mírate estas delgada, has bajado de peso en poco tiempo.

-solo paso un mes, no creo que haya bajado tanto –Él hizo una mueca –debió ser la nueva rutina.

Dejaron la pintura, y se sentaron en los muebles.

-pero en cuatro meses tendré un enorme cartón en mis manos.

- ¿Cómo van las cosas con Tomás? –hablo en un tono serio. La miro muy atentamente, mientras ella miraba un punto vacío.

-no lo sé –suspiro, él la miro confundida –ya no siento lo mismo de antes, y creo que él también ha perdido es sentimiento por mí.

Se arrepintió de haberle preguntado al verle la mirada triste, pero necesitaba saber, y por algo le embargaba algo de felicidad.

-deberíamos ver una película – quiso animarla, ella, después de tanto tiempo lo miro a los ojos con una sonrisa.

-no es un mal plan.

-escojo la película –ella asintió con una sonrisa.

Mientras Evan escogía alguna película, Elisabeth fue a la cocina por unas palomitas, para luego ir a la habitación de Evan por una manta. “Nada ha cambiado”- pensó –cuando entro a la habitación, incluso el pequeño peluche que le había regalado en su cumpleaños no cambiaba de lugar, tomo la manta y volvió a la sala.

-las olvidaste –dijo moviendo las palomitas.

-fui por la manta –respondió ella moviendo la manta de la misma forma que él movió las palomitas.

-ven, la película va empezar.

Se sentaron en el mueble más grande, compartieron la manta, y en medio colocaron las palomitas, Evan tomo el control y reprodujo la película. Era una película de acción, algo que no emocionaba tanto a Elisabeth, pero que le encantaban a Evan. En la mitad de la película, de repente se vaciaron la mitad de las palomitas y un peso se depositó en el hombro de Evan, Elisabeth había recostado su cabeza en el hombro de Evan, se había dormido.

-perdiste la batalla –hablo en susurro y sonrió, acaricio su cabello y le dio un beso en su frente.

La música de los anuncios hizo que se despertara, la película había terminado, ella miro a Evan, quien estaba mirando un punto vacío.

- ¿Qué tanto piensas? –dijo levantándose de su hombro. Suspiro y sonrió, no dio ninguna respuesta, dejando con una incógnita a Elisabeth, así que iba a volver a preguntar, pero fue interrumpida por el sonido de la puerta abriéndose.

-Hola cariño, ¿Cómo estuvo el viaje? –una mujer delgada que llevaba un vestido rojo ceñido a su cuerpo, bastante moderado, de estatura promedio, de aproximadamente cuarenta años, de cabello rubio tinturado, le llegaba más abajo del hombro, cara redonda, piel blanca, llevaba un maquillaje que, hacia resaltar sus ojos pequeños de orbes marrones, tenía pestañas largas y abundantes, cejas rectas, y una nariz respingada.

-Hola mama –se paró Evan a saludarla y ayudarle con las bolsas que traía en la mano, Elisabeth no se quedó atrás.

-Buenas noches señora Lina –saludo amablemente.

- ¡oh! –Lina se sorprendió al ver a la chica –Pero si es Elisa, ¿Cómo has estado? Hace tiempo no te veo – dijo, para luego abrazarla y regalarle una sonrisa, ella era como su segunda madre.



Anonima

Editado: 24.02.2020

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