La otra cara de la luna

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CAPITULO 7.

Elisabeth estaba sentada en la última planta del edificio. Hacia frío. Miro como las aves pasaban revoloteando una y otra vez en el cielo.

-Toma –Luana le acerco un vaso con café negro. Sonrió y lo tomo. Ella se sentó a su lado.

- ¿está todo bien? Estas … -intento buscar la palabra correcta

- ¿diferente?

-diría que apagada, al igual que Tomás, lo vi esta mañana –Elisabeth se mordió el labio inferior, Luana tomo un sorbo de su café - ¿discutieron?

-terminamos –Luana se sorprendió.

-no debe ser fácil.

Soltó una bocanada de aire como si eso la estuviera ahogando –no lo es –hizo una pausa –creo que estoy confundida.

- ¿confundida? ¿Por qué?

-creo que nunca había extrañado a Evan tanto como hace unas semanas, nunca me había emocionado tanto que estuviera a mi lado.

-vaya –dijo sorprendida –creo que tenemos un problema –las dos rieron.

-crees, ¿que está bien?

-mientras no se hagan daño, todo estará bien.

-imposible.

-exacto, son muchos años de amistad, creo que debes pensar muy bien las cosas –Elisabeth se quedó pensativa, mientras Luana le daba otro sorbo a su café –recuerda, la amistad se puede convertir en amor, pero el amor en amistad, jamás.

Elisabeth hizo una mueca, miro su café y luego su reflejo distorsionado en él - ¿Qué hago? –pregunto.

-averiguar, si ese sentimiento es real.

-pero sin lastimarnos, ¿Cómo?

-primero indaga en ti, en tus sentimientos y luego en él.

Suspiro. Tomo el primer sorbo de su café, ese sabor amargo mezclado con dulce. Miro a Luana, estaba recogido su cabello crespo, tenía su café muy cerca de la boca y su mirada muy concentrada en el paisaje de la ciudad. Volvió su mirada al frente.

- ¿pasa algo? –Luana no dejo de mirar el paisaje –estas muy callada últimamente.

-Lían –se sorprendió al escuchar ese nombre.

- ¿Qué pasa? ¿Lían hizo algo malo?

-No, no –empezó a negar repetidas veces –él no ha hecho nada malo.

- ¿entonces?

-no quiero dejarlo –Elisabeth la miro confundida.

-no entiendo, ¿Por qué lo dejarías? ¿ya no lo amas? –pregunto sorprendida.

- ¡claro que lo amo! –exclamo. De repente su mirada tenía una pizca de tristeza –al parecer mis padres conseguirán un intercambio de trabajo a Canadá.

- ¿Qué?

-ellos están decididos a ir. Y aunque yo no quiero dejar Praga, tengo que ir con ellos.

- ¿Cuándo?

-no lo sé, tal vez dentro de unos meses, todavía no es seguro.

Elisabeth se acercó y abrazo a su amiga –todo estará bien –intento consolar

-no me quiero ir –dijo en susurro.

. . .

Las dos caminaron a casa de Elisabeth, ella había invitado a Luana a su casa. Sabía que sus padres volverían en la noche, así que pasaría la tarde en compañía de su amiga. Cuando abrió la puerta marrón de su casa, espero que estuviera sola, pero no fue así.

- ¿chicos? –se sorprendió al verlos entados en la sala. Jugando vídeo-juegos.

- ¡llegaste! –hablo emocionado Evan, para luego recibirla con un abrazo.

-pensé que estaban en la universidad.

-solo tenía dos clases en la mañana –hablo Lían desde el mueble.

-traje compañía –los dos desviaron su mirada a la entrada.

-Luana –Lían dejo el control remoto, se levantó del mueble, y corrió a abrazarla.

Lían alzo del suelo a Luana, ella lo abrazo por el cuello, mientras le sonreía. Luego de que la bajara, le repartió besos por toda la cara, para finalmente depositar un dulce beso en sus labios. Un brillo en sus ojos se hizo presente en ellos.

-vaya escena –hablo Evan. Elisabeth le dio un golpe en el brazo y lo llevo a rastras a la cocina.

Elisabeth empezó a preparar café, mientras Evan observaba sus movimientos.

-ayúdame a preparar unos sándwiches –busco el pan, mientras ella buscaba el jamón y el queso en el refrigerador.

-mmm, café –Lían entro a la cocina de la mano con Luana.

-al parecer se terminó el jamón, ¿puedes ir con Evan por jamón al supermercado? –se dirigió a Lían

-está bien –Evan asintió.

-y también queso –Elisabeth les dio algo de dinero y salieron.

Luana se sentó en la pequeña mesa de la cocina, Elisabeth dejo a un lado la cafetera y se sentó junto a ella.

-Lían está más radiante que antes.

- ¿mmm? –Elisabeth la miro confundida.

-desde que ustedes volvieron a estar juntos, lo veo más feliz.

-todos hacemos parte de esa felicidad –Elisabeth suspiro –gracias por estar aquí.

Evan y Lían volvieron jugando como dos niños pequeños. Entre los cuatro prepararon los sándwiches, para luego sentarse en la sala a ver una película.



Anonima

Editado: 18.02.2020

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