La pasión del pirata

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Capítulo 2- el duo desastroso

Dos de los mugrientos criminales, Bonifacio y Porfirio, recorrían la calle principal de la ciudad.

Sus compañeros ya habían saqueado toda la zona y ellos apenas habían conseguido nada.

—Nos van a cortar el cuello— susurró Porfírio esquivando a un niño que intentaba huir.

—UUUAAGAGAU— respondió Bonifacio cabizbajo.

-—¿Pero dónde vamos a conseguir oro si no es aquí? —interrogó Porfírio— Si eso podemos quitarle un poco de sus ahorros a Remy... Seguro que no se percata de ello.

—AUNMAUAGU— respondió Bonifacio mientras señalaba a un edificio.

La mirada de Porfirio recorrió su brazo hasta comprender hacia dónde señalaba.

A lo lejos, una torre de una casa burguesa, elevada en un monte, se asomaba entre los árboles. 
Una vela, había sido dejada en un ventanal lo suficientemente grande como para caber por él y sacar un buen botín.

¿Sería la casa de algún noble? Seguro.

Porfirio agarró a Bonifació del cuello de la camisa y emprendieron torpemente su camino hacia el monte.

 

************************************
Anthia dormía como el angel que era. Sus ojos azules ocultos bajo sus párpados y su cabeza descansando sobre su gran almohada. 

Un hermoso silencio solo interrumpido por pequeños suspiros de la joven...
Hasta que una cuerda con gancho se agarró al ventanal de su cuarto. 
El crujido incesante de la cuerda parecía acercarse paulatinamente.

Ella permanecía inmóvil y ajena de tal situación.

Dos gólpes interrumpieron la calma.  Porfirio y Bonifacio habían entrado en la sala. Miraron a su alrededor y vieron a Anthia dormida vestida de un fina seda blanca. La observaron un momento. Sus labios eran carnosos y su pelo era castaño con una ondulación perfecta. Estában hipnotizados. 
Tocarón su piel temblorosos. Claro que nuestra querida joven no lo percibió, ni tampoco se dio cuenta de nada hasta que no se encontraba dentro de un saco.

Todo estaba oscuro a excepción de unas pequeñas rayas de luz tenues ocasionadas por las malas costuras del saco. Anthia intentaba gritar pero no podía, un gran nudo en la garganta le impedía decir palabra.
Sus manos como palomas revueltas buscaban una salida y sus pies pataleaban la tela intentando romperla.

¿Que iría a hacer? Su padre la salvaría. Muchos guardias paseaban por el pueblo desde que ella llegó. No iba a ser secuestrada así de fácil. Su padre empezaría grandes guerras por ella y no permitiría tal trato a su heredera.

Una aunténtica dama debía mantener la calma pero algo le decía que sería mejor intentar obstaculizar a su enemigo. 

Pataleó cada vez más fuerte hasta que alguien solto un doloroso grito.



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: fantasia pirata

Editado: 08.06.2018

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