La pasión del pirata

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Capítulo 5- Su verdadera cara.

Anthia quedó estupefacta ante tal respuesta. Esperaba de todo menos eso. Ella quería creer que era un hombre mejor que los otros. En cierto sentido le agradaba más que los demás pero, ¿sería posible que fuese peor?

—No tienes ni idea de lo que te espera pequeña ilusa— comentó fingiendo pena.

—¿A sí? ¿Que me espera?

—Shhh ,criatura, no adelantes los acontecimientos— dijo aburrido de las respuestas de Anthia — ¿que opinas de los otros hombres?

La voz de Jakar ya no era tan cálida como antes, una gelidez había inundado la habitación.
Ya no vagaba por la habitación sino que la observaba con todo detalle. Una guerra de miradas frías incesante. 

—Los demás... ¡Son unos hombres malolientes! Parecen salidos de los infiernos. Son maleducados y malvados ¡Solo quieren oro!¿Quieres que siga?— desafió Anthia

—Te olvidas de algo muy importante... Cuando te entregaron estaban muertos de miedo... Ah claro, estabas noqueada...

—Y encima brutos— interumpió

—¡Escucha!—dijo molesto— ¿sabes que te podrían hacer esos hombres? 

No dijo palabra. El tono de el capitán la inquietaba y cada vez estaba más cerca suya. Empezaba a perder todo posible cariño hacia él. Empezo a asquearle todo sobre el. La cara que antes veía normal, ahora la comparaba con un pajarraco con cara de cochino y nariz de tucán.

—Si fuera por esos hombres ese vestido de seda estaría en el fondo del mar y tu estarías en sus camas—dijo tranquilo.

Anthia imaginó lo horroroso que sería eso. No quería que eso pasara. ¡Ella era una dama! No era un trato digno para ella... O si lo era...

—Creo que no te gusta esa idea ¿verdad? Piensa un momento. Si son tan "malignos seres de los infiernos" ¿Porqué me tienen miedo a mi?

Pavor llenó la mente de la joven. ¿Que estaba insinuando? No paraba de jugar con ella. La había hecho sentir un poco segura haciéndole preguntas corrientes y riéndose pero ahora solo veneno salía de su boca.

—Verás preciosa, estás en la cama del más temido de este mar y tengo esa fama por una razón— dijo mientras obligó a que se tumbase.

Ella intentó escapar pero no podía.

—¿Te han dicho alguna vez lo hermosa que eres? No te ilusiones. No me tienes hechizado ni voy a liberarte porque me "hayas robado el corazón" ¡Ja! Veras... El problema para ti de que seas tremendamente atractiva es que vas a estar muy ocupada.

Jakar cogió los brazos de la joven y las aguantó contra las sábanas impidiendo que se pudiese mover. 
Contempló el blanco cuello de la joven que relucía con la luz de las velas y no pudo soportar la tentación de mordisquearlo.

—Porfavor... No...— rogó Anthia en vano.

El Capitán cogió un cuchillo cercano y cortó cualquier tela que impidiese su cometido. Saboreó sus carnosos labios temblantes y acarició su piel como si de seda se tratase. 

Lágrimas inundaban las mejillas de la muchacha que nunca había estado tan cerca de un hombre. 
Repugnada por cada tacto y cada beso que postraba en ella, quería vomitar. No podía hacer nada, estaba atrapada para lo que parecía ser siempre.

—Deja de lloriquear... Ahora me toca a mi disfrutar— exigió— ahora no eres más que un simple juguetito que alomejor utilizo. Pero claro, los niños se aburren de los juguetes, sino sirven los tiran—dijo trazando una línea imaginaria en su cuello con el cuchillo.

No tenía opción. Empezó a besuquear su cuello y a acariciar su pelo con asco. Aveces mordía el cuello que hacía al capitán gruñir felizmente. Acariciaba su espalda y soplaba en su oído haciendole temblar. Sin aviso, Anthia mordió más fuerte de lo debido y una bofetada la lazó al otro rincón de la cama.

—¡Estúpida! Primero no te sometes a mi jueguecillo spicológico y ahora no obedeces mis órdenes— gritó frustrado.

—Lo siento...— murmuró con odio.

—No te he dicho todavía lo que opino de tí— rió llevándose las manos a la cabeza.

El Capitán estaba loco. De estar amenazándola, a reirse sin un motivo aparente. 
Esto solo la confundía. Ya no sabía que hacer.

—Verás, señora de las flores. Eres una niña mimada que no ha tenido ningún problema en su vida. Una egocéntrica con montañas de oro para ti sola. Seguro que siempre llevabas hermosos vestidos de satín e ibas a maravillosos bailes con apuestos duques. Miles de sirvientes vivían por y para ti como esclavos. ¿Sabes qué? Ahora tu eres la esclava—

Parecía que Jakar sufría al decir esas palabras. No por pena hacia la joven sino más bien por celos. 

Desgraciadamente todo era cierto pero faltaban cosas de ella que él no tenía ni idea.
La inteligencia de la chica siempre había sobresalido. 

Maquinaba mejor que los generales en guerra si quería conseguir algo.
Su padre siempre le decía que era la más lista del reino. 
Sí, estaba mimada pero porqué así lo quiso ella. Más tampoco pedía mucho como otras damas.
Tan solo quería vivir aventuras. Ahora no quería vivir una aventura, simple y llanamente quería vivir.



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: fantasia pirata

Editado: 08.06.2018

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