La pasión del pirata

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Capítulo 6- La búsqueda

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La noche había cesado y todo el pueblo se encontraba escarbando dinero y comida. 

Ella observó como su casa tenía un nuevo tragalúz y las cenizas que seguían cayendo de ella.

Todavía podía recordar como su marido ardía y gritaba intentando apagar el fuego. 
Lo consiguió, logró salvar parte de la casa y dejarla viuda.

¿Debería ir a trabajar? La casa del monte no fue afectada por el fuego y otras críadas dijeron refugiarse allí en el ataque y vivieron para contarlo. 

Debía ir, tenía que asegurarse de que seguía teniendo el puesto y de que seguía trabajando allí. 
De paso, podía pedir más sueldo para remediar de alguna forma la muerte de su marido.

Marchó hacia la casa. Siempre le había gustado sus grandes columnas y su tonalidad blanco puro. Al entar observó como la alfombra seguía igual de roja que siempre y los guardias paseaban por la casa.

Se dirigió hacia la habitación de la dama. Necesitaba hablar con ella, seguro que deseaba conocer que había pasado en el pueblo. En cierto sentido se habían hecho amigas mensajeras. Se intercambiaban historias de los distintos lugares en los que habían estado y disfrutaban cualquier celebración o sufrían cualquier penurria de solo escucharla.

Se acercó a la puerta y como siempre estaban dos guardias a sus lados.

—Necesito entrar a hablar con ella— dijo tímidamente.

—Está durmiendo, no ha desayunado todavía—dijo el de la derecha

—Creo que es conveniente que hable con ella, no vaya a ser que piense que vosotros fuistes los que armasteis tanto jaleo anoche y os caiga una reprimenda—amenazó la criada

—Estefanía tan encantadora como siempre—dijo el de la izquierda dejándole paso.

Entró en la habitación y con prisa volvió a cerrar la puerta.

— My lady, le tengo que contar una estruendosa noticia ayer en el pue...- pausó al darse cuenta de que nadie la escuchaba.

La habitación estaba vacía, en la moqueta había huellas pisadas dejadas por barro en los zapatos y la ventana estaba abierta de par en par.

—¡Guardias! ¡guardias! Llamad al Lord, ¡Anthia a desaparecido!

La criada se desmayó encima de la cama de la dama. Todo era demasiado para su débil cuerpo.

Al otro lado de la casa el Lord desayunaba con sus hijas cuando dos guardias le contaron la noticia.

—¿¡Anthia no esta!?—gritó desesperado.

—Sí señor Lancel— respondieron los dos

—Retiraos—ordenó nervioso.

Los dos hombres salieron de la habitación. Cintia, la mayor de las hijas reía como si un bufón hubiese entrado en la habitación.

—Calla Cintia, esto es grave. Penélope, ve a buscarme papel— pidió el señor lancel.

Penélope salió de la sala velozmente en busca de lo que su padre le había pedido.

—Lo siento padre, solo me parecía gracioso imaginar una vida sin ella- dijo cabizbaja

—No seas prepotente, tenemos que enviar una flota para vengar al pueblo de los piratas y buscarla. Es muy posible que esos delincuentes se la hayan llevado—dijo estresado mientras buscaba tinta.

—Debemos hacer nada...

—¿Quieres perder la cabeza?

—No, la verdad, es que no— dijo aburrida de las advertencias de su padre.

—Pues hazme caso. Tu no tienes por qué preocuparte de ello de todas formas... Tienes otras cosas en las que centrarte.

—¿Cómo que?

Penélope entró en la habitación dejó el papel y volvió a irse dejándoles solos otra vez.

—¿Ves?, Ella es buena dama. No opina sobre asuntos que no le incumben. Pronto le buscaremos marido- dijo mientras humedecía la pluma en la tinta negra.

—Ya bueno, pero responda a mi pregunta, padre.

—Como buscar un marido apropriado para ti. Bueno, en realidad, ya lo he encontrado.

-—¿Quién es? ¿Un principe?— preguntó soñadora.

—Un lord de una isla un poco más grande que la nuestra y con más dinero. En breves días cogerás un barco y emprenderás el viaje a tu nuevo hogar.

La cara de Cintia enrojeció de la rabia. Tal furia se apoderó de su cuerpo que sus manos dejaron caer por "accidente" su vaso.

— ¡Un lord solo! Sabes perfectamente que merezco más.

—Insensata, Ningún príncipe se querría casar contigo, hija mia. No tenemos gran poder, solo un título gracias a nuestra aportación en la guerra, eso es todo.

Cintia, sabía que su padre tenía razón pero eso no impedió que su rabieta continuase hasta que el sol se pusiese y la reina de la noche pidiera paz.

 



G. Ariadna Johnson

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En el texto hay: fantasia pirata

Editado: 08.06.2018

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